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AL NAPO
CON TODOS...
(HASTA CON EMILIO CASTELAR)
El destierro a las regiones del Napo
era la máxima pena con que se castigaban a
los ecuatorianos durante la dictadura de García
Moreno, a no ser que de una vez se les matara aplicándoles
la pena capital de la que era tan partidario. Y así
transcurrían lentos y mortales los días
de la Patria y llegamos a 1870 ¡Año de
dominación férrea en donde se comienza
a aplicar la Carta Negra o constitución garciana!
La prensa yacía amordazada y nadie se atrevía
a levantar la voz. García Moreno mandaba con
una constitución hecha a su voluntad. En Guayaquil,
el joven escritor Eduardo Tama Salcedo redactaba "El
Rosicler", semanario político y social
de algún prestigio. En el No. 5 apareció
un artículo en que se discutía la infalibilidad
papal. ¡Basta y sobra! Inmediatamente García
Moreno lo leyó en Quito, montó en santa
indignación y envío una posta a Guayaquil
ordenando la prisión del alevoso escritor.
¡Al Napo con él, exclamó, en el
colmo de la ira!.
Llevado el asunto a los tribunales resultó
que sólo se trataba de una reproducción
tomada del fértil numen de Don Emilio Castelar,
ilustre español por mil títulos, al
que se respetaba y consideraba como escritor en todo
el mundo. Entonces el Juez Antonio Tamariz y García
declaró sin lugar la causa y todos rieron a
mandíbula batiente del dictador que pretendía
silenciar a una de las más autorizadas mentalidades
de la vieja Europa.
Pero la cosa no quedó allí. ¡Ah
eso no! Por algo el doctor García Moreno tenía
memoria de elefante y al año siguiente Eduardo
Tama Salcedo fue detenido y conducido a Quito por
escribir un opúsculo titulado "El Juramento
Político" en el semanario "El Diario".
LA SOCIEDAD LITERARIA
DE INSTRUCCION MUTUA
Dos años después, igualmente
en Guayaquil, se inició la publicación
de otro semanario; se trataba de "La Nueva Era"
órgano oficial de "La Sociedad Literaria
de Instrucción Mutua", dirigido por el
joven Federico Proaño Márquez, recién
llegado al puerto desde Cuenca, donde había
nacido 25 años antes.
La Sociedad funcionaba cotidianamente para deleite
de sus numerosos miembros, entre los que destacan
los liberales Rafael Caamaño, Migue! Valverde,
sus primos Femando y José Antonio Gómez,
Federico Pérez Antepara, Olegario Puga y el
Presidente de todos ellos. Ramón Pérez,
colombiano que escribía bien y bebía
mejor, bueno como la miel y adicto al alcohol, como
ya se ha dicho.
En las reuniones de la Sociedad se conversaba y discutía
de ciencia, arte y literatura. De vez en cuando se
hablaba de política y casi siempre alguien
recitaba, otro leía y alguno escribía,
vaciándose pomas de vinos, esencias y mistelas
que alegraban las charlas.
Una que otra conferencia nunca caía mal y en
ellas intervenían invitados numerosos intelectuales
de nota, como el Obispo Luis de Tola, el doctor Francisco
X. Aguirre y el perínclito Vicente Piedrahita.
También se acostumbraba leer selecciones de
autores clásicos y románticos de la
vieja y nueva guardia, prefiriéndose a los
de moda. Entre los franceses a Lamartine y Chateaubriand,
de Italia a Manzoni, Lord Byron entre los ingleses
y Larra, Martínez de la Rosa. Espronceda, Saavedra,
Donoso Cortés y Castelar por España.
En el No. 54 del semanario de la Sociedad apareció
un artículo sin firma titulado "Correspondencia
Importante" que comentaba la triste situación
del Ecuador, abocado a una reelección presidencial
que nadie deseaba pero que inexorablemente se realizaría.
El opúsculo era veraz hasta la pared del frente,
mortífero como pocos y más claro y meridiano
que la luz del Sol. García Moreno quedaba muy
mal parado y él lo sabía, por lo que
inmediatamente ordenó al Gobernador del Guayas
Antonio José de Sucre y Lavayen, que apresara
al autor causante de tanto alboroto, que no se conocía
quien era puesto que el artículo no llevaba
firma alguna de responsabilidad.
LA VENGANZA DE LA DICTADURA
Proaño ya no figuraba al frente
de la redacción de "La Nueva Era",
se había separado voluntariamente dejando a
Miguel Valverde en reemplazo; pero, se decidió
escarmentar a ambos y el Gobernador los remitió
detenidos a los calabozos del Cuartel de Artillería.
Pasándolos después a los de la Cárcel
Pública donde, para castigarlos aún
más, se ordenó tapiar la única
ventana que permitía el paso de la luz a la
celda.
Fueron largas horas de agonía para los jóvenes
escritores que esperaban su juzgamiento. Horas propicias
para la desesperación y el ocio y que aprovecharon
en escribir obstinadamente. Proaño se inspiró
en la puerta de la celda y elaboró un magnífico
"Ensayo" en el que habla de cómo
una simple puerta puede separar a los seres, de cómo
crujen algunas, de las más famosas del mundo
y la historia, evocando las del cementerio, manicomio,
cárcel y hospicio. Eran los tiempos en que
la Cárcel Pública de Guayaquil servía
también de asilo para dementes y se veía
cada caso como para espeluznar al más cuerdo.
Ayes y gritos aterradores no era raro escuchar a media
noche provenientes de celdas vecinas donde yacían
entre la niebla de la locura más de un centenar
de infelices, que más que seres humanos parecían
fieras sacadas de la irrealidad.
¡Por fin! Al cabo de dos largos meses de prisión,
el Juez letrado los sentenció favorablemente
por falta de causa justificativa de la comisión
del delito político de sedición y ordenó
la libertad para ambos; pero el oficioso Gobernador
no aceptó la sentencia y recurrió al
doctor Esteban Febres-Cordero, Ministro Fiscal de
la Corte Superior del Distrito de Guayaquil, en procura
de alguna medida legal que favoreciera al régimen.
El Juez letrado renunció como protesta contra
el atropello y el Fiscal en su Vista, dictaminó
en los siguientes términos:
"El artículo periodístico materia
del enjuiciamiento solo contiene vanas declaraciones,
por lo mismo, insuficientes para constituir un delito
claro y definido como es el de sedición".
Nuevo fracaso para la dictadura. ¡Tal parecía
que no existía Juez o Ministro que apoyara
al régimen en la ciudad! El propio García
Moreno tomó cartas en el asunto y el 25 de
Noviembre de 1874 en comunicación dirigida
al Ministro del Interior le manifestó la conveniencia
de que los detenidos Proaño y Valverde fueren
remitidos a Quito para proceder a su justo castigo.
Ante esta orden perentoria e indiscutible que entrañaba
una doble injusticia porque se les declaraba culpables
de la comisión de un delito por el que habían
sido juzgados y sentenciados inocentes y porque se
los privaba de sus jueces naturales que eran los de
Guayaquil, el pobre Ministro sólo pudo obedecer
y callar y el 28 de Enero del año siguiente
los periodistas fueron remitidos a Quito; pues, el
Presidente, para dar visos de veracidad al saínete,
había visitado el Puerto con el fin de desbaratar
un complot que ha pasado a la historia con el nombre
de "Revolución Cuencana" por la supuesta
participación de los doctores Antonio Borrero
Cortázar, Rafael María Arízaga,
Antonio Moscoso y otros morlacos más y hasta
por algunos guayacos.
Llegados a Quito el 11 de Febrero tras muchas penalidades,
se les internó en el Cuartel de Policía,
incomunicados. Allí se acostumbraba "lavar
el cerebro" y el Jefe Jorge Villavicencio utilizó
con ellos el método indirecto para hacerlos
confesar. Se los mimó y hasta les contó
cosas y casos en contra del pícaro que escribió
el artículo origen de la situación para
sonsacarles su nombre y a la postre, en vista del
resultado negativo, se reportó desfavorablemente
al Palacio de Gobierno, donde no se hizo esperar la
condena a destierro perpetuo en el Perú por
vía del Napo.
SE CUMPLE EL DESTIERRO
Y allí fueron los escritores
Proaño y Valverde cuando sólo contaban
28 años de edad, eran unos jóvenes inexpertos
y hubieran fallecido como muchos otros compatriotas
a no ser por la providencial ayuda que les proporcionó
Manuel Jara; cuando, solos, hambrientos y en estado
preagónico los encontró ABANDONADOS
por el Jefe de la escolta que los conducía,
un criminal Capitán Rivadeneira.
Jara los llevó a su campamento y luego a Callaposa,
pasándolos después a Iquitos. De allí
siguieron a Lima demorando cuatro meses la travesía:
Proaño perdió 45 y Valverde 50 libras
y llegados a la ciudad Virreynal en tan mal estado,
la colonia ecuatoriana de desterrados realizó
una colecta e internóles en un hospital para
que se recuperaran del viajecito.
A los pocos meses moría asesinado el Dictador
y era elegido para sucederle el ilustrado Dr. Antonio
Borrero y Cortázar, nada menos que el autor
del malhadado artículo que costó a Proaño
y a Valverde tantas amarguras. ¿Compensaría
Borrero, en alguna forma, tanto sacrificio? ¿Pagaría
la valentía de los jóvenes que prefirieron
sufrir el destierro antes que revelar su nombre?.
¡Ah caro lector! Qué dirías si
te cuento que no y que para colmos, el buenazo de
Don Antonio tuvo la debilidad de dirigirse al doctor
Mariano Cueva en carta de 21 de Junio de 1876 indicándole
que: "HOMBRES INSIGNIFICANTES POR SU POSICIÓN
POLÍTICA Y SOCIAL COMO PROAÑO Y VALVERDE.....
etc.".
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