TOMO II
 
 
 TOMO I
TOMO III
TOMO IV
     


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LAS CIRCUNSTANCIAS DEL CRIMEN
Del informe pericial pudo establecerse lo siguiente: Que dos individuos se apostaron con mucha comodidad como a doce varas de la subida a la casa de hacienda, esperando pacientemente a la víctima. Que para cubrir sus figuras habían unido varias ramas y arbustos, usando una escopeta de proyectiles. La bala asesina —porque sólo hubo un disparo— le penetró en el abdomen, seccionando la arteria epigástrica y provocando una muerte de contado por derrame interno de sangre, yendo a incrustrarse en alguna de las llamadas vértebras lumbares. Uno de los asesinos no usaba zapatos.

Datos tan escuetos no revelaron absolutamente nada sobre la identidad de los criminales; pero poco después otras señas particulares ampliaron el panorama. Piedrahita había marchado a casa de la señora Felipa Castro después de despedir a los dos visitantes que lo habían acompañado a cenar, regresando sin saber que la muerte lo acechaba detrás de la empalizada, al lado del patio de su casa de hacienda.

La noticia fue conocida en Guayaquil al día siguiente muy por la mañana, causando una profunda impresión entre el vecindario que se agrupó en una sociedad llamada "De la Tumba" con el exclusivo propósito de descubrir y perseguir a los criminales. Presidente fue electo el notable médico doctor Federico Matheus y Capelo y Vicepresidente don José Domingo de Santistevan. Instaurado el Proceso se designó Fiscal al doctor Vicente Paz que a pesar de sus esfuerzos por llevar a cabo la misión, nada en claro pudo sacar, contentándose con publicar meses después un extenso extracto de los Méritos del Proceso.

LA SOCIEDAD DE LA TUMBA
El Gobernador del Guayas General José Sánchez Rubio prestó su apoyo como convenía, porque la mayor parte de los vecinos culpaban de la comisión del delito al General Ignacio de Veintemilla Jefe del Estado ecuatoriano, sindicándole como autor intelectual y afirmando tales suposiciones en que en las noches del 12, 13 y 17 de Junio se vio a varios individuos acercarse a la hacienda Potrerillo y registrar la casa en busca de Piedrahita, al que felizmente no encontraron por estar en Palestina, huyendo después de tales pesquisas. Pero estas suposiciones elucubradas al tenor del momento político en que el país se debatía, carecían absolutamente de fundamento, como lo dice el doctor Antonio Flores Jijón, a pesar de ser enemigo de Veintemilla, en su obra: "Para la Historia del Ecuador", páginas 141 y 142.

Dos años después, el 4 de Septiembre de 1880, los restos mortales del patricio asesinado fueron trasladados de Daule a Guayaquil para recibir cristiana sepultura en la Iglesia Catedral, junto a los Obispos de la Diócesis y otros hombres preclaros. En tal ocasión el Canónigo Magistral José María de Santistevan Plaza pronunció una sentida oración fúnebre. Posteriormente su cadáver regresó a Daule donde aún debe descansar bajo el altar de la Iglesia.

LA VERDAD ACERCA DEL CRIMEN
Desde esa fecha a la presente mucho se ha comentado sobre el crimen, pero las hipótesis se han ido descartando una por una quedando al fin la última, expuesta con numerosas pruebas por autores capitalinos neo conservadores que quieren hacer de Piedrahita un héroe de la derecha ecuatoriana, sin tener los peros que se le achacan a García Moreno. Apoyado por ese aire de virilidad que sabía imprimir en todos sus actos el discutido Piedrahita, a quien, dicho sea de paso, sólo se le conocieron dos novias en vida: la bella Carmen Concha, soltera, con quien sostuvo un amor platónico y en verso, y Mercedes Gómez de la Torre, dulcinea de sus años mozos de estudiante en Quito.

Parece que Piedrahita sostenía relaciones íntimas con una bella señora, esposa de Eduardo Illingworth, uno de sus misteriosos visitantes y esto produjo la justa cólera del marido engañado que tomó venganza de quien tan malamente abusaba de la amistad. Esto motivaría la atenta visita de la tarde para darse cuenta del teatro de los acontecimientos y luego pudo haber regresado de noche.

Después, ya en pleno proceso, entra a la palestra una enigmática figura internacional la del dizque militar español Vicente Casanova, avecinado en Guayaquil por la época del crimen y a quien se le dejó de ver los dos días anteriores al hecho. Juan Montalvo lo sindica de haber sido el causante del doble atentado que él sufriera en Ipiales y de los que escapó ileso en forma casi milagrosa.

AVE NOCTURNA Y ESCURRIDIZA
Parece que hacia 1875 llegó Casanova a Guayaquil procedente de Cuba, de donde había tenido que emigrar por sus ideas abiertamente sospechosas para las autoridades peninsulares de la isla. Sobre su verdadero nombre nada se sabe, únicamente que utilizaba el de Vicente Casanova en Guayaquil, habiéndose alojado primeramente en casa del señor Manuel de Lozada Plisé que le dio su apoyo en forma por demás caritativa. Estaba pobrísimo y casi desnudo. Por las noches salía a la calle a pasear y sus primeros amigos fueron dos trasnochadores más llamados Ignacio de Veintemilla y Pedro Jaramillo, con quienes hizo buenas migas. Por Enero de 1879 todavía estaba en el puerto como uno de los acusados en el crímen de Piedrahita, poco después salió furtivamente con dirección a Centroamérica donde lo encontró el señor Gómez Sierra, que dio aviso del hecho. Es la última noticia que se tiene del español, ya por esa época había cambiado el apellido Casanova haciéndose llamar David Piedra. ¡Qué rico tipo!.

¡Ah, me olvidaba!. Este Vicente Casanova o David Piedra —como se quiera— hizo fortuna de la noche a la mañana. En efecto, habitaba un entrepiso en la casa de la familia Maldonado y una negra vieja, criada de esa familia y curiosa como toda mujer, comprobó por las rendijas del piso de madera que el español sacaba de debajo de la cama un cajón lleno de monedas de oro y plata y las contaba con una enorme sonrisa. ¿El precio del crimen? Vaya uno a saberlo, que en este caso como en muchos más, la justicia no triunfó.

También se supo por averiguaciones del doctor Vicente Paz, que Casanova prestaba sus servicios personales a Illingworth, uno de los dos individuos que visitaron al doctor Piedrahita pocas horas antes de su muerte.

Y como este crímen quedó impune, vale que se deje en paz a sus actores, cerrando las pesadas puertas de la historia nacional.

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