TOMO
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TERREMOTO
DE RIOBAMBA
El día sábado 4 de febrero
de 1797 un poco antes de las ocho de la mañana;
gran parte de la meseta andina sufrió un fenómeno
geológico de los más espantosos que
se recuerda en todos los tiempos, pues varios temblores
de ondulación sacudieron los Andes entre Riobamba,
Ambato y Latacunga. El suelo se hundía en varias
partes y en otras se levantaba, de tal suerte, que
las casas, árboles, animales y gentes fueron
lanzadas al aire, con tal fuerza que cayeron a cientos
de metros de distancia.
Extensas llanuras quedaron convertidas en hondonadas,
valles y cerros se descuajaron y las tierras de algunas
colinas se precipitaron sobre villas y ciudades sepultándolas,
como aconteció con la avenida de lodo formada
en la Colina de Culca, que cayó sobre Riobamba
antigua. Muchas personas y edificios desaparecieron
y jamas se volvió a saber de ellos, otros quedaron
tan atontados que demoraron años en volver
a la normalidad. ¡Fue un terremoto horroroso!
A un mismo tiempo se inflamaban los volcanes. El Tungurahua,
el Altar, el Quilotoa y el Igualata comenzaron a votar
fumarolas y entraron en erupción. La laguna
de Quilotoa arrojaba llamaradas que contaminaron los
sembríos cercanos, emanaciones delectereas
mataban el ganado y a cada nuevo temblor el Igualata
arrojaba bocanadas de azufre. La noche del 8 de febrero
el cerro Puchulagua se rompió incendiándose
y lanzó lava en diversas direcciones. Casi
un mes después ocurrió lo mismo con
el Saraurco y por las noches la población de
Quito veía el horizonte sur en llamas.
Los derrumbes impedían el libre tránsito
de las aguas de los ríos y se formaban peligrosísimos
diques que detuvieron el Patate, el Ambato y el Chambo
entre otros. El Chambo logró abrirse camino
y el Ambato se detuvo veintiséis horas hasta
el domingo 5 de febrero a eso de las seis de la mañana,
que volvió a encontrar su curso. El Patate
estuvo detenido cosa de tres meses, inundado una extensa
zona de cultivos y sus aguas llegaron hasta la hacienda
"Iziña" situada en "Los Quillanes"
de propiedad de José Egüez, que demoró
quince días para abrirle un estrecho cauce
y salvó su predio. Cincuenta hombres trabajando
día y noche pudieron realizar tan épicas
Jornadas.
Se dijo entonces que antes de la catástrofe
se había sentido mucho calor y que una intensa
sequía había convertido a la parte central
de nuestra serranía en un erial, también
se habían escuchado fuertes ruidos subterráneos
como si las moles andinas se estrellaran en el subsuelo.
Riobamba antigua fue la ciudad más perjudicada
y no pudo recobrarse jamás pues la nueva fundación
se levantó a muchos Kilómetros de distancia.
Sus edificios antiguos de cal y canto volaron prácticamente
por los aires porque el temblor fue trepidatorio y
muchos cadáveres aparecieron desperdigados
por las colinas cercanas hasta donde fueron arrojados
por la violencia del sismo y el movimiento de la tierra.
Muebles de una casa se hallaron bajo los escombros
de otras a dos y tres cuadras de distancia y seis
mil habitantes perecieron solamente en esta ciudad,
fuera de algunos miles más que murieron en
las villas, pueblos, haciendas y casas de campo de
los contornos. Nunca se sabrá a ciencia cierta
el número exacto de víctimas pues no
quedaban personas para dedicarse a este empeño.
Riobamba antigua era una ciudad hermosa, grande y
rica. Había comenzado como simple caserío
cuando algunos españoles se asentaron en la
llanura de Liribamba donde se había fundado
la ciudad de Santiago el 15 de agosto de 1534, ciudad
que fue trasladada por Sebastian de Bcnalcázar
a la costa, como se ha comprobado a la luz de antiguos
documentos. Luego, Riobamba fue elevada por el Cabildo
de Quito a la categoría de villa y en el siglo
XVIII el sabio Maldonado viajó a Madrid a conseguirle
la categoría de ciudad. En Riobamba vivían
muchas familias de la primera distinción de
la Audiencia y los pocos sobrevivientes tuvieron dificultades
para volver a surgir socialmente, pues la mayor parte
emigró a otras poblaciones (1).
Mi antepasado materno José Antonio de Lizarzaburo
y Dávalos donó cerca de las llanuras
de Tapi un extenso arenal para que allí se
fundara la nueva San Pedro de Riobamba, que ya no
fue la hermosa "Villa del villar don Pardo"
como llamábase antes, sino una ciudad nueva,
con muchos deseos de surgir y olvidar la pasada catástrofe,
Don Bernardo Darquca trazó los planos y por
eso Riobamba es una ciudad de calles rectas y bien
delineadas, que en el siglo XIX creció en población
e importancia hasta convertirse en "La sultana
de los Andes".
(1) En ese histórico sitio existe actualmente
la población de Sicalpa.- Vale.
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