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LA QUIMERA
ALQUIMICA
"Considerada largo tiempo como
una quimera, la alquimia interesa cada día
más al mundo científico puesto que se
ha comprobado la posibilidad de disociación
de los elementos químicos primarios simples
que antes se tenían por absolutos; así
pues, el universo no es una suma de cuerpos inertes
sino la asociación de ellos. De allí
a la trasmutación de los metales hay solo un
paso para obtener oro o plata del simple plomo, a
través de un crisol alimentado de fuego y por
medio de una sustancia tan rara y peregrina que nadie
conoce su exacta composición y que se llama
en la historia con el nombre hermético de "la
piedra filosofal".
Pero no se crea que el asunto es fácil pues
se ignora como preparar la piedra y aunque muchísimos
sabios de la antigüedad experimentaron por años
para obtener su composición, parece que todos
o casi todos fracasaron; conociéndose, eso
sí, que la piedra contiene azufre y mercurio
entre otros cuerpos, pero nada más.
El oro que resultaría de estos experimentos,
por su condición de oro purísimo ha
sido llamado no sin razón "oro filosófico"
y aquí entramos en otro género de consideraciones
porque los alquimistas clásicos fueron de dos
órdenes; los puramente trasmutadores que intentaban
su obra por la vía seca o caliente y los filosóficos
superiores que buscaban la eterna juventud y/o la
vida eterna y que lo hacían por la vía
húmeda o fría. Para ambos grupos la
alquimia era una ciencia hermética, con lenguaje
propio y cabalístico y sus adeptos formaban
una sociedad secreta que ha subsistido hasta nuestro
días, por los menos en Francia, donde el más
famoso es Eugene Canseliet, célebre prologuista
de los libros del misterioso maestro "Fulcanelli",
seudónimo bajo el que aparentemente se esconde
Canseliet, pues Fulcanelli viene del italiano Fulcan
que significa volcán, idea paralela a la ebullición
de los elementos químicos cuando entran en
contacto entre sí y con la piedra filosofal
que los trasmuta en oro o en plata.
El lenguaje cabalístico de los Tratados de
alquimia se explica por la necesidad de trasmitir
el secreto a través de palabras ininteligibles
para los no iniciados. Esta costumbre de disfrazar
la verdad en raros símbolos y palabras no es
propiamente una costumbre alquímica. Los antiguos
Oráculos de Grecia trasmitían sus mensajes
en esta forma, los sacerdotes del Egipto imperial
que formaban una casta cerrada y poderosa, poseían
la lengua hierática que sólo ellos conocían.
Entre los miembros de la familia imperial de los Incas
del Perú era usual el habla cortesana o diplomática,
donde cada palabra incluía una doble significación,
la una aparente y la otra profunda. Los sacerdotes
judíos escribieron la Cábala o libro
de los jeroglíficos que tanto dolores de cabeza
ha producido a los que han querido interpretarlo;
en la Cábala se manejan las palabras y los
números con significación ambivalente,
pues a veces pueden significar algo diferente a su
sentido y valor comúnmente aceptado.
Sin embargo de estos intrincados problemas, la alquimia
sigue siendo materia de numerosas investigaciones
en el mundo moderno. Unos la han llegado a considerar
como el último residuo de un conocimiento antiquísimo,
de los tiempos en que una civilización hoy
desaparecida tenia el poder de disociar los átomos
de los cuerpos para formar otros cuerpos diferentes,
operación de reconstitución que se practicaría
con métodos que no conocemos.
De todas maneras la alquimia medioeval a base de experimentos,
unos fallidos y otros no tanto, dio paso a la moderna
química, base de nuestra civilización.
Los alquimistas antiguos se dividían en espagiritas
o experimentadores y alquimistas o filósofos.
Los primeros se dedicaban a la botánica y a
los minerales y evolucionaron hacia los fármacos
y las boticas. Los segundos podían intentar
las trasmutaciones o subir a los grados superiores
de iniciación para llegar a obtener la fuente
de la eterna juventud y/o de la vida eterna. Estos
últimos eran los místicos que gobernaban
esa sociedad secreta solo para iniciados.
De todas maneras la lista de alquimistas europeos,
aunque incompleta porque no contiene muchos nombres
de ilustres científicos, es bastante impresionante.
Comienza con el célebre Artefio (1.130) de
quien se sabe que tenía laboratorio y hasta
contaba con ayudantes. Luego viene el monje Roger
Bacon llamado también "Doctor Admirabilis"
(1214) el parisino Arnaldo de Vilanova (1245) autor
de varios textos herméticos y el italiano Tomás
de Aquino que la Iglesia ha llevado a los altares
con el nombre de "Doctor angélicus".
En España surgió Raimundo Lulio, franciscano
conocido como "Doctor Iluminatus" (1235);
en Inglaterra "Roberto el inglés"
(1330) que escribió "Correctum Alchymiae";
en París Jehan de Meun, llamado Clopinel"
(1280) coautor de "Román de la Rose";
Grasseo u "Hortulano", comentarista de la
"Tabla de la Esmeralda" y el más
famoso de todos Nicolás Flamel, de quien se
asegura por su gran fortuna que si logró sus
objetivos (1330).
Casi en los albores del Humanismo la lista se alarga
con el monje benedictino Basilio Valentín (1413)
considerado el más notable artista hermético
de todos; ysu compatriota alemán "Tritemio".
En el siglo XVI trabajó el gran médico
"Paracelso" en alquímicos experimentos
y en el XVII Láscaris, D' Espagnet y el misterioso
Ireneo Filaleteo, llamado el "enigma vivo porque
su personalidad jamás pudo descubrirse"
y del que solo ha quedado un libro.
Así pues, en llegando al siglo XX volvemos
a hallar tratadistas alquímicos de tanto valer
con Canseliet y Fulcanelli, a quien se asegura que
no se ha vuelto a ver desde hace muchos años,
pues "habiendo descubierto la fuente de la eterna
juventud como el Doctor Faustus de Goethe, vive retirado
y cambiando de moradas para proteger su vida y su
invalorable secreto." Puro cuento opino yo.
En nuestra patria solo se conoce que haya practicado
la alquimia, por una poesía escrita en lenguaje
esotérico que nos ha dejado, el insigne Padre
jesuita Juan Bautista Aguirre Carbo, oriundo de Daule,
en la provincia de Guayaquil, que también es
autor de un "Tratado de Física" que
acaba de ser traducido del latín y consta impreso
por la Universidad Católica de Quito. El Padre
Aguirre sufrió la expulsión, al llegar
a Europa se enroló con los iniciados que vivían
en Italia y escaló posiciones hasta colocarse
de secretario de un futuro pontífice.
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