..............................................................................................................................................................................................................
|
RENCILLAS
ENTRE PADRECILLOS
Sabido es que a González Suárez
siempre le dio por la historia y la arqueología;
investigaba desde cuando se inició como Secretario
de monseñor Estévez de Toral, época
en que escribió su primer libro "Arqueología
de los Cañaris". Cuando se podía
se tomaba un descansito para escribir asuntos relacionados
con esta ciencia . Así pues, a fines de la
década del 80 decidió viajar a Manabí
para hacer algunas excavaciones y al llegar a Portoviejo
se apresuró a visitar al Dr. Pedro Schumacher,
flamante Obispo de aquella diócesis, que lo
atendió con mucha cortesía y se interesó
por sus aficiones.
Mas, al poco tiempo, al prelado le llegaron cuentos
y habladurías de González Suárez,
al que los chismosos de Portoviejo acusaban de tener
largas tertulias científico — políticas
con los más notables talentos de Manabí,
entre los que no podían faltar algunos liberales
radicales y hasta ciertos masones como el Dr. Felicísimo
López; de suerte que Schumacher, dejándose
llevar de ese espíritu tan intemperante que
lo singularizaba, mandó a llamar a González
Suárez y en forma poco cortés le pidió
que se cambie de domicilio, a la casa del presbítero
Vicente Loor, anciano venerable y de pocas palabras,
donde González Suárez no debió
sentirse a sus anchas y tanto, que a los pocos días
se marchó de regreso a Quito, sin tomarse la
molestia de despedirse del señor Obispo, como
entonces se estilaba entre sacerdotes. Desde ese instante
se rompieron las relaciones entre ambos y quedaron
de enemigos.
Poco después comenzaron a editarse en Quito
los primeros tomos de la "Historia General del
Ecuador", así como el “Mapa Arqueológico”
de González Suárez. Los tres primeros
volúmenes fueron recibidos con general beneplácito,
pero no sucedió lo mismo con el cuarto, que
causó sensación y malestar porque contaba
ciertos incidentes poco agradables ocurridos en las
comunidades de padres y madres dominicanas de Quito,
en los siglos XVII y XVIII, de lo que se hizo eco
la prensa liberal de Guayaquil.
Schumacher aprovechó la ocasión y escribió
al padre Reginaldo María Duranti, superior
de los Dominicanos, incitándolo a replicar
y este contrató los servicios del Dr. Pablo
Herrera, quien aportó los documentos y escribió
un folleto titulado: "La veracidad del Sr. Dr.
Federico González Suárez, en orden a
ciertos hechos referidos en el Tomo IV de su Historia
General", aparecido bajo la firma del padre Duranti,
en la imprenta de la Orden Dominicana, con autorización
del Provincial Fray José María Magalli.
Se había entablado la polémica y mal
la hubiera pasado González Suárez de
no haber coincidido este asunto científico
con el negociado de la bandera, ocurrido entre el
Cónsul General del Ecuador en Valparaíso
Sr. Noguera y el gobierno de Chile, que necesitaba
de nuestra bandera para traspasar su goleta de guerra
"Esmeraldas" al Imperio del Japón,
sin necesidad de romper la neutralidad que había
declarado en el conflicto con China.
Así pues, el incidente de la bandera trajo
como consecuencia la caída del régimen
progresista del presidente Luis Cordero y el ascenso
al gobierno del Partido Liberal. Mientras tanto Schumacher
había abandonado su diócesis de Manabí
y fugado a Quito en son de guerra, provocando en el
trayecto el incendio de la población de Calceta.
En la capital fue recibido en triunfo y ante el avance
de las fuerzas de Alfaro, que acababan de vencer en
Gatazo, emigró a Samaniego en el sur de Colombia,
donde siguió organizando la resistencia conservadora
por algunos años y murió de tifus exantemático
a principios de este siglo.
Libre el camino y sin opositores, González
Suárez terminó de publicar su obra y
fue electo Obispo de la Diócesis de Ibarra.
Mientras tanto las guerrillas conservadoras del centro
y sur de la República se habían levantado
en armas en 1896 y amenazaban destruir el gobierno
de Alfaro, que tomó medidas de represión
y expulsó del país a numerosos sacerdotes
extranjeros, por habérseles comprobado su participación
activa en dichos movimientos subversivos. A los padres
dominicanos La Cámara y Duranti, de nacionalidad
italiana, se los condujo a la Costa para su deportación.
Tal el fin del padre Duranti como misionero en el
Ecuador.
|
| |
|