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MEDICOS
Y BRUJOS
Antes de la llegada de los conquistadores
crecía en las riberas del Guayas donde se levantan
las Peñas, la simpar y milagrosa raíz
de Zarzaparrilla, tiñendo de rojas las aguas
y muchos enfermos se bañaban al pie del cerro
Santa Ana, balneario de aguas medicinales que conseguía
curar sus dolencias, regresando a sus pueblos con
botijas llenas del agua milagrosa para las enfermedades
de la piel.
Para los huancavilcas la muerte no era un fenómeno
natural en el proceso de la vida sino un signo inequívoco
de acciones maléficas, por eso practicaban
la magia, para impedir que las enfermedades pudieran
ser pasadas por los enemigos como misteriosas e invisibles
flechas. Los brujos creían estar en comunicación
constante con los espíritus, que podían
ser buenos o Dioses protectores y malos o demonios
destructores. Con todos había que relacionarse
mediante la ingestión de drogas tóxicas
y alucinantes, preparadas con yerbas trituradas en
piedras durante las ceremonias rituales que precedían
al baile o danza de "Llamado al convite."
Con la conquista terminaron estas bárbaras
costumbres pues los sacerdotes pusieron mucho empeño
en acabar con la práctica de la brujería,
que bien podría ser considerada como medicina
empírica o precolombina.
Cada tribu tenía su brujo, medico o chamán
cuyos conocimientos botánicos no eran escasos,
si creemos al cronista Fray José de Acosta,
quien escribió que los espíritus de
los antepasados tenían el don de la comunicación
con sus descendientes por medio de señales
o enfermedades, de allí que al presentarse
los primeros síntomas los enfermos corrían
a las tumbas llevándoles comidas y bebidas,
pues se perseguía la revocatoria de la orden
en ultratumba. Esta idea aun se mantiene en algunas
tribus del Amazonas.
Tampoco era raro encontrar sacrificios y hasta hoy
se acostumbra para el día de difuntos sacar
artísticas creaciones de panes con figuritas
humanas (guaguas de pan) en pálido sustituto
de los sacrificios de los niños que se hacían
a los dioses hasta hace apenas cuatro siglos, cuando
fallecía un Cacique.
En poblaciones como Progreso el 2 de Noviembre se
traslada las gente al cementerio portando viandas
de comida para permanecer el día haciendo camping
con sus muertos; costumbre que esconde el llamado
de la raza y de los siglos, que pide alimento al difunto
para evitar sus ponzoñosas flechas enfermantes.
La prehistoria aun ruge entre nosotros, solamente
que no nos damos cuenta de ello porque un ligero barniz
de civilización oculta el origen y significado
de las costumbres de nuestro pueblo.
Hacia fines del siglo XVIII figuraba en Guayaquil
don Diego Sono Huerta Tupac — Yupanqui, cirujano
descendiente de Caciques de Lambayeque; también
ejercía el Dr. José del Pulgar, a quien
se ha calificado de protomédico.
Por los años de la revolución del 10
de Agosto recetaba en Quito el Dr. Vicente Alvarez,
botánico y naturalista que curaba con plantas
a su numerosa clientela.
El Dr. José Mejía había viajado
a Cádiz donde tuvo una destacada actuación
en las Cortes y falleció de fiebre amarilla
en 1813. Fray José Mariano del Rosario, de
la Orden de los betlemitas, había llegado a
Quito procedente de Cajamarca, haciéndose acompañar
de un indio llamado Juan Benítes Espejo (padre
del Precursor) en Quito mejoró sus conocimientos
de botánica y pasó a ser considerado
un maestro. Eugenio Espejo creció viéndole
recetar y luego se aprovechó de la rica biblioteca
de los jesuitas para aumentar sus conocimientos científicos;
mas sus ideas de renovación le concitaron el
odio de las autoridades y la emulación del
cuerpo médico, fue perseguido y encarcelado
y falleció de disentería. Después
de 1820 practicaban medicina en Guayaquil los Dres.
Carlos Moore, venido con los ejércitos de Sucre,
que peleó en Yaguachi y en el segundo Huachi.
El médico mejicano José Francisco Araujo
sirvió sin sueldo en 1821. Henry Ogle prestó
su casa para que se reunieran en Noviembre de 1820
los conjurados contra el despotismo del Ten. Cor.
José Gregorio Escobedo. En la Grancolombia
encontramos al mulato Cor. Cerveleón Urbina,
cirujano de quien se decía que era muy aventajado
caballero y médico. En Quito casó con
Mana Borja y Tinajero viuda .de Martín de Chiriboga
y León, realista riobambeño que estuvo
a punto de ser declarado Marques del Chimborazo por
Fernando VII, quedando sin el título por haberse
interpuesto la independencia. El Dr. José Lamprea,
natural de Bogotá, peleó en Tarqui;
el italiano Camilo Marquizo llegó a Coronel;
Juan Bautista Destruge también lo fue y además
ocupó la plaza de Cirujano Mayor del Ejército
Libertador. Era Francés de nacimiento y su
hijo Alcides fue médico en Guayaquil, originando
a la familia Destruge Illingworth de su matrimonio
con Carmen Illingworth Decimavilla.
Ya en la república descolló el Dr. Francisco
Martínez Aguirre, a) El Perico Martínez,
por el seudónimo que utilizó en una
de sus publicaciones políticas en 1893, inventó
unas pinzas quirúrgicas para usar en los partos.
Del Dr. Julián Coronel Oyarvide se cuenta que
era un gran clínico pero tenia muy mal carácter.
Un día que salía malhumorado como de
costumbre, de unos exámenes bastantes flojos,
vio pasar a dos burros por la vía y exclamó:
"Hola, hola muchachos, que hacen en media calle,
porqué no entran a donde sus compañeros..."
De Agustín Leonidas Yerovi se sabe que era
tan buen médico como excelente literato y economista.
A él debemos la primera biografía de
su amigo Juan Montalvo, en la que describió
sus últimos momentos en París. Fue un
convencido liberal, de espíritu aventurero
y por eso murió pobre.
Pedro José Boloña y Roca fue el primer
profesor de obstetricia que tuvo la Facultad de Medicina
de la Universidad de Guayaquil. Antes, el 2 de Mayo
de 1866, había combatido en las torres del
Callao contra la armada española del Almirante
Casto Méndez Núñez.
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