TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


..............................................................................................................................................................................................................

ULTIMOS DIAS COLONIALES
Corría el año 1803 y un robusto aragonés llegó a nuestras costas nombrado Gobernador de Guayaquil. Bartolomé Cucalón venía investido de plenos poderes y reemplazó a Juan de Mata Urbina. A poco de llegado la ciudad hervía en descontento por su proceder. Cucalón creía que gobernar equivalía a aplicar las leyes sin distingos, castigando a todos los infractores y así gobierna, implacablemente, a pesar de tener amigos que le aconsejan y ayudan como el Procurador Síndico del Cabildo que en 1805 pidió y obtuvo del Ayuntamiento que le afianzaren en el desempeño de la Gobernación. Parte del descontento existente contra Cucalón nacía de la cerrada oposición de los comerciantes acostumbrados a introducir ilícitamente diversos frutos y mercaderías provenientes del exterior. Eran muchos, estaban bien organizados y como Cucalón tampoco era “un angelito” la pelea fue pareja (1).

El Jefe de los que no pagaban los correspondientes derechos era Jacinto Bejarano aunque a los ojos del Presidente de la Real Audiencia, del Arzobispo de Santa Fe y del Rey de España, que varias veces le habían escrito agradeciéndole generosos donativos, pasaba por honrado comerciante, filántropo y buen cristiano. Bejarano es guayaquileño, a diferencia de Cucalón nacido en Ayerve Aragón , y fue bautizado en la Iglesia Matriz del Puerto el lo. de Octubre de 1752, de 10 días de nacido, (II) sus padres José Rodríguez Bejarano, natural de Villafronte (España), militar que de 57 años se casó con la guayaquileña Manuela Lavayen Santistevan, bonita y adinerada joven de sólo 22, pasando por este enlace el cincuentón Bejarano a formar parte del bloque familiar Vasco—Navarro de los Lavayen que dominaba socialmente en Guayaquil.

(1) Al final de su gobierno, en el Juicio de Residencia que se siguió a Cucalón, los residentes anotan que ha dejado "empreñadas" a dos de las más linajudas señoritas de la urbe y que vivía con ellas en público concubinato. Nota del autor.

Bejarano falleció a los 10 años de matrimonio dejando a su viuda rica y madre de 5 niños, siendo Jacinto el único varón. No debe admirar que Manuela Lavayen le comprara diversos cargos militares para que siguiera la noble carrera de las armas.

SE DECLARA LA GUERRA
Cucalón asumió la Gobernación y tomó drásticas medidas para impedir el contrabando. Bejarano le formó un frente común incorporando a su equipo al abogado José María Luzcando, enemigo del Gobernador, porque éste se asesoraba con Pedro Alcántara Bruno, inquieto jurisconsulto competidor de Luzcando, quien era más antiguo que Bruno en el desempeño de la abogacía y se creía con mayores derechos a ser Asesor de Gobierno. También era enemigo de Cucalón el Cura Párroco de la Matriz, doctor José Ignacio Cortázar, primo segundo de Bejarano, y que luego ocupará el Obispado de Cuenca. El equipo de descontentos aumentó con la presencia de otro abogado, José Joaquín Pareja, guayaquileño, recién graduado en la Universidad de San Marcos de Lima, inquieto y pendenciero como su padre, de quien heredó el título de Alférez Real del Cabildo, pasando a intrigar en el Ayuntamiento.

La guerra privada se inició cuando los opositores de Cucalón se enteraron del incidente "Cortland". En 1804 el barco ballenero inglés de ese nombre fondeó en el estuario del Guayas. Inglaterra estaba en guerra con Francia y su aliada España. Cuatro barcos españoles que iban de Montevideo a Lima fueron apresados por Corsarios ingleses y como la

(II) Con fecha 15 de abril de 1788 Carlos III le concedió el hábito de Caballero de la Orden de Santiago, expidiendo el correspondiente título el 19 de julio. Para esta época Bejarano ya es una personalidad en Guayaquil. En 1780, en su calidad de Coronel de las Milicias y de sólo de 28 años de edad, actuó interinamente de Gobernador, cuando el titular Coronel Ramón García de León y Pizarro, radicaba temporalmente en Babahoyo, en plan de recuperación física.

Noticia se conoció en todas las colonias españolas, Cucalón tomó desquite en Guayaquil incautando la nave "Cortland" y apresando a su tripulación. Pronto fueron puestos en libertad los ingleses más no así la nave que se avaluó y remató en pública subasta por los dos tercios de su precio. Cucalón reservó 3.154 pesos para sí como apresador de la Fragata, conforme lo disponía la Real Cédula de 1762 para estos casos, pero el doctor Luzcando descubrió que dicha Cédula había sido derogada en 1802 por otra nueva que expresaba lo contrario, es decir que los apresadores de naves incautadas durante el tiempo de guerra no podían disponer del dinero del remate que en su totalidad pertenecía al Real Erario. En buen lío se había metido Cucalón al gastarse el dinero. Debía devolverlo ¿De dónde? Sus enemigos denunciaron el hecho a la Audiencia usando términos hirientes, fueron rechazados y apelaron ante el Virreinato de Lima; mientras tanto Cucalón empezaba a vivir en intranquilidad y zozobra.

QUITO LUZ DE AMERICA
En esos problemas de casa adentro se hallaba Bejarano y su equipo cuando sucedió en Quito el Grito de Independencia del 10 de Agosto de 1809.

Este movimiento, traicionado como tantas otras revoluciones fue instuido por Eugenio Espejo, visionario quiteño nacido en 1.749, licenciado en Derecho y Cánones, su carrera política se inició en Bogotá desterrado por el Presidente de la Audiencia, Juan José de Villalengua, por publicar una ruda sátira en la que habló de cambios políticos y otras cosas. "El retrato de Golilla" llama tal escrito y por él Espejo dejó clientela y familia; en Bogotá trabó amistad con don Juan Pío Montúfar y juntos regresaron a Quito cuando al feroz Villalengua sucedió en la presidencia el civilizado don Muñoz de Guzmán. El destierro también sirvió para que Espejo trabara amistad con Antonio Nariño que le aconsejó fundar una sociedad para la Independencia y poco después formó la "Sociedad Patriótica de Amigos del país" bajo los auspicios de la Audiencia ."Primicias de la Cultura de Quito" tituló el periódico de la Sociedad donde Espejo hizo conocer sus ideas hasta que el 21 de octubre de 1794 amanecieron colgados de los faroles de Quito varios letreros confeccionados en tafetán rojo conteniendo la siguiente leyenda: "Liberi Esto. Felicitatem et Gloria consecuto. Salva Cruce" Junto a ellos se encontraron numerosas proclamas incitando a la rebelión. Eran los frutos de la reciente revolución francesa y así lo creyó el Presidente Muñoz de Guzmán, que de inmediato hizo apresar a Espejo, Director de la Biblioteca Pública por esos días, y lo recluyó en un inmundo calabozo.

A mediados de diciembre falleció Espejo a consecuencia de disentería amebiana, por lo duro de su prisión, endeudado y sin haber visto la libertad de Quito, siendo sus últimas palabras: "díganle a mis acreedores que me perdonen por amor de Dios". Había gastado sus sueldos de la Biblioteca por conseguir la independencia de América, pero el germen de la rebelión que había sembrado fructificó 15 años después cuando Carlos IV abdicó la Corona Española en favor de Napoleón. En España funcionaban las famosas Cortes Constitucionalistas de Cádiz y en Quito algunos personajes decidieron defender los derechos del heredero Fernando, respaldando la labor de las Cortes que no aceptaban la influencia napoleónica en España.

LOS CONSPIRADORES
Eran americanos casi todos los reunidos la noche del 9 de Agosto en la casa de Manuela Cañizares y designaron Presidente de la Junta de Gobierno a Juan Pío Montúfar, Vicepresidente al Obispo José Cuero y Caicedo, y Secretarios a Juan de Dios Morales, Manuel Rodríguez de Quiroga y Juan de Larrea, personas de mucha preparación, siendo Morales el más peligroso por sus abiertas ideas en pro de la Independencia; el más ladino Montúfar como se verá después; el más astuto Cuero y Caicedo. Estos dos últimos jamás calcularon la gravedad de los acontecimientos que se estaban gestando. Si el Obispo y el Marqués hubieran imaginado que la Junta iba a ser calificada de sediciosa, no hubieran participado porque no eran revolucionarios, únicamente pretendían rechazar al francés Bonaparte, proclamar los derechos de Fernando VII, mantener el dominio católico y asumir el poder.

En la madrugada del día 10 el doctor Antonio Ante comunicó al Presidente de la Audiencia, el anciano y achacoso Manuel Urries, Conde Ruiz de Castilla, que había cesado en sus funciones y que la Junta le permitía seguir ocupando el Palacio Presidencial por respeto a sus canas, pero sin gobierno. A continuación la Guarnición Militar de Quito vitoreó a Fernando VII, a la Junta Soberana y al Coronel Juan Salinas que la comandaba. Se convocó a Cabildo Abierto en la Sala Capitular de San Agustín, donde se consumaron los hechos. Ganaban los americanos el gobierno de la Audiencia y lo perdían los españoles. No hubo sangre ni disparos, todo fue urbanidad, buenas maneras y orden; era la revolución de la aristocracia criolla unida al talento de la burguesía.


ESTOS MALDITOS AMERICANOS
No todos los "patriotas" eran titulados ni se sentían españoles. Habían muchos americanos y otros quiteños, por haber nacido en estos territorios. De estos últimos era el Marqués de Villa Orellana, José Sánchez Cabezas, natural de Quito, abogado recién graduado y en plenas funciones dentro de la Audiencia; de padre quiteño y madre ibarreña.

Villa Orellana en carta dirigida a su tío decía por aquellos días: "Que los quiteños habían logrado la libertad porque los habían forzado motivos urgentísimos nacidos de la guerra abierta que los españoles de la península les habían declarado a los americanos y por ello es que estos les habían quitado el mando mediante una Junta Suprema Gubernativa que mande el Reino de Quito".

Los peninsulares también habían comprendido el verdadero juego de los patriotas y así lo dice Joaquín Molina, al Virrey de Lima, General José de Abascal, cuando le expresa" "Que el verdadero término a que aspiran —los americanos— es su soñada independencia, fruto de las semillas que dejó sembradas un vecino llamado Espejo, que se ha cultivado después por la familia de los Montúfares". En esta última parte anduvo equivocado Molina, porque el único de los Montúfares que pensó en la independencia fue Carlos, mas nunca su padre Juan Pío, siempre corto en la acción por enemigo de cualquier transformación mayormente ideológica.

......................................................................................................................................................................................................