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TOMO III
TOMO IV
     


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LA QUIMERA ALQUIMICA
"Considerada largo tiempo como una quimera, la alquimia interesa cada día más al mundo científico puesto que se ha comprobado la posibilidad de disociación de los elementos químicos primarios simples que antes se tenían por absolutos; así pues, el universo no es una suma de cuerpos inertes sino la asociación de ellos. De allí a la trasmutación de los metales hay solo un paso para obtener oro o plata del simple plomo, a través de un crisol alimentado de fuego y por medio de una sustancia tan rara y peregrina que nadie conoce su exacta composición y que se llama en la historia con el nombre hermético de "la piedra filosofal".

Pero no se crea que el asunto es fácil pues se ignora como preparar la piedra y aunque muchísimos sabios de la antigüedad experimentaron por años para obtener su composición, parece que todos o casi todos fracasaron; conociéndose, eso sí, que la piedra contiene azufre y mercurio entre otros cuerpos, pero nada más.

El oro que resultaría de estos experimentos, por su condición de oro purísimo ha sido llamado no sin razón "oro filosófico" y aquí entramos en otro género de consideraciones porque los alquimistas clásicos fueron de dos órdenes; los puramente trasmutadores que intentaban su obra por la vía seca o caliente y los filosóficos superiores que buscaban la eterna juventud y/o la vida eterna y que lo hacían por la vía húmeda o fría. Para ambos grupos la alquimia era una ciencia hermética, con lenguaje propio y cabalístico y sus adeptos formaban una sociedad secreta que ha subsistido hasta nuestro días, por los menos en Francia, donde el más famoso es Eugene Canseliet, célebre prologuista de los libros del misterioso maestro "Fulcanelli", seudónimo bajo el que aparentemente se esconde Canseliet, pues Fulcanelli viene del italiano Fulcan que significa volcán, idea paralela a la ebullición de los elementos químicos cuando entran en contacto entre sí y con la piedra filosofal que los trasmuta en oro o en plata.

El lenguaje cabalístico de los Tratados de alquimia se explica por la necesidad de trasmitir el secreto a través de palabras ininteligibles para los no iniciados. Esta costumbre de disfrazar la verdad en raros símbolos y palabras no es propiamente una costumbre alquímica. Los antiguos Oráculos de Grecia trasmitían sus mensajes en esta forma, los sacerdotes del Egipto imperial que formaban una casta cerrada y poderosa, poseían la lengua hierática que sólo ellos conocían. Entre los miembros de la familia imperial de los Incas del Perú era usual el habla cortesana o diplomática, donde cada palabra incluía una doble significación, la una aparente y la otra profunda. Los sacerdotes judíos escribieron la Cábala o libro de los jeroglíficos que tanto dolores de cabeza ha producido a los que han querido interpretarlo; en la Cábala se manejan las palabras y los números con significación ambivalente, pues a veces pueden significar algo diferente a su sentido y valor comúnmente aceptado.

Sin embargo de estos intrincados problemas, la alquimia sigue siendo materia de numerosas investigaciones en el mundo moderno. Unos la han llegado a considerar como el último residuo de un conocimiento antiquísimo, de los tiempos en que una civilización hoy desaparecida tenia el poder de disociar los átomos de los cuerpos para formar otros cuerpos diferentes, operación de reconstitución que se practicaría con métodos que no conocemos.

De todas maneras la alquimia medioeval a base de experimentos, unos fallidos y otros no tanto, dio paso a la moderna química, base de nuestra civilización. Los alquimistas antiguos se dividían en espagiritas o experimentadores y alquimistas o filósofos. Los primeros se dedicaban a la botánica y a los minerales y evolucionaron hacia los fármacos y las boticas. Los segundos podían intentar las trasmutaciones o subir a los grados superiores de iniciación para llegar a obtener la fuente de la eterna juventud y/o de la vida eterna. Estos últimos eran los místicos que gobernaban esa sociedad secreta solo para iniciados.

De todas maneras la lista de alquimistas europeos, aunque incompleta porque no contiene muchos nombres de ilustres científicos, es bastante impresionante. Comienza con el célebre Artefio (1.130) de quien se sabe que tenía laboratorio y hasta contaba con ayudantes. Luego viene el monje Roger Bacon llamado también "Doctor Admirabilis" (1214) el parisino Arnaldo de Vilanova (1245) autor de varios textos herméticos y el italiano Tomás de Aquino que la Iglesia ha llevado a los altares con el nombre de "Doctor angélicus".

En España surgió Raimundo Lulio, franciscano conocido como "Doctor Iluminatus" (1235); en Inglaterra "Roberto el inglés" (1330) que escribió "Correctum Alchymiae"; en París Jehan de Meun, llamado Clopinel" (1280) coautor de "Román de la Rose"; Grasseo u "Hortulano", comentarista de la "Tabla de la Esmeralda" y el más famoso de todos Nicolás Flamel, de quien se asegura por su gran fortuna que si logró sus objetivos (1330).

Casi en los albores del Humanismo la lista se alarga con el monje benedictino Basilio Valentín (1413) considerado el más notable artista hermético de todos; ysu compatriota alemán "Tritemio". En el siglo XVI trabajó el gran médico "Paracelso" en alquímicos experimentos y en el XVII Láscaris, D' Espagnet y el misterioso Ireneo Filaleteo, llamado el "enigma vivo porque su personalidad jamás pudo descubrirse" y del que solo ha quedado un libro.

Así pues, en llegando al siglo XX volvemos a hallar tratadistas alquímicos de tanto valer con Canseliet y Fulcanelli, a quien se asegura que no se ha vuelto a ver desde hace muchos años, pues "habiendo descubierto la fuente de la eterna juventud como el Doctor Faustus de Goethe, vive retirado y cambiando de moradas para proteger su vida y su invalorable secreto." Puro cuento opino yo.

En nuestra patria solo se conoce que haya practicado la alquimia, por una poesía escrita en lenguaje esotérico que nos ha dejado, el insigne Padre jesuita Juan Bautista Aguirre Carbo, oriundo de Daule, en la provincia de Guayaquil, que también es autor de un "Tratado de Física" que acaba de ser traducido del latín y consta impreso por la Universidad Católica de Quito. El Padre Aguirre sufrió la expulsión, al llegar a Europa se enroló con los iniciados que vivían en Italia y escaló posiciones hasta colocarse de secretario de un futuro pontífice.