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LA RICA PIÑA MILAGREÑA
Cuenta la tradición que en 1786 un vecino del
caserío Chirijo llamado Miguel Salcedo, pidió
al Cabildo, que en homenaje a la milagrosa curación
de unas fiebres malignas que habían atacado
a su esposa doña María, se cambiara
de nombre al sitio poniéndole "El Milagro”,
y agregaba que el milagro había corrido por
cuenta de San Francisco de Asís, de quien era
muy devoto.
Para la independencia Milagro, así a secas,
fue elevado a la categoría de Recinto, designándose
a Francisco Javier de Mora para Alcalde.
Los vecinos de Yaguachi protestaron por que con tal
motivo se había instaladoen Milagro una "casa
de pulpería" para comprar y vender víveres
y como situada más hacia la sierra que Yaguachi,
podría tomar ventajas, dejando a los yaguachenses
sin provisiones y lo que era peor, sin negocio. En
agosto de 1821 algunos milagreños pidieron
a Olmedo que les permitiera levantar una capilla indicando
que las personas sumaban más de seiscientos
y que, aunque solo estaban a escasas cuatro leguas
de Yaguachi, en invierno se ponían los caminos
intransitables por las lluvias y en verano por el
polvo, entorpeciendo y fatigando a los piadosos habitantes
cada vez que iban a misa.
La solicitud fue aceptada y pocos meses después
tenían su capilla. Cuatro veces al año
el cura de Yaguachi visitaba Milagro para confirmar,
bautizar, casar, confesar y dar la comunión
a sus feligreses. En cada ocasión celebraba
el Dr. Francisco Javier de Garaycoa una misa en latín,
con la pompa necesaria y revestido de ornamentos sagrados
como imponía la liturgia. Días de gloria
aquellos en que los milagreños celebraban sus
misas.
Sin embargo no todo fue fiesta y lisonja, pues el
9 de marzo de 1841 y mientras se celebraba la procesión
de San Jacinto de Polonia en Yaguachi, el fuego de
una vela contaminó una pared de caña
y se fue todo el poblado tan violentamente, que casi
nadie pudo salvar sus cosas, quedando en la más
completa indigencia. El gobernador Vicente Rocafuerte
ordenó el traslado de la población a
la zona que actualmente ocupa, más cercana
a Guayaquil, pero no todos acataron la orden y una
minoría prefirió irse a vivir a Milagro,
por estar próximos a sus cultivos y siembras.
Así, a costillas de Yaguachi, crecía
Milagro en importancia y población; mas, la
avalancha de nuevos vecinos, trajo también
una serie de problemas, el peor de todos fue el habitacional,
pues el recinto era estrecho y no proporcionaba comodidades
mayores, por lo que María Coello pidió
al Cabildo Guayaquileño que le proporcionaran
unos terrenos para aumentar la zona habitable.
Coincidió este auge con otra catástrofe
igualmente importante, resultó que por esos
días se declaró una rara peste en Guayaquil
que después se supo era la temible fiebre amarilla
que tantas víctimas había cobrado en
Siam y Panamá.
Los milagreños fueron de los últimos
en ser contagiados, pues primero se enfermaron sus
vecinos de Yaguachi. Que entre noviembre del 42 y
febrero del 43 muriendo mas de trescientos, suma exorbitante
para esa fecha, que Yaguachi a duras penas contaría
con 3.000 personas.
A fines de 1842 ya se anotaban algunos casos en Milagro
y entonces el pánico cundió entre las
familias y habiendo emigrado algunas al campo o la
montaña llevaron el contagio sin saberlo, de
suerte que la peste siguió hasta esos apartados
rincones, generalizándose en todo el litoral.
Milagro y Yaguachi quedaron prácticamente deshabitados
y como pueblos fantasmas de los que aparecen en las
películas del antiguo oeste, pues ninguno quizo
esperar sentado la muerte y cerraban sus casas y se
iban a donde podían. Recién en abril
de 1843 se normalizó la vida urbana con el
regreso de los sobrevivientes; unos tan demacrados
(eran los que habían enfermado pero no muerto)
que más parecían espectros, y otros
mostrando aun la preocupación y el susto.
En 1874 el ferrocarril de García Moreno hizo
su arribo triunfal a Milagro uniéndola con
Yaguachi, punto de partida. Milagro servía
de estación intermedia y contaba con una caseta
desde la cual el jefe ad—honorem Alcides Andrade
Manrique, huido de Ibarra a consecuencia del terremoto
de 1868, dirigía el tráfico de la locomotora
y enviaba mensajes telegráficos.
Otras estaciones menores estaban en Chobo, el Arenal,
Venccia. Naranjito y Barraganctal.
En 1894 Milagro se levantó en armas contra
el régimen progresista del Presidente Luis
Cordero, al mando de los guerrilleros estuvo Enrique
Valdés Concha quien se unió a Plutarco
Bowen en Daule y juntos ingresaron a Guayaquil; para
entonces se había generalizado la revolución
liberal y triunfaban los alzamientos armados.
Poco después Alfaro derrotó a los ejércitos
conservador y progresista en la célebre batalla
de Gatazo, siguiendo a Quito y tomando posesión
del gobierno.
Mientras tanto Milagro continuaba su vida bucólica
y pueblerina a la sombra de las instalaciones industriales
del Ingenio Valdés. Para 1911 nuevamente Milagro
se alzó en armas con Enrique Valdés
Concha y apoyó al ejercito constitucionalista
de Julio Andradc y Leonidas Plaza, que derrotó
en Yaguachi a las fuerzas de Flavio Alfaro y Pedro
J. Montero, quienes se retiraron a Guayaquil. En 1912,
se formó un comité pro Canonización,
lo presidía Ernesto M. Seminario, rico propietario
de la zona y el 7 de septiembre, el Presidente del
Congreso, Miguel Valverde logró la aprobación
y firma.
Desde entonces Milagro no ha dejado de crecer al punto
que hoy es la cuarta ciudad en población de
la República, detrás de Guayaquil, Quito
y Cuenca. La bandera cantonal es blanca y verde en
franjas iguales y horizontales, con cinco estrellas
rojas en la punta superior derecha que simbolizan
a las parroquias que componen el Cantón. Su
escudo es cuartelado: lo. y 4o. De plata, con una
caña de azúcar de sinople y una espiga
de arroz de oro, respectivamente.— 2o. y 3o.
de azur, con una punta de hacha indígena de
oro y una rueda del progreso de oro, respectivamente.—Bordura
de gules con ocho piñas de oro.— Leyenda
inferior: Sobre una cinta blanca y verde, en fajas
horizontales, la siguiente frase: "San Francisco
de Milagro" y dos fechas 1786 y 1913, del milagro
y la cantonización.
La versión del escudo fue adoptada en Agosto
de 1964 por el Concejo Cantonal presidido por el doctor
Alejandro Zaldúa Vallejo e integrado por los
ediles José Lappenti Acuña, Gonzalo
Salas Pazmiño, doctor Alberto Serrano Gatgens,
Luis A. Viteri Gamboa, Rodolfo Rodríguez Rodríguez
y Héctor Arrregui Chávez; su autor es
quien escribe estas líneas, y el coro de su
Himno dice:
Tierra dulce, ardorosa, fecunda;
por todo ello, más madre y más tierra
¿Qué tesoro, tu entraña no encierra?
¿Qué dulzura tus senos no dan?
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