TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


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UN MAYORDOMO CON SUERTE
La historia sólo recoge los nombres de las primeras figuras, olvidando a las demás sombras del pasado desdibujadas por el transcurso de los años. Aquí va la historia de un simple Mayordomo.

En 1746 vivía en Madrid y en casa de María Teresa Montúfar de Montoya, un tal Gerónimo González, castellano de mediana edad y "viejo servidor" de esa familia. Un año después, el hermano de doña María Teresa, llamado Juan Pío Montúfar y Frasso, requirió su compañía para pasar a las Indias y residir en Arequipa, puesto que acababa de comprar en 32.000 patacones el título de Presidente de la Audiencia de Quito y necesitaba esperar seis años hasta la terminación del gobierno de Fernando Sánchez de Orellana.

González era muy considerado en esa casa y por ello Gaspar de Montoya, hijo de doña María Teresa, se opuso tenazmente a su viaje; pero a la postre aceptó en consideración al deseo de González, de correr aventuras en el nuevo mundo. Ya para entonces le manejaba a Montúfar sus caudales y hasta administraba algunos negocios, así propios como ajenos, para lo que traía instrucciones al Perú. Igualmente, con motivo del viaje, se hizo cargo de la compra y traslado de géneros a Arequipa, pequeño contrabando que todo viajero realizaba y de los "cajones, baúles y trastes por mar y por tierra", así en la corte de Lisboa donde se hizo el embarque, como en el puerto de Buenos Aires y tránsito a Arequipa, donde Montúfar tenía varias haciendas y tambos heredados de su madre, que el solícito González administró con toda corrección y por espacio de seis años, corriendo con las cuentas y controles, sobre todo en el ramo de olivos y aceitunas, en la fabricación del aceite, en la cosecha de uvas y destilación del alcohol y el vino.

En 1753 pasaron a Lima y el Callao y de allí vino en la comitiva presidencial a Guayaquil, escalaron en mulas las sierras hasta llegar a Quito el 22 de Septiembre de ese año, encargándose del servicio de la casa y del trato de la servidumbre palaciega.

Meses después se le presentó la ansiada posibilidad de ascender cuando Juan Fernando de Villavicencio dejó de ser Tesorero interino de las Reales Cajas; pero no pudo permanecer mucho tiempo en funciones porque tal nombramiento fue desaprobado por el Virrey de Santa Fe. Después de poco fue el propio Montúfar quien solicitó al Corregidor de Quito, General Francisco Javier de Larrea Zúrbano, la designación de Tesorero del Cabildo para Gerónimo González, "empleo honorífico y de considerable utilidad y conveniencia", con el 4% de comisión sobre los impuestos que recaudaba, que había quedado vacante por muerte de su anterior propietario José de Barrina.

Para entonces González había contraído matrimonio en el asiento de San Vicente Mártir de Latacunga con mujer de "no inferior nobleza", en quien halló "la igualdad de la sangre". Claro está que dicho matrimonio fue negociado por el Presidente Montúfar para su fiel Mayordomo y la novia aportó 2.000 pesos de dote que guardó el Presidente para que no se malgastaren. Estos 2.000 pesos más otros 600 que le prestó Montúfar a González, sirvieron para que éste los depositare en calidad de fianza y pudiera ejercer sus funciones de Tesorero del Cabildo de Quito, como ya quedó visto. Así eran los negocios de antes, se subía de poquito a poquito y siempre con padrinos.

El asunto del matrimonio tuvo sus ribetes cómicos porque ni al novio ni a la novia les importó un comino el conocerse o al menos verse para saber si se gustaban. En esos tiempos el matrimonio era un contrato que se discutía en términos metálicos, de tal suerte que Montúfar debió viajar a Patoa en Pujilí, para conversar con el Canónigo Antonio Sáenz de Viteri y con el Comisario de la Caballería Pedro de Ortega, acerca del susodicho enlace.

¿Que cómo le fue a González con su empleo y novia? La historia no lo cuenta, únicamente se sabe que tuvo bastantes hijos, más de media docena y que progresó a ojos vista, llegando a acumular una considerable fortunita. Cuando murió su padrino el Presidente Montúfar tuvo la desfachatez de presentar demanda contra la testamentaría, reclamando que se "regule el servicio y asistencia personal que le había brindado en diez años que le asistió en calidad de su Mayordomo", desde 1746 fecha de su viaje a Arequipa a 1755 que contrajo matrimonio y se empleó de Tesorero del Cabildo de Quito, saliendo de la mayordomía.

A los pocos meses su Procurador Mariano Coello obtuvo sentencia favorable y los herederos del presidente se vieron obligados a "satisfacerle" a González la suma de 500 pesos decretada por la audiencia, que sumados a los 300 que le había dejado en testamento y a los 600 que le dió en obsequio para la fianza sumaban 1.400 pesos, cantidad no pequeña para entonces, que contabilizada con los demás emolumentos que debió recibir González y que la historia no ha recogido en sus páginas, hubiera dado mucho más que el total de sueldos.