TOMO II
 
 
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TOMO III
TOMO IV
     


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ASESINADO POR MUCHO AMAR
Cuando el 6 de Agosto de 1875 murió Gabriel García Moreno los conservadores quedaron sin jefe que los dirigiera. De entre los seguidores del difunto mandatario ninguno tenía presencia para fungir de líder y heredar el naciente grupo "garciano o conservador". Allí, afligidos y medrosos los doctores Camilo Ponce Ortiz y Pablo Herrera, más airosos los Generales Vicente Lucio y Francisco Xavier Salazar, pero pronto un formidable motín callejero ocurrido en Quito, los inutilizó en política. El Vicepresidente doctor Francisco Xavier León enloqueció y fue a parar a un cuarto interior de su casa; en fin, no había un solo líder de entre la camarilla palaciega que sobreviviera políticamente al drama.

Por otra parte dos figuras se alzaban: la de Antonio Borrero y Cortázar y Vicente Piedrahita Carbo, abogados amigos de García Moreno, críticos de sus aciertos y errores e independientes en sus maneras de actuar, habían sufrido la ingratitud del difunto que no soportaba la crítica de nadie. Lamentablemente Piedrahita se encontraba en sus haciendas Palestina, Potrerillo y Anasqui, endeudado hasta las narices por su incapacidad para trabajar, los continuos viajes diplomáticos a Perú y Chile y su larga travesía por países mediterráneos y orientales hasta llegar a Tierra Santa, que le habían proporcionado muchas satisfacciones dejándole sin un "cobre" y sin tener qué decirle a su madre doña Juan Carbo que le miraba con el ceño fruncido de coraje por su mala cabeza para dirigir los negocios agrícolas. En fin de cuentas ella tenía toda la razón. ¿De dónde acá se le había metido entre ceja y ceja a su hijo Vicentito ser hombre público y nada más que eso? ¿Acaso los estudios de jurisprudencia que había realizado con tanto lucimiengo en la capital le habían privado del sentido común?.

El otro conservador independiente era Borrero y (como últimamente se había llevado muy mal con García Moreno pudo captar el apoyo de conservadores y liberales, saliendo electo Presidente Constitucional de la República en oposición a la candidatura abiertamente liberal del doctor Francisco Xavier Aguirre Abad que no prosperó.

¿Quién creyera! La falta de dinero influyó en Piedrahita para que no terciara en la contienda y de haberlo hecho, todo indicaba que el triunfo hubiera sido suyo, puesto que era más conocido que Borrero debido a sus múltiples actividades en el campo de la diplomacia donde se había iniciado 15 años antes, en 1860, como Secretario del General Guillermo Franco Herrera, Jefe Supremo de Guayaquil y Azuay.

En aquellas circunstancias Piedrahita se pasó al bando contrario, el de García Moreno, unos dicen que por su antiurbinismo (1) y otros —los más— aseguran que lo hizo por un fuerte altercado sostenido con Franco y originado en un enredo político que promovió el General Guillermo Bodero Franco que, a la postre, lo reemplazó en el desempeño de la Secretaría, quedando dueño del cargo merced a este ardid.

En fin, sea de cualquier forma, Piedrahita supo separarse a tiempo, se fue a Lima, regresó a Quito como agente de Flores y se unió al ejército. El 24 de Septiembre, fue de los que atravesó el salado en las primeras horas de la mañana, dando una lección de valentía a la gente de su tropa que le siguió optimista y decidida.

CONSPIRABAN UTILIZANDO SU NOMBRE
Y aún retirado a la vida privada el genio de Piedrahita se proyectó sobre la política nacional en 1878 en forma por demás interesante. Borrero

fue derrotado por la revolución al año de gobierno y sufrió prisión en Quito,

(1) Urbina destituyó de la presidencia de le República en 1852 a don Diego Noboa Arteta, tío abuelo y tío político de Piedrahita y como García Moreno era enemigo acérrimo da Urbina, Piedrahita, por tal motivo, simpatizaba con él.

Acompañado de su hermano Ramón. El nuevo jefe de la nación era el General Ignacio de Veintemilla. En cuanto Piedrahita, conservador y beatífico, tan católico y serio, tenía fama de ser un don Juan de subidos kilates, especializado enamorar señoras casadas de toda condición social, porque en nada paraba este seductor, todo inteligencia, palabra fina, masculinidad y porte gentil.

Por esa época ya los liberales trataban de librarse de Veintemilla que había resultado ser un clavo duro de torcer. En Panamá Alfaro pensaba utilizar el prestigio político de Piedrahita para sacar adelante la revolución y esto parece que se supo en las altas esferas de la capital, llegando hasta los oídos del Dictador, que tomó las medidas del caso, haciendo apresar a Don Eloy cuando acababa de llegar a Guayaquil y antes que pudiera completar los detalles del cuartelazo.

Por estas razones el inocente Piedrahita pasó a ser considerado sujeto de peligro para el régimen, aunque vivía como simple agricultor en sus propiedades rurales de Daule, Balzar. Santa Lucía y Colimes.

LOS DOS VISITANTES MISTERIOSOS
El día 4 de Septiembre de 1878, fecha del crimen, Piedrahita fue visitado por la tarde, en su hacienda Palestina, de Santa Lucía, por dos individuos que llegaron en una canoa procedente de Daule. Ellos eran Eduardo lllingworth y Manuel Cabrera Mendieta, después se dijo que el encuentro de ambos fue casual; en mitad del camino lllingworth fue requerido por Cabrera para que lo llevara en su canoa hasta donde estaba Piedrahita porque tenía que tratar con él un asunto profesional de importancia. Recordemos que Piedrahita era abogado y su especialidad consistía en defender acusados en juicios penales, donde hacía gala de su cultura y conocimientos jurídicos, utilizando al mismo tiempo su potente voz y viril apostura. ¡Era todo un campeón en el arte de Papiniano al decir de sus congéneres!.

Illingworth cayó de visita para invitarlo a que pasara unos días en Chonana finca de sus parientes los Illingworth Décima-Villa, en las riberas del Daule y todos juntos cenaron después que Piedrahita los atendió por separado. Illingworth oyó a Piedrahita decir que Cabrera era un insolente a quien tendría que enjuiciar porque durante los años que lo tuvo de administrador de su hacienda había cometido excesos sin cuento y en lugar de mostrarse humilde y arrepentido, cada día era más alzado y prepotente, haciendo alardes de sus riquezas mal habidas y reclamándole dineros provenientes de sueldos atrasados que Piedrahita se negaba a abonar. Con todo, la discusión no prosperó y los tres se sentaron a cenar tranquilamente, despidiéndose a continuación Illingworth y Cabrera con dirección a Colimes, donde tenía que estar el primero de los nombrados. Cabrera se sirvió acompañar al inglés hasta dejarlo en buen camino, separándose al punto. Dos horas después Piedrahita caía abatido de un balazo en el abdomen cuando se disponía a subir las gradas de la casa de hacienda.

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