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RENCILLAS
ENTRE CRIOLLOS Y CHAPETONES
El Gobernador militar de Guayaquil Gregorio Escobedo
se posesionó de su cargo el 9 de Octubre de
1820 a las pocas horas de haberse producido la toma
de los cuarteles y el apresamiento de las autoridades
realistas, esa misma tarde convocó a unos cuantos
hombres de su confianza y formó la "Junta
de Pacificación" para evitar cualquier
contragolpe.
La Junta trabajó intensamente, ordenó
la prisión de los españoles avecindados
en el puerto y la confiscación de sus bienes
y efectos personales. El día Jueves 12 de Octubre
los presos pasaban de cincuenta y estaban en el interior
de un barco anclado en mitad de la ría. Cada
mañana se los traía al malecón,
haciéndoles formar en presencia del populacho
como si fueran presos comunes.
Ese mismo día hizo fusilar a un fraile lenguaraz
del Hospital de San Juan de Dios para que sirviera
de escarmiento, pues el dicho religioso había
intentado dirigir una manifestación al Cabildo
para retomar el poder en favor de España y
aunque la Junta aprobó esta decisión,
Olmedo no la compartía, pues era hombre de
paz que circunscribía su trabajo a los asuntos
propiamente de gobierno. El 10 había convocado
a los padres de familia para que eligieran diputados
al Colegio Electoral y presidió el solemne
Te Deum de Acción de Gracias que el Superior
de la Orden franciscana ofició en dicho templo;
por eso, el 12, luego de enterarse del fusilamiento,
presentó su renuncia al Cabildo y se alejó
a su domicilio; entonces se formó una Comisión
compuesta por Escobedo, Rafael María Jimena
y José Vicente de Espantoso que gobernó
a la ciudad hasta la instalación del Colegio
Electoral el 8 de Noviembre, siendo electos Olmedo
y Antepara, Presidente y Secretario, respectivamente
por ser los más viajados y versados patriotas
del país.
Olmedo tomó la palabra luego de su elección
y planteó la descalificación de Escobedo,
que había colocado dos bombardas en el malecón,
con el objeto de atemorizar a los diputados pues miraban
directamente hacia las ventanas del edificio del Cabildo,
pero como no se atrevió a dar la voz de fuego,
tuvo que embarcarse hacia el sur, según decía,
decepcionado por la ingratitud de los Diputados, pero
con los bolsillos llenos. En cambio, Olmedo, fue el
héroe de esta primera jornada civil que le
tocó vivir a Guayaquil.
El 11 de Noviembre el Colegio aprobó la Constitución
o "Carta provisoria de la Provincia de Guayaquil
Independiente" que presentaron Olmedo y Antepara.
Una copia de este memorable documento reposa en el
Archivo Municipal manuscrita por Antepara.
Por la tarde se renovó el Ayuntamiento designándose
Alcaldes a Manuel José de Herrera y Juan José
Casilari y Regidores a Pedro Santander, Ignacio de
Icaza Silva, Manuel Tama Ponce, Manuel Ignacio Moreno
y Moran, Domingo de Santistevan, Fernando Sanz, Gerónimo
Zerda, Manuel de Isusi, Manuel Moran de Butrón
y Francisco de Aviles y Pacheco y Procurador General
a Bernardo Roca Rodríguez. Todos eran criollos
americanos y fue la primera ocasión en la historia
de tan alta corporación que se excluyó
a los extranjeros, mientras en las calles se los insultaba
en verso como podremos apreciar: // Cesaron los males
todos/ de este Guayaquil querido/ que al fin nos hemos
unido/ para salir de los godos./ Cayeron de varios
modos/ como pérfidos ilotas,/aumentaron sus
derrotas/ y ya en Quito tendrán fin/ porque
viene San Martín/ a ayudar a los patriotas.//
Melchor de Alarcón y Guzmán, mejor conocido
como el "Cholo Virrey", terrateniente en
Daule y Manabí pero vecino de Guayaquil, escribía
a diario sabrosas producciones de su numen recogidas
en "El Patriota de Guayaquil", Una de ellas
dice: //Toda la plaza en corrillos/ no se puede atravezar/
los militares aquí/ los abogados allá,/
por en medio los seglares/ y los frailes por acá,/
Todos se muestran quejosos/ ninguno contento está/
y sólo los traidores godos/ gozan de tranquilidad.../
Pobre munícipes godos!// refiriéndose
a los cabildantes Gabriel García Gómez
y Manuel de Aguirre que tras de prestar el juramento
a la Patria el 9 de Octubre y haber contribuido con
650 y 2.000 pesos respectivamente para las armas patriotas,
se habían quedado sin sus puestos en el Cabildo.
Igual cosa le ocurrió al Administrador de la
Aduana Nacional, Juan Barnot de Ferruzola, que aunque
también había jurado el mismo día
9 y contribuido con 800 pesos, fue declarado vacante
en sus funciones por el Colegio Electoral.
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