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LAS
CIRCUNSTANCIAS DEL CRIMEN
Del informe pericial pudo establecerse
lo siguiente: Que dos individuos se apostaron con
mucha comodidad como a doce varas de la subida a la
casa de hacienda, esperando pacientemente a la víctima.
Que para cubrir sus figuras habían unido varias
ramas y arbustos, usando una escopeta de proyectiles.
La bala asesina —porque sólo hubo un
disparo— le penetró en el abdomen, seccionando
la arteria epigástrica y provocando una muerte
de contado por derrame interno de sangre, yendo a
incrustrarse en alguna de las llamadas vértebras
lumbares. Uno de los asesinos no usaba zapatos.
Datos tan escuetos no revelaron absolutamente nada
sobre la identidad de los criminales; pero poco después
otras señas particulares ampliaron el panorama.
Piedrahita había marchado a casa de la señora
Felipa Castro después de despedir a los dos
visitantes que lo habían acompañado
a cenar, regresando sin saber que la muerte lo acechaba
detrás de la empalizada, al lado del patio
de su casa de hacienda.
La noticia fue conocida en Guayaquil al día
siguiente muy por la mañana, causando una profunda
impresión entre el vecindario que se agrupó
en una sociedad llamada "De la Tumba" con
el exclusivo propósito de descubrir y perseguir
a los criminales. Presidente fue electo el notable
médico doctor Federico Matheus y Capelo y Vicepresidente
don José Domingo de Santistevan. Instaurado
el Proceso se designó Fiscal al doctor Vicente
Paz que a pesar de sus esfuerzos por llevar a cabo
la misión, nada en claro pudo sacar, contentándose
con publicar meses después un extenso extracto
de los Méritos del Proceso.
LA SOCIEDAD DE LA TUMBA
El Gobernador del Guayas General José
Sánchez Rubio prestó su apoyo como convenía,
porque la mayor parte de los vecinos culpaban de la
comisión del delito al General Ignacio de Veintemilla
Jefe del Estado ecuatoriano, sindicándole como
autor intelectual y afirmando tales suposiciones en
que en las noches del 12, 13 y 17 de Junio se vio
a varios individuos acercarse a la hacienda Potrerillo
y registrar la casa en busca de Piedrahita, al que
felizmente no encontraron por estar en Palestina,
huyendo después de tales pesquisas. Pero estas
suposiciones elucubradas al tenor del momento político
en que el país se debatía, carecían
absolutamente de fundamento, como lo dice el doctor
Antonio Flores Jijón, a pesar de ser enemigo
de Veintemilla, en su obra: "Para la Historia
del Ecuador", páginas 141 y 142.
Dos años después, el 4 de Septiembre
de 1880, los restos mortales del patricio asesinado
fueron trasladados de Daule a Guayaquil para recibir
cristiana sepultura en la Iglesia Catedral, junto
a los Obispos de la Diócesis y otros hombres
preclaros. En tal ocasión el Canónigo
Magistral José María de Santistevan
Plaza pronunció una sentida oración
fúnebre. Posteriormente su cadáver regresó
a Daule donde aún debe descansar bajo el altar
de la Iglesia.
LA VERDAD ACERCA DEL
CRIMEN
Desde esa fecha a la presente mucho
se ha comentado sobre el crimen, pero las hipótesis
se han ido descartando una por una quedando al fin
la última, expuesta con numerosas pruebas por
autores capitalinos neo conservadores que quieren
hacer de Piedrahita un héroe de la derecha
ecuatoriana, sin tener los peros que se le achacan
a García Moreno. Apoyado por ese aire de virilidad
que sabía imprimir en todos sus actos el discutido
Piedrahita, a quien, dicho sea de paso, sólo
se le conocieron dos novias en vida: la bella Carmen
Concha, soltera, con quien sostuvo un amor platónico
y en verso, y Mercedes Gómez de la Torre, dulcinea
de sus años mozos de estudiante en Quito.
Parece que Piedrahita sostenía relaciones íntimas
con una bella señora, esposa de Eduardo Illingworth,
uno de sus misteriosos visitantes y esto produjo la
justa cólera del marido engañado que
tomó venganza de quien tan malamente abusaba
de la amistad. Esto motivaría la atenta visita
de la tarde para darse cuenta del teatro de los acontecimientos
y luego pudo haber regresado de noche.
Después, ya en pleno proceso, entra a la palestra
una enigmática figura internacional la del
dizque militar español Vicente Casanova, avecinado
en Guayaquil por la época del crimen y a quien
se le dejó de ver los dos días anteriores
al hecho. Juan Montalvo lo sindica de haber sido el
causante del doble atentado que él sufriera
en Ipiales y de los que escapó ileso en forma
casi milagrosa.
AVE NOCTURNA Y ESCURRIDIZA
Parece que hacia 1875 llegó
Casanova a Guayaquil procedente de Cuba, de donde
había tenido que emigrar por sus ideas abiertamente
sospechosas para las autoridades peninsulares de la
isla. Sobre su verdadero nombre nada se sabe, únicamente
que utilizaba el de Vicente Casanova en Guayaquil,
habiéndose alojado primeramente en casa del
señor Manuel de Lozada Plisé que le
dio su apoyo en forma por demás caritativa.
Estaba pobrísimo y casi desnudo. Por las noches
salía a la calle a pasear y sus primeros amigos
fueron dos trasnochadores más llamados Ignacio
de Veintemilla y Pedro Jaramillo, con quienes hizo
buenas migas. Por Enero de 1879 todavía estaba
en el puerto como uno de los acusados en el crímen
de Piedrahita, poco después salió furtivamente
con dirección a Centroamérica donde
lo encontró el señor Gómez Sierra,
que dio aviso del hecho. Es la última noticia
que se tiene del español, ya por esa época
había cambiado el apellido Casanova haciéndose
llamar David Piedra. ¡Qué rico tipo!.
¡Ah, me olvidaba!. Este Vicente Casanova o David
Piedra —como se quiera— hizo fortuna de
la noche a la mañana. En efecto, habitaba un
entrepiso en la casa de la familia Maldonado y una
negra vieja, criada de esa familia y curiosa como
toda mujer, comprobó por las rendijas del piso
de madera que el español sacaba de debajo de
la cama un cajón lleno de monedas de oro y
plata y las contaba con una enorme sonrisa. ¿El
precio del crimen? Vaya uno a saberlo, que en este
caso como en muchos más, la justicia no triunfó.
También se supo por averiguaciones del doctor
Vicente Paz, que Casanova prestaba sus servicios personales
a Illingworth, uno de los dos individuos que visitaron
al doctor Piedrahita pocas horas antes de su muerte.
Y como este crímen quedó impune, vale
que se deje en paz a sus actores, cerrando las pesadas
puertas de la historia nacional.
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