TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


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PRIMEROS COLONIZADORES EN ESMERALDAS
Durante los días de la conquista española habitaban el territorio de Esmeraldas unas cuantas tribus indígenas de escasa cultura e importancia tales como los Miguas Lachis, Campaces, Malabas y Cayapas y como por su posición geográfica Esmeraldas es la región más cercana al itsmo de Panamá, nuestras primeras autoridades coloniales se interesaron en incorporar la selva a la civilización y enviaron numerosas expediciones que entrando por Guayaquil, atravesando Daule y las actuales planicies de El Empalme y Balzar arribaban al Sur de Esmeraldas. Otras vías de penetración partían de la sierra, por el valle del Chota y desde Quito por la región de los Indios Yumbos.

Por Quito entró a Esmeraldas Alonso de Rojas con 100 hombres; Gaspar de Valderrama con 60; Ochoa, que muere en la empresa y es sucedido por Bazán, que la continúa con 80 soldados; Simón de Zarate - Chacón, con 50 hombres; los Capitanes Juan Mosquera, Benavente, Alonso Vera, Cristóbal de la Carrera, Lucas Porcel.

De Pasto y por Barbacoas fueron a Esmeraldas los Capitanes Juan Sánchez Rosero con 65 soldados y Galindez que estuvo un año visitando la zona para encontrar las fabulosas minas de esmeraldas cuya secreta ubicación sólo conocían los indios Malabas, según se decía.

Posteriormente visitaron las selvas esmeraldeñas los Capitanes Alvaro de Zúñiga y Andrés Contero, vecinos de Guayaquil, que se emprocieron en la empresa.

EXPEDICION DE ALVARO LOPEZ DE ZUÑIGA
Hacia 1566 salió Alvaro López de Zúñiga por el camino de Daule a Portoviejo donde embarca. Llegado a las costas avanzaron hasta topar con un caserío de negros y toman prisioneros; siguió a la tribu de los Campaces, lucharon cuatro horas y se retiraron, heridos y maltrechos de regreso a Guayaquil.

Los actuales negros esmeraldeños descienden de una partida de esclavos que se salvaron de un naufragio frente a esas costas nadando en la obscuridad. Venían de Panamá con destino a Guayaquil y Lima y se organizaron bajo el mando de Alonso de Illescas que hablaba español por haber vivido en Sevilla con su amo por muchos años. En la selva tuvo varios hijos: Alonso, Enrique, Sebastian y María, casada con un náufrago portugués llamado Gonzalo. Illescas fue hombre civilizado, no así Antonio, su mortal rival negro, sacado de las selvas del Congo sin ningún roce cultural y que a pesar de hablar español, era nómada, andaba desnudo y sólo atinaba a explotar a los indios que encontraba.

EXPEDICION DE ANDRES CONTERO
Dos años después, en 1568, el Visitador General del Perú, Licenciado Vaca de Castro, encargó al Capitán Andrés Contero la realización de una expedición a Esmeraldas. Contero era hombre de edad, fama y prestigio, sus aventuras podrían llenar un libro. Nació en España y llegó de cortos años a Panamá, donde se alistó como mozo de silla de jineta de Vasco Núñez de Balboa, siendo el primero en divisar el Océano Pacífico y entrar en sus aguas hasta la cintura al grito de: "Estas tierras son para mi Rey de España". En la Isla de la Gorgona cruzó la raya que Pizarro trazó en la arena, después lo ayudó en la captura del Inca Atahualpa, tomándole del brazo en medio del estruendo de los cañones y bajando al monarca al suelo, de las andas doradas en que era transportado por la plaza de Cajamarca. Carlos V lo premió haciéndole Caballero de la Espuela Dorada y el Consejo de Indias le concedió el Corregimiento de Guayaquil en propiedad.

Con estos antecedentes nadie dudaba que Contero triunfaría en la expedición. En Octubre salió de Guayaquil y subió por las aguas del río Babahoyo hasta Huili, donde fundó la Villa de Castro en honor del licenciado Vaca de Castro su protector, creyendo que estaba en tierras de Esmeraldas, cuando aún no había salido de los límites de su Corregimiento; con posterioridad se deshizo la nueva ciudad por orden de la Audiencia.

Contero estaba confundido por la geografía boscosa de la región de Quevedo y decidió seguir el río Daule en busca de las fabulosas minas de Esmeraldas, que según decían los indios, se hallaban cerca de la cordillera, por la región de Angamarca; nada encontró y regresó a Guayaquil dejando a su yerno el Capitán Martín González de Carranza al mando de la expedición, éste aguardó un año y viendo que no tenía noticias de su suegro regresó a Portoviejo donde estaba domiciliado con su esposa Ana Contero y Ponce, más, en el trayecto, fue herido y murió pocos días después en una huasabara con los indígenas de esas zonas. Años después Contero reclamó a Felipe II las encomiendas de esta zona, con las parcialidades indígenas de Baba, Mapán, Mompenitos y Pimocha, que le fueron concedidas por dos vidas para él y un descendiente.

LITIGIOS LEGALES EN LIMA
Contero llevó en su expedición a los Capitanes Alvaro de Figueroa y Rodrigo de Rivadeneyra; el primero le disputó sus derechos a la Gobernación de Esmeraldas manifestando que por haber expedicionado en compañía de Alvaro López de Zúñiga, le correspondía proseguir tal empresa. El asunto llegó a Lima y Contero salió favorecido; pero años después, en 1594, vendió sus derechos a Rivadeneyra, solicitando al Rey el respectivo traspaso y reconocimiento.

Contero fue hombre jovial y hablantín, ya viejo , en nuestro puerto, contaba sus aventuras indicando que había tenido que construir balsas para remontar contra corriente el río Santiago, sacándolas a tierra en algunos trechos por existir caídas y bajíos, para llevarlas cargadas en las espaldas durante seis días con sus noches. En otras ocasiones se dividían en grupos, haciendo anotaciones secretas en cortezas de árboles para no perderse y enterrando botellas de cristal con papeles escritos debajo de algunos troncos. Con este primitivo sistema pudieron sobrevivir tantos meses en condiciones de grave peligro.

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