TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


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ULTIMAS COLONIZACIONES DE ESMERALDAS
Cuando los próceres del 10 de Agosto proclamaron la independencia y apresaron al Conde Ruiz de Castilla, tuvieron muy en cuenta el mantenimiento del dominio administrativo y militar del camino a las Esmeraldas; pues, no escapaba a su criterio ,el valor táctico de esa vía que conducía al mar y cuando los Gobernadores realistas de Guayaquil y Pasto bloquearon Quito, impidiendo el libre comercio de productos, dicho camino quedó como única vía de abastecimiento. Por eso, en diciembre de 1809, fue designado Gobernador de Esmeraldas el Capitán Miguel de Betancourt y Nicolalde, con jurisdicción desde Tumaco al norte, hasta Bahía al sur.

Betancourt era quiteño, hijo del matrimonio formado por Gregorio de Betancourt y Morales y Ana de Nicolalde y Ormaza y rápidamente se trasladó a Esmeraldas en compañía de su joven sobrino Xavier Torres Betancourt.

Quizá pudo pesar en el ánimo de los señores de la Junta Patriótica quiteña para designar a Betancourt, el ser muy dado a la vida campestre, a la par de haber desempeñado numerosos servicios en el estanco de tabacos y tener propiedades en una extensa zona ubicada en las montañas de Nono y Nanegal.

GOBIERNO DE BETANCOURT
En Marzo de 1810 el nuevo Gobernador se estableció en Atacames, a la que hizo su capital, fortificándola contra el ataque de realistas y piratas. Numerosos colonos quiteños que allí habitaban le prestaron su colaboración y no hubo uno que alzara bandera a favor del rey. En las otras poblaciones sucedió lo mismo; pues, Atacames, Tumaco, Borbón y San Mateo eran pequeños caseríos agrícolas donde las gentes cultivaban caña, café, tabaco, cacao, banano y frutas para su comercio con el Chocó y Quito.

Betancourt tuvo un gobierno pacífico hasta la restitución de las autoridades realistas. Entonces Ruiz de Castilla ordenó su prisión y traslado a Quito para juzgamiento, siendo reemplazada por el Capitán Diego de la Carrera, natural de Barbacoas, a quien la Audiencia nombró interinamente.

GOBIERNO DE LA CARRERA
Don Diego era hombre de mediana edad pues había nacido hacia 1.770 y estaba casado con una señora Portocarrero. En Atacames le nació en 1795 una hija llamada Francisca que murió soltera. De ella se cuenta que estando en esa población tejiendo cordones de cabuya con una navaja se vació el ojo derecho por accidente. Luego María en 1797 que casó con el guayaquileño José María González de Vera, no tuvieron hijos. Después Lucía en 1799 que contrajo nupcias con Xavier Torres Betancourt y finalmente Juana que falleció de corta edad.

Don Diego estuvo un año interinamente reemplazado a Betancourt, pues en 1811 recibió despachos de Teniente de Corregidor y cuando sobrevino la revolución del 9 de Octubre de 1820, viendo que su situación personal se tornaba crítica, solicitó a su secretario Xavier Torres Betancourt que se internara en la selva con su mujer e hijas, mientras el preparaba las defensas con quince esclavos. A poco arribaron los expedicionarios guayaquileños que arrestaron a de la Carrera después de atacar su casa y lo pasearon en un burro por el poblado al grito de "Viva la Patria”.

Uno de los más exaltados le pidió en un momento dado que vivara las revolución; pero, de la Carrera, que era un anciano venerable, respondió con toda serenidad: "Viva Fernando VII" y fue atravesado a bayonetazos. Ese fue el triste fin de la administración española en Atacames.

AVENTURAS EN LA SELVA
Su viuda e hijas pasaron numerosas privaciones en la selva, ocultándose de sus enemigos y de las fieras, pero siempre en la fiel compañía del secretario Torres, que las cuidaba de todos los peligros y cuando los ánimos se calmaron y volvieron las cosas a ser como antes, pudieron salir al poblado. Mientras tanto un romance habíase iniciado entre el fiel secretario y la joven Lucía. Bellos tiempos aquellos en que se podía disponer de toda una provincia virgen para planificar el futuro y conquistarlo.

I casados en Atacamos comenzaron a llegar los hijos: Primero fue Simón Torres de la Carrera casado con Matea Cuero, con sucesión y padre natural de Simona de Torres, casado con Simón Plata Uribe, de donde procedió Simón Plata Torres, Alcalde y Gobernador de Esmeraldas y autor de la vía carrozable que une Esmeraldas con Quinindé y Santo Domingo. De este Simón Torres también desciende el celebre novelista y poeta Adalberto Ortíz Quiñonez. Segunda fue Rosa Torres de la Carrera, nacida hacia 1830, que contrajo matrimonio 1° con el quiteño José María de los Reyes y tuvo sucesión, 2o. con Miguel Palacios Lobaton, también con hijos y en don Uladislao Concha Piedrahita fue madre del Coronel Enrique Torres Concha. Tercera fue Delfina Torres de la Carrera, nacida en 1836, quien lo. casó con el comerciante colombiano Luis Vargas y al enviudar contrajo 2o. matrimonio con Uladislao Concha Piedrahita, Vice Cónsul General de Nueva Granada en Esmeraldas, con sucesión en las familias Vargas Torres y Concha Torres que tantas campañas gloriosas dieron al país. Cuarta fue Flora Torres de la Carrera quien nació por 1860 y casó con el Capitán de navío guayaquileño José María Balanzátegui y González, Gobernador de Esmeraldas en 1866 con hijos y Quinta fue Adela Torres de la Carrera, esposa del guayaquileño José María Bodero, con hijas.

Xavier Torres Betancourt era de genio apacible y bonachón, muy dado a las faenas del campo y poseyó un trapiche en su hacienda "Victoria", esclavos y trabajadores libres y a los cuarenta y cinco años de edad empezó a sufrir de reumatismo al punto que se agravó, no podía moverse de su cama y la mandíbula se le atrofió sin que pudiera hablar ni ingerir sólidos.

Por esos días no se conocía remedio alguno contra tan despiadada enfermedad y de no haber sido porque en su juventud se había extraído dos dientes, hubiera muerto de inanición; mas, por el hueco dejado por esas extracciones, fue alimentado algunos meses con jugos y papillas, pero se iba consumiendo y debilitando a ojos vista. Su hija Delfina era cortejada por Luis Vargas, dueño de las haciendas "San José" y "La Propicia”, pero ni aún así gozaba del favor de doña Lucía, que era de carácter enérgico y dada a las ideas obsesivas, de allí que el pobre de don Xavier, viendo que iba a morir, quiso arreglar sus asuntos y con engaños envió a su esposa al pueblo, mientras llegaba el cura, y delante de su cama se realizó la boda Vargas — Torres, expirando a los pocos días.

EL MATRIMONIO VARGAS TORRES
Los jóvenes esposos viajaban mucho, de sus haciendas a Colombia y viceversa, siempre comerciando o distrayéndose y con el andar de los meses tuvieron a Froilán, que murió niño; a Rómulo, que de casi 30 años viajó a Costa Rica y nunca más se supo de el a pesar de las intensas gestiones que realizó su madre. Pudo haber sido robado, muerto y echado al mar o quizá naufragó la embarcación y todos murieron ahogados. En fin, su desaparición sigue siendo un misterio a pesar de haber transcurrido más de un siglo. De él conservo un retrato de cuerpo entero que lo representa alto, delgado y algo feúcho.— También nació Zulema que falleció púber en Esmeraldas, a consecuencia de una tuberculosis, enfermedad corriente por entonces y el último fue el heroico Coronel Luis Vargas Torres, héroe del liberalismo ecuatoriano, fusilado ignominiosamente en Cuenca en 1887 por orden del Presidente Caamaño.

Luis era alto, de color canela, ojos negros y cabello negro y levemente ondulado. Su frente ancha, la nariz recta y aguileña, el cuerpo delgado, nervioso y ágil para los deportes y ejercicios gimnásticos. Nació en 1859 en Esmeraldas y estudió con los jesuitas. Se había establecido en 1875 en Guayaquil, asociándose con T. Avellaneda y tuvo éxito económico. Su novia en Esmeraldas era la bella Gertrudis Gil y Santa Cruz y todo le sonreía cuando se alistó en las fuerzas Regeneradoras de Alfaro que lucharon en Mapasingue contra Vcintemilla en 1882 y 83 y tomaron a Guayaquil por la fuerza. Posteriormente y ya de Coronel, vendió sus bienes y entregó el dinero para que continuara la revolución. Después pasó varios meses en Lima, complotando, pero la inercia no se había hecho para él y desbordante su pecho de patriotismo cruzó en 1887 la frontera sur con el propósito de llevar la revolución al austro, y tomó Loja, pero fue apresado casi enseguida y llevado a Cuenca le fusilaron los conservadores el 20 de Marzo en la plaza central de esa población. No aceptó vendas en los ojos y dio la voz de fuego que segó su vida. Dejó un conmovedor testamento político y varios libros de campaña. Fue un valiente y un héroe, tuvo facilidad de palabra, estilo literario y un intenso deseo de justicia y de mejores días para su Patria.

El Padre de Vargas Torres había muerto repentinamente frente a las costas de Tumaco en viaje con doña Delfina. Era un hombre bondadoso y trabajador y tenía mucho don de gentes para tratar problemas difíciles. De él se cuenta que compadecido de los sufrimientos de su cuñada Flora, por lo mucho que padecía en su matrimonio, tramitó en Roma la disolución y cartas van y vienen pasaron años y lo cogió la muerte en medio del papeleo, quedando todo en el olvido. Como comerciante y empresario nadie le ganaba en Esmeraldas y llegó a poseer una de las más sólidas fortunas de la región. La suya fue la primera casa de madera en la actual población y este buen ejemplo hizo que sus vecinos también construyeran. La segunda casa fue la Iglesia, que costeó de su peculio, con una pequeña torre y dos campanas que hizo traer de Quito a lomo de mula. Eso ocurrió después del Incendio de la primitiva San Mateo en la década de los años 50. Las Esmeraldas actual se construyó a pocos kilómetros de distancia, en la desembocadura del río.

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