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EL CANCILLER
PERUANO ERA QUITEÑO
Manuel Ortiz de Ceballos, natural
de Quito, era Canciller de Perú; pero, aún
a pesar de ello, en lugar de ayudarnos, se mostró
hosco y altanero, contestando que no solo que no retiraría
a Cavero sino que lo reconocía NUEVAMENTE Ministro
Plenipotenciario en Quito y se agravó la situación.
(1).
Por otra parte el General Robles, considerando que
las relaciones estaban rotas, el 24 de agosto de 1858
solicitó, al Consejo de Gobierno, las Facultades
Extraordinarias indispensables para afrontar tan difícil
trance. El Congreso Nacional se reunió en Quito
el 28 de septiembre y en sesión del 12 de octubre
ratificó dicha concesión; pero, el 27,
el Senador Gabriel García Moreno envió
al Canónigo de la Catedral de Cuenca, Presbítero
Arévalo, con un recado para el Senador Pedro
Moncayo, citándole a una conversación
secreta ese día. El ilustre repúblico
le contestó que como los asuntos a tratar eran
de carácter público, la charla también
debía ser pública, pero que de todas
maneras si presentaba cualquier proyecto en la Cámara
que lo consideraba justo, lo apoyaría sin condiciones.
(1) Ortiz de Ceballos ara abogado, estaba casado con
Josefa Tagle y Bracho, viuda del Marqués da
Torre-Tagle, y tenía muchos años afincado
en Lima.
GARCIA MORENO SE EQUIVOCA
El entonces Senador García
Moreno estaba desde 1851 en oposición al General
Urbina y sus amigos por el asunto de la expulsión
de los jesuitas. En la sesión de Diputados
de ese día parose frente a todos y denunció
que Urbina y Robles estaban comprometidos en negociados
cuya finalidad era entregar las islas Galápagos
en prenda o hipoteca a ciertos prestamistas extranjeros
que estaban en Guayaquil y que las Facultades Extraordinarias
solicitadas permitirían al gobierno el traslado
de la capital de Quito a Guayaquil, para efectos de
suscribir dicho contrato. Eso era falso, pero causó
la conmoción que era de esperarse. Todos callaron
dudosos y Moncayo cayó en la patraña
y se levantó, apoyándolo. García
Moreno salió de su curul y atravesando el salón
de sesiones le dio la mano y dijo: "Siempre he
tenido a usted por hombre de bien y quiero rendirle
en público este homenaje". “Buen
golpe, pues consiguió la amistad de Moncayo
que antes no le tomaba en cuenta.
Luego, volvió al ataque y pidió que
se revocaran las Facultades Extraordinarias porque
las noticias llegadas del Perú confirmaban
que no había peligro. El pobre iluso no sabía
por 1a lentitud propia de esos tiempos, que seis días
antes, esto es, el 21 de octubre de 1858, el Presidente
del Perú Mariscal Ramón Castilla había
ordenado el bloque militar del golfo de Guayaquil
en franca declaración de guerra al Ecuador.
EL GOBIERNO DE ROBLES
EN APUROS
Sabedor Robles de los sucesos ocurridos
en el Congreso, convocó una reunión
de amigos: los Generales Gabriel y José María
Urbina Viteri, doctor Marco Espinel, doctor Manuel
Bustamante y dos Senadores, uno de ellos Moncayo.
El primero que tomó la palabra fue José
María Urbina: "Está Ecuador en
peligro. Perú acecha nuestros movimientos y
trata de invadimos y bloquear Guayaquil. Usted debe
ir a Bolivia, para provocar una alianza con esa república
y usted —directamente a Moncayo— debe
ir a Chile, a pedir la mediación con ese gobierno
a fin de evitar una escandalosa guerra entre dos repúblicas
hermanas.
Luego, siguiendo con la lectura de Moncayo, éste
cuenta que contestó a Urbina: "Si los
dos senadores viajamos al exterior, el Congreso se
queda sin quorum y usted con las facultades extraordinarias.
Yo no me prestaré a semejante broma".
Y se terminó la reunión.
INTERVIENE EL JOVEN
CAMILO PONCE
El Ministro de Relaciones Exteriores
General Antonio José Mata Viteri, en quien
habían recaído las Facultades Extraordinarias,
al ver que el Congreso las revocaba, presentó
su renuncia, quedando el portafolio en acefalía.
Entonces se lo ofrecieron al doctor Marco Espinel
que no lo aceptó y en esas circunstancias llegó
a Quito la noticia de que la fragata "Amazonas",
comandada por el Almirante Ignacio Mariátegui,
de la armada peruana, había bloqueado el Golfo
de Guayaquil, a pesar de los esfuerzos desplegados
por el Gobernador Francisco Boloña y Roca en
impedirlo.
El Oficial Mayor de la Cancillería Camilo Ponce
Ortiz, pariente del Ministro de Relaciones Exteriores
peruano, anunció al Congreso la noticia y lo
hizo con elocuencia y mucho énfasis, sin conseguir
que los Honorables representantes cambiaran de opinión.
Moncayo se burló de él porque Urbina
lo abrazó y felicitó diciéndole:
"Camilo: tú eres un gran orador, serás
más tarde el Mirabeau ecuatoriano", y
ambos —Urbina y Ponce— salieron en medio
de los miembros del Congreso, llevándose detrás
a tres senadores y cinco diputados, dejando a las
Cámaras sin quorum. Esto ocurrió el
5 de noviembre de 1858 y al día siguiente,
el último de sesiones, no pudo reinstalarse
tan selecto cónclave, el gobierno vetó
la reconsideración aprobada en las Cámaras
y siguió utilizando las Facultades Extraordinarias.
LOS QUITEÑOS
PROTESTAN POR EL TRASLADO DE LA CAPITAL
Robles y Urbina bajaron a Guayaquil
a hacer frente a los graves acontecimientos y el Vice
Presidente Jerónimo Carrión y Palacios
asumió el poder en ausencia del titular, disponiéndose
el traslado de la capital a Loja, Cuenca o Riobamba,
según fuere más conveniente para el
país. Entonces el Cabildo quiteño protestó
por este hecho y dos de sus Regidores, los doctores
Pablo Herrera y Mariano Mestanza, fueron apresados,
pero fugaron en el camino; no así el senador
Pedro Moncayo, quien viajó desterrado a Lima
donde encontró a García Moreno; mas,
una noche, Moncayo y García Moreno fueron llamados
por Castilla en secreto y llevados por varias antesalas
hasta una cámara disimulada y entre generosos
buches de buen vino el Mariscal les reveló
su corazón, anunciando grandes acontecimientos
para el futuro (la conquista del Ecuador) porque estaba
preparando una expedición cuantiosa. Todo ello
movió al entusiasmo de García Moreno
que secundaba en todo, los planes del dictador peruano;
pero, Moncayo, guardó silencio. Y a la salida
discutieron. No se vieron más en la vida, cada
cual tomó un camino diferente.
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