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FLAGELACIONES
Y SUPLICIOS
Parece raro que una niña de
esa edad pudiera desear una vida tan dura como la
que por su propia voluntad se impuso Mariana de Jesús;
pero si tomamos en consideración el misticismo
reinante en la época, así como la austeridad
de costumbres, no nos debe sorprender que en una ciudad
como Quito y en pleno tenebrismo de la contrareforma
en el siglo XVII, se dieran casos como este.
Y fueron tan duros los castigos corporales y el ayuno
impuesto que empezó a desmejorar a ojos vista,
para asombro de los curiosos vecinos del barrio que
diariamente la veían caminar a la Iglesia de
la Compañía en pos de misa y comunión.
Entonces Mariana pidió a Dios que le devolviera
la hermosura y así ocurrió, pensándose
que esto se debía a que había cesado
su ayuno.
En su cuarto tenia colocado un ataúd negro
con un simulacro de esqueleto cubierto con el sayal
franciscano que le serviría algún día
de mortaja. Una calavera y un crucifijo adornaban
su mesa de trabajo y en el único armario del
aposento guardaba numerosos silicios y otros instrumentos
de penitencia.
Bajo el lecho tenía una escalera que utilizaba
para las cuatro horas que dormía al día,
acostumbraba cargar por los corredores de la casa
una pesada cruz de madera rezando el Vía Crucis.
En el rostro llevaba un velo que cubría la
corona de espinas que siempre usaba. Diariamente tomaba
un poco de jugo de manzana o membrillo y esto solo
por consejo de sus superiores. ¡Era todo cuanto
ingería!
En el horario que se encontró después
de su muerte se anota que cinco horas al día
dedicaba a la oración, dos veces se disciplinaba
con sangre, cuatro horas dormía para reponer
fuerzas y el resto lo dedicaba a oraciones vocales,
rezo del oficio divino, enseñanza del catecismo
a los indios, examen de conciencia y trabajos manuales
para socorro de los menesterosos. Y así pasaron
catorce años.
OFRECIMIENTO Y ENTREGA
A DIOS
En febrero de 1645 ocurrió
un fuerte temblor en Riobamba; la ciudad quedó
destruida y ya eran dos los meses que Quito temblaba
continuamente por efecto de las convulsiones volcánicas
que experimentan los Andes; la ciudadanía vivía
en zozobra, pendiente de cualquier movimiento para
huir a las calles.
Mariana escuchó en la Iglesia de la Compañía
al famoso orador Padre Alonso de Rojas que dirigiéndose
a Dios exclamó: "Si para alzar de Quito
el azote de tu justa indignación -Oh Dios Mío!-
necesaria es una víctima, me ofrezco gustoso
por ella". Mariana, que solo contaba veintiséis
años se emocionó y exclamó: "Oh
Dios Mío, yo ofrezco mi vida por mi pueblo"
pues creyó que lo dicho por el orador sagrado
era cierto, cuando solo se trataba de una licencia
literaria, para dar mayor énfasis al discurso
y es fama que desde ese instante la ciudad volvió
a la tranquilidad porque desaparecieron los temblores,
pero la noble Mariana de Jesús, presa de un
mal desconocido, desfallecía. Ahora se comprende
que estaba sin proteínas pues a poco se le
declaró una hidropesía y murió.
SOLEMNES FUNERALES
EN QUITO
En esos momentos su Confesor el Hermano
Hernando de la Cruz aseguró que el alma de
tan angelical doncella pasó directamente al
cielo sin tocar en el purgatorio y que no debía
guardarse ningún luto, razón por la
que se adornó el cuarto donde permaneció
el cadáver con mucha riqueza y gusto, como
si se tratara de un convite. ¡Todo estaba impregnado
en perfumes de su cuerpo!
Del hoyo donde la sirvienta Catalina echó la
sangre de Mariana que sus médicos le han extraído
para mejorarla, surgió una espléndida
azucena que floreció el mismo día de
su muerte, asombrando a los presentes por la belleza
de su flor. De aquí surgió el llamar
a Mariana de Jesús "La Azucena de Quito."
Provisionalmente la enterraron en la Iglesia de la
Compañía al lado del altar de San José,
en un cuerpo de bóvedas de propiedad de Juan
de Vera y Mendoza, por no estar terminado el altar
de la Virgen de Loreto, donde lo había solicitado
la propia Mariana.
El publico, concurrió en masa queriendo verla
y tocar sus restos con medallas y rosarios. Los ancianos
y pordioseros que ayudó en vida lloraban incesantemente.
El Padre Alonso de Rojas tomó la palabra y
lo hizo tan bien que su Oración Fúnebre
salió impresa en Lima; finalmente, se recitaron
poesías en castellano y latín alusivas
a su vida y obras, que fueron favorablemente acogidas
y comentadas y que bien pudieron haber sido recogidas
en un grueso volúmen de haber existido la imprenta
en Quito.
HONORES DE LA IGLESIA
CATOLICA
Pío VI declaró el 19
de Marzo de 1776 que las virtudes de nuestra compatriota
hablan sido en "grado heroico". Pío
IX la beatificó en 1853 y Pío XII la
elevó a los altares en el Año Santo
de 1950, tras largos trámites y con declaraciones
juradas de más de 53 testigos en el proceso
que inició el Obispo de la diócesis
quitense Dr. Alonso de la Peña y Montenegro,
el día 23 de Septiembre de 1670, accediendo
a un pedido formulado por el Procurador General del
Cabildo, Capitán Baltazar de Montesdeoca.
Entre las biografías de Mariana de Jesús,
la más antigua es la que escribió el
guayaquileño Jacinto Moran de Butrón
y Rendón, jesuita notable de época posterior
a la de nuestra santa, ya que el Padre Moran nació
en este puerto, el día 9 de Mayo de 1668, es
decir, 23 años después del fallecimiento
de Mariana. (1).
La biografía del Padre Moran es también
la más completa por la prolijidad desplegada
por el autor en constatar las citas y juramentos del
proceso canónico iniciado en 1670 en Quito,
demostrando dotes de investigador paciente y veraz.
Escribió la primera versión por orden
del Provincial de los jesuitas, Padre Diego Francisco
Altamirano, que lo obligó en 1695; demoró
dos años en esta labor y entregó los
originales en 1697 a
(1) Para escribir su historia el Padre Moran
dee Butrón utilizó los papeles recogidos
por el Padre Pedro Alcocer y unos apuntes que dicho
religioso tenia manuscritos y que no pudo concluir
por su temprana muerte. En 1746 Moran de Butrón
declaro bajo juramente» en Guayaquil y dentro
del Proceso Canónico de Beatificación,
cuales habían sido las fuentes consultadas.
Nota del Autor.
dos sobrinos nietos de la santa para que los llevaran
al Perú e hicieran publicar, mas, fue el caso,
que ambos murieron sin ver coronados sus esfuerzos,
perdiéndose el libro entre los papeles del
archivo episcopal de Arequipa en 1702 Moran de Butrón
no se desalentó y entregó una segunda
versión en 1706 a dos padres jesuitas que también
llevaron una copia de los procesos canónicos
por Panamá a Roma, para interesar al Papa en
la canonización de Mariana de Jesús.
El barco en que viajaban los religiosos fue asaltado
por piratas ingleses y hundido en pleno mar Caribe,
entre Portovelo y Cartagena de Indias, perdiéndose
todo en medio de las aguas.
Por fin, nuestro paisano, en 1724, entregó
una tercera copia que salió impresa en Madrid
ese año, con el nombre de "La Azucena
de Quito, que brotó del florido campo de la
Iglesia en las Indias Occidentales, la venerable virgen
Mariana de Jesús Paredes y Flores, admirable
en virtudes, profecías y milagros."
RAREZAS BIBLIOGRAFICAS
Del Compendio de la Obra del Padre
Moran de Butrón, que Manuel Guerrero de Salazar
y del Caso publicó en 1702 en Lima. únicamente
se conocen dos ejemplares, uno en Quito y otro en
la capital del Perú, siendo por lo tanto una
rareza bibliográfica imposible de conseguir.
La obra original del mencionado Moran de Butrón
impresa en 1724 en Madrid, es también difícil
de leer porque los ejemplares que aun quedan no están
en venta.
En cuanto al original en Arequipa, por aquellas rarezas
de la vida fue descubierto en Lima en 1949, por un
distinguido jesuita investigador del pasado religioso
americano, que la remitió en obsequio a la
biblioteca de Cotocollao donde actualmente reposa
con la importancia que merece, porque el Padre Jacinto
Moran de Butrón, siendo hagiógrafo fue
también historiador, razón por la que
el Centro de Investigaciones Históricas de
Guayaquil, en 1930 lo declaró en homenaje publico:
"Iniciador de los Estudios históricos
de la Patria."
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