TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


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LOS MERCEDARIOS Y EL CAMINO DE MALDONADO
A fines del siglo XVI el quinto Presidente de la Audiencia Dr. Manuel Barros de San Millán, encargó al Oidor Juan Barrio de Sepúlveda, la colonización de los territorios de Esmeraldas. Por esos días el Superior de los Mercedarios de Quito Fray Juan Salas, envió a Fray Gaspar de Torres a la región de los indios yumbos que habitaban desde las estribaciones de Nono y el poblado de Niguas cerca del río Inga en la costa. (1)

La Misión evangelizadora rindió frutos porque el Mercedario con gentileza y don de persuación, bautizó a cientos de salvajes e internándose entre los Cayapas fundó los pueblos de Nuestra Señora de Guadalupe y Pueblonuevo del Espíritu Santo, que tuvieron cortas vidas pues poco después se los fue tragando la selva.

El Padre Torres retornó a Quito en 1598 con algunos indios y mulatos y acompañado de Juan Mangache, negro cimarrón recién bautizado y vestido a la usanza española. Sepúlveda se entusiasmó con este éxito y hasta lo agasajo con esmeraldas, ordenando al pintor Andrés Sánchez Gallque que retratara a Mangache para enviar su efigie al rey Felipe II, en señal de triunfo, por la conversión del feroz caudillo.

NUEVAS MISIONES MERCEDARIAS
Muy contentos con las aventuras del Padre Torres los Mercedarios organizaron una segunda Misión que confiaron al Padre Juan Bautista de Burgos, quien atravezó la selva y por fin logró arribar a las costas esmeraldeñas, bautizando a cuanto salvaje encontraba a su paso.

(1) Yumbos o Chonos, como ya se ha visto.

En la bahía de Atacames fundó en 1599 la población que aún perdura con ese nombre, y al año siguiente volvió a Quito con el negro Sebastián, hijo del Jefe Antonio de Illescas, que ya era fallecido.

El cuarto Obispo Fray Luis López de Solís confirmó en la iglesia de San Blas a los negros esmeraldeños y ante numeroso concurso de gentes que no cesaban de admirar los aretes de oro que portaban en las orejas, así como los de los labios y nariz. I a tal punto llegó el asombro que Sepúlveda mandó a retratar y la pintura aun se conserva en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

Del Obispo López de Solís cuenta González Suarez que era hombre piadoso, culto y de recto carácter y que estando de simple clérigo en el puerto de Cádiz y muy atareado en el muelle, haciendo subir el equipaje de sus compañeros agustinos que también viajaban a América, un hombre que pasaba por astrólogo y entendido en las creencias de las adivinanzas, mirándole fijamente al rostro, le dijo: "Padre: ¿Qué hace Ud. aquí? ¿Porqué no se va a Roma, pues Ud. llegará a ser el primero en religión en cualquier parte del mundo en que habite.... Vaya a Roma y será Papa".

I con el tiempo se realizó el pronostico porque el humilde religioso llegó a Jefe de la Diócesis quítense y cabeza de ese rebaño.

LOS INDIOS MALABAS
En esas andanzas se hallaban los Mercedarios en Quito cuando los indios Malabas de Esmeraldas, recelosos de las buenas intenciones de los frailes de Quito, se unieron a algunos Cayapas conversos y llegaron a Quito con mañas y engaños hasta las oficinas del Oidor Sepúlveda, a quien interrogaron ayudados por interpretes sobre los planes de colonización de Esmeraldas. Felizmente para las Misiones, Sepúlveda les habló de paz y de orden y los indios, dándose por satisfechos, volvieron a sus tierras, en la certeza de que no corrían peligro alguno.

Otro Misionero de importancia fue el español Hernando Hincapié, fraile que logro permanecer varios meses con algunos colonos en los pueblos de Guadalupe y Espíritu Santo.

FUNDACION DE MONTESCLAROS
En 1611 el Capitán Diego de Ugarte se asentó en las selvas con algunos civiles, soldados y con el Mercedario Fray Pedro Romero fundó el pueblo de San Ignacio de Montesclaros, dándose el raro caso que el Cacique Cayapa, indio gigantesco, queriendo probar al Padre Romero, le invitó a su humilde choza en la selva y después de ofrecerle joyas y bebidas alcohólicas que el religioso no pudo rechazar pues hubiera sido una grave ofensa para el anfitrión, le ofreció el espectáculo de un strep tease, como ahora se diría, de varias indias cubiertas con faldas que se iban quitando poco a poco en medio de un enloquecedor baile y al ritmo de los lejanos tambores de la tribu.

El pobre fraile supo resistir tamaña tentación y su anfitrión ya seguro de la intachable virtud de su huésped, se convirtió al catolicismo de buen grado. Semanas después y por rencillas entre los soldados de Ugarte y algunos indios, se alzaron los Cayapas en armas y mataron a la mayor parte de los vecinos, haciendo que los restantes huyeran de la población. Pocos regresaron a Quito y el Padre Romero entre ellos, pero muy enfermo a consecuencia de cinco heridas recibidas, muriendo días después, a pesar de las solícitas atenciones de sus hermanos en religión.

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