TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


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BAILE, COMIDA Y BEBIDA EN ABUNDANCIA
Se oye un leve rasgar de guitarra española y alguien canta un zapateado, con mucho de andaluz y criollo. No falta quien saque a bailar y la anfitriona ríe. ¡Su fiesta es todo un éxito!

Adentro las cocinas están llenas de criados y esclavos, muchos de ellos traídos desde lejos, para ayudar al servicio, que no se alcanza. Se han sacrificado dos reses de las que casi salvajes moran en las cercanías umbrosas de la floresta y en estos momentos se dan los toques finales para presentar las bandejas. En el comedor, grande y espacioso, se acomodan tres enormes mesas. Una está llena de frutas y confites, sin faltar las conservas preparadas con dos o tres meses de antelación. Otra tiene licores y mistelas así como un licor muy criollo y que hoy ya no se toma, llamado Ratafía . Hay vinos traídos de Panamá y Chile en barricas de cien litros. Mistelas caseras con alcohol potable y jugos de frutas tampoco faltan y todas son aromatizadas con los pétalos de flor de la msitela. Allí la de leche, que tiene que ser más cristalina que el agua para estar buena. La de anís, tan criolla como ninguna otra. La de menta, que es carita porque las hojas vienen de México.

Las de naranja, guineo y papaya son las más dulces y empalagosas y para los "viejitos" el infaltable rompope, es lo que hay para dar fuerza a los enfermos de debilidad. La receta, claro está, es un secreto de cada familia, pero todas se parecen entre si; lo que varia es la cantidad de huevos. Hay señoras que utilizan hasta diez en cada litro de aguardiente para que salga espesito y cogedor. (1)

(1) El rompope de la familia Ycaza solo era con 6 huevos por cada litro de alcohol pero en cambio se cernía la mezcla 4 veces en algodones y se la cocinaba dos. Salía más rico que ninguno.— Nota del autor.

La última mesa contiene cosas de sal, criollas todas porque todavía no se conocen los secretos de los cocineros franceses e italianos. Hay empanadas, verdes, pintones, maduros, pan de yuca, muchines, carne de res, costillas, fritadas y arroz en tres o cuatro formas. Con azafrán si es rojito, con carne y achiote si es amarillo, con gallina si esta aguado y el mejor de todos, el blanco con salsa picante de chivo o borrego preparada con ají peruano para darle sabor. Cada cual se sirve las veces que quiere y allí nadie anda con meandros ni dietas. La mujer, mientras más gorda, más hermosa y el hombre si barrigudo mejor; es signo de distinción, clase y elegancia.

CHISTES Y MORESCAS POR LA FECHA
Los padres se divierten en grupo sin tomar en cuenta a los jóvenes que casi siempre están fuera en el patio o jardín, papando moscas. No hay malicia en el ambiente y raras son las violaciones o secuestros. Todo se hace delante de Dios y con el Cura de por medio. ¡Felices aquellos tiempos babiecos donde todo era Arcadia, buenas maneras y bonanza económica!. La moral se respetaba y la religión se imponía patriarcalmente.

Pero. ¿qué veo? allí al rincón hay una señora fumona que absorbe velozmente un tremendo cigarro de hojas de tabaco, lanzando sinnúmero de volutas que se deshacen al contacto con el aire. Parece que todos por igual practican este vicio. Los hombres con cigarrillos pequeños de tabaco negro y fuerte de las vegas del Daule. Ellas se atosigan con cigarros del porte de un guineo, confeccionados con tabaco rubio para señora y preparado con la mano y a lo mejor sobre una hermosa pierna.

El cigarro de muslo dicen que es el más sabroso. ¿Por qué será? Es usual que como galantería, una dama brinde su tabaco a un caballero, ¡Qué bello! Hasta los padrecitos mercedarios, agustinos y franciscanos se tientan con esto y caen en el vicio. ¡Nadie se asombra! ¿Acaso no tiene gusto?.

Los señores después de la cena forman corrillos y cuentan "cachos de Quevedo", riendo de buena gana. Las mistelas van al sexo débil pero el rompope es peleado por igual. Una gran copa de plata llena de delicioso vino tinto esta en cada mano y todos dicen salud por la anfitriona, que corre de un lado al otro, atendiendo y ordenando. No se da un minuto de descanso.

A las doce en punto suena la campana de la hacienda y todos se detienen en el patio. Una banda de violines traída de alguna hacienda cercana entona una canción triste para ablandar a la santa. Luego se cambia con violencia y las niñas y jovencitas bailan "morescas" a grandes pasos, con castañuelas y todos cantan acompañando. Algunos intrépidos mancebos saltan al ruedo y completan el grupo.

TEATRO Y BALLET INCIPIENTE
Estas "morescas" o bailes acompasados que tanto mencionan los cronistas coloniales, ¿serán acaso incipientes demostraciones de ballet? Quizás en estos bailes en grupo pueda encontrarse el origen del ballet ecuatoriano que hoy recién se esta creando con carácter montubio y folclórico. La verdad es que la "morescas" fueron conocidas en España, Italia y Francia desde el siglo XIII habiendo sido importadas por los moros de África. En Italia se bailaba por 1502 y hubo varias de estas representaciones en Roma con motivo del matrimonio de Lucrecia Borgia con Alfonso I de Este, heredero del Ducado de Ferrara.

En la costa y en plena colonia fue el único baile acompasado y de grupo que nuestros lejanos abuelos conocieron y si hemos de ser veraces estas "morescas" hoy perdidas y olvidadas en el folclore litoralense, debieron haber sido hermosas y excitantes, llenas del embrujo moro de la raza hispana.

Luego de tales demostraciones de danza se presentan dos entremeses, uno gracioso y otro serio, interpretados por los sacerdotes concurrentes. El primero llama; "El disgusto de Juan el Bobo" y su argumento no puede ser más simple. Se trata de un campesino representado por un franciscano con careta, que hace movimientos defectuosos y chuscos al caminar, recita dos o tres zonceras que llaman a risa y luego enseña a su familia que por coincidencia, repite las torpezas del padre con idénticos movimientos. Al final todos se dan ramalazos en la cabeza por una discusión baladí y luego que el publico ha reído a mas no poder, los improvisados actores atacan a la concurrencia con sorna, provocando un desbande en donde los vivos se aprovechan de las bobas que yacen caídas y las levantan. ¡Allí está la gracia! Este entremés gustaba mucho y la parte final se denominaba "mojiganga", quizá porque todos intervenían y se armaba un zipizape del demonio.

El segundo es una "loa triunfal" de carácter serio y en el interviene la erudición clásica del siglo XVIII con todo su abuso de términos culteranos.

Igualmente es presentada por sacerdotes, jesuitas quizá porque protagonizan un diálogo de Plauto o Terencio, autores los más conocidos entre los clásicos y termina con la aparición de varias jóvenes enmascaradas que simbolizaban La Dicha, La Fortuna, La Felicidad y La Religión, recitan un monologo por turno, de los más cursi, haciendo la exaltación o loa de la santa, que con esto se da por bien servida e invita a todos hacia adentro, porque el frío de la madrugada corta y acatarra y el programa ha terminado.

CAFE DE PISCANO Y MAS TRAGO
Allí se vuelven a llenar las mesas con café aromático de Piscano, recién tostadito y muchos panes y dulces caseros. Todos se reconfortan y siguen danzando, incluso los sacerdotes invitados, que eso de barrer con la sotana en aquellos días no se tomaba a mal. Las copas siguen su marcha y al fin, al clarear el alba a eso de las seis, se despiden y ensillan las cabalgaduras, partiendo presurosos a sus haciendas y llevándose a los criados que —aquí entre nos— también se han distraído en las cocinas y bodegas con las criaditas, achicando vino con el cuento de que son sobras. Algunos ni se pueden parar y todos están sin zapatos, porque no hay costumbre de usarlos.

La santa ha cumplido, no volverá a ser tan importante sino hasta después de un año.

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