TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


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SEGUNDO MATRIMONIO DE DOÑA DELFINA
Muerto don Luis Vargas entró en la vida de doña Delfina el Vice Cónsul Uladislao Concha Piedrahita, natural de Buga, hijo de Ignacio Concha Grafe y de Teresa Piedrahita Racines, quien había pasado a Guayaquil en 1843 acompañando a su tío el Presbítero Dr. Fernando Racines, que huía de una de las percusiones políticas tan comunes en su patria.

Concha trabajó en Guayaquil primeramente con la empresa Roca exportadora de cacao a Méjico, luego estuvo con Caamaño e Hijo, que lo nombró su agente en Manabí, donde vivió algunos meses, para seguir a Esmeraldas donde instaló tienda de comercio, adquirió haciendas y consolidó su fortuna, convirtiéndose en el primer exportador de su tiempo.

Julio Estupiñán en la página 105 de su "Monografía Integral de Esmeraldas" dice: "El señor Concha es propietario de extensas porciones de tierra de cultivo, especialmente en los ríos Teaono, Viche, Esmeraldas, etc. y solares y casas en la capital, sin considerar el activo comercial con que ejerce. Sus haciendas son Timbres, Tatica, Tabule, Mutile, Guabal, La Clemencia, Tachina, Pampilar, etc. Estas tierras unidas a las de doña Delfina Torres, su cónyuge, que hereda a su primer esposo y a sus padres y es propietaria de San José, La Propicia, La Victoria, etc. forman un solo conjunto de casi cien kilómetros de largo, estando dedicadas a cacao, café, ganado. Todo esto dio a la familia Concha poder suficiente para reunir en pié de guerra, de la noche a la mañana, sucesivos contingentes humanos. Así lo había hecho Vargas Torres, así los Alfaro, valiéndose de los Concha en varias ocasiones..."

Estas aventuras, a la postre costaron a la familia Concha la pérdida de casi todo su capital, avaluado en 1913 en la cantidad de cuatro millones de dólares, mas treinta mil reses y dieciocho haciendas, no de otra forma es explicable que el General Carlos Concha Torres haya podido darse el lujo de derrotar a tres ejércitos serranos entre 1913 y el 14, que sucesivamente le enviaba el presidente Plaza desde Quito, manteniéndose en la Jefatura Suprema contra los deseos del Estado Mayor Militar y el dinero del Banco Comercial y Agrícola de Guayaquil, que gerenciaba el inefable don Pancho Urbina Jado.

LABOR COLONIZADORA DE LOS CONCHA
Uladislao Concha Piedrahita fue un católico fervoroso que convirtió a Esmeraldas en puerto exportador de mucha consideración en la República. Enérgico, altivo, sincero, no transiguía con las medias tintas ni con las situaciones deshonrosas, ni engañaba, ni mentía, ni gastaba bromas. Amaba a su esposa y a sus numerosos hijos y pensó en ellos hasta en sus últimos momentos, cuando a consecuencia de un incendio en su almacén, se levantó de la hamaca donde descansaba, se mojó y resfrió. Para curarse vino a Guayaquil y se hospedó en el hogar de su hija Victoria (casada con Rafael Valdés) y murió de pulmonía el 28 de Diciembre de 1877, ordenando en su testamento que las niñas pasaran a educarse en Quito al colegio de los Sagrados Corazones y los niños fueran enviados a Europa y los Estados Unidos, a aprender idiomas y profesiones útiles al país. Lo único de malo en Don Uladislao era su donjuanismo inveterado, que le llevó a correr aventuras y formar varias familias en diferentes damas, sin respetar honores ni situaciones.

En la provincia fue un patriarca que formó haciendas y se preocupó en acrecentar la economía de la región. Sus hijos continuaron por casi cuarenta años con esta política hasta el advenimiento de la revolución en 1913.

MADRE MARTIR DEL LIBERALISMO
ara suerte la de doña Delfina Torres, que tuvo trece hijos de los cuales seis murieron en forma trágica y de estos, cuatro por causas políticas. De ella se cuenta que al saber la muerte de su hija Esther de Tamayo en 1922, llorando, dijo: "Virgen de las Mercedes, dame como premio que no vea morir a otro hijo" y efectivamente falleció al poco tiempo, con su deseo cumplido.

Era mujer de mucho sentido del humor y para el segundo incendio de San Mateo se negó a bajar un enorme óleo de la Virgen de las Mercedes que tenía en su escalera diciendo: "Virgen santa, o me cuidas la casa o te quemas con ella" y cosa rara, el fuego se detuvo en una de las casas vecinas que se destruyó por completo, pero no avanzó a la de doña Delfina que se libró de milagro. Por acción de la Virgen, como después decía, riéndose.

En 1878 se trasladó a Guayaquil a terminar de educar a su familia, viviendo en el barrio Villamil y frente al portal de las Moran, donde era visitada por los principales políticos liberales de entonces. Con Alfaro se tuteaba, lo mismo que con los Generales Leonidas Plaza y Manuel Antonio Franco. Fue una madre inmejorable y con su buen ejemplo encauzó la vida de los suyos por senderos de corrección y sacrificio.

Ya viejecita se dedicaba por horas y en el patio posterior de su vivienda a enseñar a hablar a varias loras que se había hecho traer de Esmeraldas y así gastaba su tiempo. Una mañana de esas, que se descuidó, vio cómo se le escapaba volando una de sus regalonas y muy compungida anunció la mala nueva a sus hijas y yernos. El Dr. José Luis Tamayo (marido de Esther Concha) tomó su sombrero y bastón y se fue a recorrer el vecindario, preguntando a troche y moche si habían visto a la fugitiva y casi una hora después regreso triunfante, con ella en la mano, siendo recibido con miles de agradecimientos por doña Delfina, que desde entonces lo prefirió entre todos, diciendo que era su salvador. Tamayo, mucho después la llevó a vivir a su casa y tenía por costumbre saludarla todos los días diciéndole: ¿Cómo está Misia Delfina?— Bien, José Luis, era la respuesta.

En esa casa doña Delfina compartía un extenso dormitorio con su ahijada de bautizo, tocaya y nieta Delfina Tamayo Concha, después señora de Navarro Gardin. Y muy viejecita se sentaba en una estera y hacía que sus nietas le abrieran sus baúles donde tenía ropa blanca, cartas, papeles, escrituras, fotografías y muchas menudencias, para que se los fueran sacando de uno en uno. Entonces cobraba vida para ella el pasado y cada cosa tenía su explicación. Esa foto era de una tía soltera, la otra era una carta de su suegra, el mantelito lo había bordado ella misma en Lima, ese fajo de medallas eran de su hijo Luis, una polca muy elegante la tenía reservada para alguna fiesta de gran etiqueta y así por el estilo. También tenía sus ahorros pues no gastaba en nada porque sus necesidades eran domésticas y estaban cubiertas por sus hijas y por ello cualquier renta o dinero que le caía lo hacia cambiar por libras esterlinas de oro, las metía en unos tubos de bronce e iban a parar a sus baúles, donde dormían el sueño de los inocentes. Mis tías me han referido que a la muerte de doña Delfina encontraron mas de diez tubos llenos de esas monedas.

Un hermosísimo retrato al óleo donde aparecía joven y hermosa, quedó en poder de mi tia abuela Delfina Concha de Cucalón quien lo mantuvo en su sala por muchos años, pero habiéndose cambiado a Esmeraldas lo dejó en depósito en casa de mi abuela Teresa donde lo vi colgado en la sala mas de veinte años. Muerta mi abuela volvió a donde su hermana Delfina y al fallecer ésta, su hija Maruja Cucalón lo obsequió a Fina Tamayo que lo tuvo en Ambato y finalmente es obsequio al Banco Central de Esmeraldas. Yo poseo una reproducción. Es el único retrato de mi bisabuela, donde se la ve de mediana edad y hermosa.

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