TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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¿CUANDO SE PERDIO TUMBES?
Antes de la llegada de los conquistadores Tumbes fue una avanzada incásica en el golfo de Guayaquil, entonces dominado por los aguerridos punaes. En 1531 Pizarro desembarcó en Tumbes sin mayores sobresaltos y se hizo conducir a Cajamarca donde apresó al Inca Atahualpa en 1532. Chili Masa, Cacique de Tumbes, permitió la fundación de San Miguel de Piura, primer poblado español que existió en estas regiones, y fue asentado en el sitio de Tangarara. En 1534 dicho Cacique brindó su hospitalidad a Benalcázar y lo ayudó en su ascenso a la cordillera, para combatir a Rumiñahui.

Con posterioridad a la conquista, Tumbes perdió importancia convirtiéndose en un pueblecito costero, utilizado como caleta de pescadores y punto de aguada -para aprovisionamiento de agua de las embarcaciones que hacían la ruta Guayaquil - El Callao. En el siglo XVIII los jesuitas adquirieron grandes extensiones de tierra en esas zonas y formaron las haciendas «Salinas» y «Zarumilla» -ubicadas en la jurisdicción de Piura, términos del pueblo de Tumpis. Al producirse su expulsión de América en 1767, esas propiedades pasaron a ser administradas por la Junta de Temporalidades que funcionaba en Quito, y Tumbes fue incorporado al territorio de la Audiencia. El 8 de Julio de 1788 la Junta vendió ambas haciendas al capitán Miguel de Olmedo y Troyano, comerciante malagueño avecindado en Guayaquil, en la cantidad de 2.666 pesos con 5 ½ reales. Olmedo pagó de contado los 666 pesos y 5 ½ reales y quedó debiendo los 2.000 pesos restantes, con el compromiso de pagarlos en dos anualidades; pero no lo pudo hacer porque esas tierras no producían para la agricultura por ser estériles y estar formadas por manglares y salitrales. Las tierras se componían de 97.530,83 hectáreas donde estaban incorporadas las Salinas, tierras y sitios entre los ríos Cayancas y San Nicolás de Tumbes, que fueron donadas por el Rey de España en 1627 a Pedro Aguilar Campo y que sus descendientes entregaron a los padres jesuitas.

Y pasaron los años y murió el Cap. Olmedo, persistiendo la deuda como crédito contra su testamentaría. Así lo reconocieron en 1813 sus hijos José Joaquín y Magdalena. Para 1825 aún seguía el crédito pendiente, constando en la Tesorería de la Nación que funcionaba en Bogotá y como Olmedo no había recibido sus sueldos de diplomático de la Gran Colombia en Londres, Bolívar ordenó una condonación del crédito por los sueldos. El 1° de Diciembre de 1825, ya libre de trabas y gravámenes, Olmedo vendió ambas haciendas a José Noblecilla Romero natural de Arequipa, con todos sus derechos y acciones y demás sitios en 8.000 pesos, con los siguientes linderos: Por el Norte el Océano Pacífico desde el Estero de la Ramada hasta el río Cayancas hasta el Cerro Cóndor. Al Este el río Zarumilla en toda su extensión y desarrollo hasta la vertiente del Zaruma y al Oeste y al Suroeste las pequeñas propiedades ribereñas comprendidas entre la quebrada de Ceibal o de Las Vacas hasta el Estero de la Ramada. El comprador se trasladó a la zona con gente de su absoluta confianza -toda peruana- y emprendió en trabajos de agricultura y ganadería. Allí comenzó la peruanización de Tumbes y sus contornos. En 1865 el general Guillermo Franco Herrera vivía exilado en Tumbes, que ya era territorio peruano, En 1910 Tumbes era zona de disputa fronteriza entre el Ecuador y el Perú. Ese año nuestro grito fue «Tumbes, Marañon o la guerra»; sin embargo, nada se podía hacer, pues hacía casi cien años que habíamos perdido la posesión.

En 1915, el general Leonidas Plaza reconoció esta realidad y otorgó el nombramiento de Cónsul General del Ecuador en Tumbes a favor del periodista Clotario Paz, quien desempeñó dichas funciones por algunos meses. Aún se conserva el diploma del nombramiento en poder de su hijo el Cap. Jorge Paz Reese, quien habita en la hacienda Zaragoza, kilómetro 12 del carretero a la Costa, donde puede apreciarse tan histórico documento.

Para 1941 nos invadió el Perú mediante una ofensiva armada que salió de Tumbes y en 1942 el Ecuador reconoció oficialmente la soberanía peruana sobre esa región. Habíamos perdido definitivamente «los términos de Tumbes».