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UN MAYORDOMO
CON SUERTE
La historia sólo recoge los
nombres de las primeras figuras, olvidando a las demás
sombras del pasado desdibujadas por el transcurso
de los años. Aquí va la historia de
un simple Mayordomo.
En 1746 vivía en Madrid y en casa de María
Teresa Montúfar de Montoya, un tal Gerónimo
González, castellano de mediana edad y "viejo
servidor" de esa familia. Un año después,
el hermano de doña María Teresa, llamado
Juan Pío Montúfar y Frasso, requirió
su compañía para pasar a las Indias
y residir en Arequipa, puesto que acababa de comprar
en 32.000 patacones el título de Presidente
de la Audiencia de Quito y necesitaba esperar seis
años hasta la terminación del gobierno
de Fernando Sánchez de Orellana.
González era muy considerado en esa casa y
por ello Gaspar de Montoya, hijo de doña María
Teresa, se opuso tenazmente a su viaje; pero a la
postre aceptó en consideración al deseo
de González, de correr aventuras en el nuevo
mundo. Ya para entonces le manejaba a Montúfar
sus caudales y hasta administraba algunos negocios,
así propios como ajenos, para lo que traía
instrucciones al Perú. Igualmente, con motivo
del viaje, se hizo cargo de la compra y traslado de
géneros a Arequipa, pequeño contrabando
que todo viajero realizaba y de los "cajones,
baúles y trastes por mar y por tierra",
así en la corte de Lisboa donde se hizo el
embarque, como en el puerto de Buenos Aires y tránsito
a Arequipa, donde Montúfar tenía varias
haciendas y tambos heredados de su madre, que el solícito
González administró con toda corrección
y por espacio de seis años, corriendo con las
cuentas y controles, sobre todo en el ramo de olivos
y aceitunas, en la fabricación del aceite,
en la cosecha de uvas y destilación del alcohol
y el vino.
En 1753 pasaron a Lima y el Callao y de allí
vino en la comitiva presidencial a Guayaquil, escalaron
en mulas las sierras hasta llegar a Quito el 22 de
Septiembre de ese año, encargándose
del servicio de la casa y del trato de la servidumbre
palaciega.
Meses después se le presentó la ansiada
posibilidad de ascender cuando Juan Fernando de Villavicencio
dejó de ser Tesorero interino de las Reales
Cajas; pero no pudo permanecer mucho tiempo en funciones
porque tal nombramiento fue desaprobado por el Virrey
de Santa Fe. Después de poco fue el propio
Montúfar quien solicitó al Corregidor
de Quito, General Francisco Javier de Larrea Zúrbano,
la designación de Tesorero del Cabildo para
Gerónimo González, "empleo honorífico
y de considerable utilidad y conveniencia", con
el 4% de comisión sobre los impuestos que recaudaba,
que había quedado vacante por muerte de su
anterior propietario José de Barrina.
Para entonces González había contraído
matrimonio en el asiento de San Vicente Mártir
de Latacunga con mujer de "no inferior nobleza",
en quien halló "la igualdad de la sangre".
Claro está que dicho matrimonio fue negociado
por el Presidente Montúfar para su fiel Mayordomo
y la novia aportó 2.000 pesos de dote que guardó
el Presidente para que no se malgastaren. Estos 2.000
pesos más otros 600 que le prestó Montúfar
a González, sirvieron para que éste
los depositare en calidad de fianza y pudiera ejercer
sus funciones de Tesorero del Cabildo de Quito, como
ya quedó visto. Así eran los negocios
de antes, se subía de poquito a poquito y siempre
con padrinos.
El asunto del matrimonio tuvo sus ribetes cómicos
porque ni al novio ni a la novia les importó
un comino el conocerse o al menos verse para saber
si se gustaban. En esos tiempos el matrimonio era
un contrato que se discutía en términos
metálicos, de tal suerte que Montúfar
debió viajar a Patoa en Pujilí, para
conversar con el Canónigo Antonio Sáenz
de Viteri y con el Comisario de la Caballería
Pedro de Ortega, acerca del susodicho enlace.
¿Que cómo le fue a González con
su empleo y novia? La historia no lo cuenta, únicamente
se sabe que tuvo bastantes hijos, más de media
docena y que progresó a ojos vista, llegando
a acumular una considerable fortunita. Cuando murió
su padrino el Presidente Montúfar tuvo la desfachatez
de presentar demanda contra la testamentaría,
reclamando que se "regule el servicio y asistencia
personal que le había brindado en diez años
que le asistió en calidad de su Mayordomo",
desde 1746 fecha de su viaje a Arequipa a 1755 que
contrajo matrimonio y se empleó de Tesorero
del Cabildo de Quito, saliendo de la mayordomía.
A los pocos meses su Procurador Mariano Coello obtuvo
sentencia favorable y los herederos del presidente
se vieron obligados a "satisfacerle" a González
la suma de 500 pesos decretada por la audiencia, que
sumados a los 300 que le había dejado en testamento
y a los 600 que le dió en obsequio para la
fianza sumaban 1.400 pesos, cantidad no pequeña
para entonces, que contabilizada con los demás
emolumentos que debió recibir González
y que la historia no ha recogido en sus páginas,
hubiera dado mucho más que el total de sueldos.
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