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LOS
DUCHICELAS DE YARUQUIES
Como toda familia real y más
aún si es Imperial y real al mismo tiempo,
los Duchicela de Yaruquíes son orgullosos de
su ancestro que según la genealogía
que ellos han podido conservar, arranca de Atahualpa
y de una princesa llamada Cori Duchicela, que tenía
su domicilio en la antigua población de Cacha,
hoy provincia del Chimborazo.
De esta unión no legítima, porque los
Incas estaban obligados a casarse solamente entre
hermanos, nació el Príncipe Inca Rocca,
que pasó oscuramente su vida en el interior
de la fortaleza de Cacha, después del hundimiento
del Imperio y de la muerte de su padre. Sin embargo
el pueblo de esta remota localidad lo reconoció
como heredero de los derechos de mando y gobierno
y le dio el título de Shiry Duchicela XVIII,
por ser éste el número que le correspondió
en la genealogía de sus antepasados, Poco o
casi nada se conoce del Inca Rocca, solamente que
los ambiciosos españoles, creyéndole
poseedor del secreto de los tesoros del Inca, querían
apresarlo para darle tormento y obligarle a confesar;
por esos sus fieles vasallos vivían escondiéndole
por los contornos, hasta que terminó por fijar
su domicilio en la cercana población de Yaruquíes,
donde nada indicaba su origen real. (1)
Así fue como este hijo de Atahualpa, para sobrevivir
en su desgracia, tuvo que dedicarse a la agricultura
como el resto de su gente y aunque su residencia vivía
permanentemente custodiada desde los cerros (todavía
se observan una serie de graderías y atalayas
construidas con dicho fin) la intranquilidad y la
zozobra fueron sus constantes compañeras. Entre
sus descendientes, en cambio, superados los peligros
de las primeras etapas de la conquista, reinó
la paz y la tranquilidad, como que nunca molestaron
a los nuevos señores de la tierra ni hicieron
valer derechos de propiedad sobre esas heredades.
(1) Bautizado con el nombre de Don Fernando.
A Rocca le sucedió su hijo Chasca y de allí
en adelante la genealogía se vuelve tribal,
es decir, que saltándose varias generaciones
por falta de documentos, se conserva la filiación
por varonía o tronco que es lo que interesa
recordar.
Así las cosas, a fines del siglo pasado vivía
en Yaruquíes doña Tomasa Duchicela,
hija de una Margarita, que fue propietaria en esa
población y nieta de otra Margarita que vivió
para la independencia y estaba cercanamente emparentada
con los Lobato Duchicela que probaron ante la Audiencia
de Quito su noble ascendencia indígena.
Esa Tomasa fue madre de don Huaraca Luis Felipe Duchicela,
XXVI de su genealogía, (según estudios
realizados por su hijo Don Huaraca Luis) a quien conocí
mucho por los años 50 cuando él vivía
en Guayaquil dedicado a la enseñanza y un día
tuvo la amabilidad de perder algunos minutos conmigo,
que era chico de no más de 11 años,
enseñándome las insignias reales de
su dignidad (el Llauto Imperial) que se había
mandado a fabricar con lana de vicuña o de
alpaca teñida de rojo; con borla y todo lo
demás.
Don Huaraca Luis era obeso y trigueño, indio
puro parecía, bajito y muy hablantín,
con la inteligencia propia de quién sabe que
vale y está orgulloso de ello. Muy orondo firmaba
con las tres plumas y aunque no faltaban los ignaros
que se sonreían a su paso, él no les
hacia caso y hacía bien, que no hizo Dios el
biscochuelo para la jeta del burro, como dice el refrán.
También don Huaraca Luis se las tenía
en algo con la iglesia por aquello de la muerte de
Atahualpa y por eso le puso a su primogénito
el nombre de Calvino, que luego se cambió a
Calvin, Este primogénito llamado Luis Felipe
Calvino Huaraca Duchicela XXVII Ramírez, nació
en Guayaquil el 19 de Septiembre de 1925, se educó
en los colegios Cristóbal Colón y Vicente
Rocafuerte y aunque siguió estudios en la Facultad
de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil,
prefirió la rama de contador y se graduó
en el Colegio Municipal Andrés Matheus. En
1946 trabajó en la Compañía Bananera
del Ecuador y en 1950 contrajo matrimonio con Olga
Isabel Santa Cruz. Para 1965 se trasladó a
residir a Costa Rica y en 1970 pasó a Panamá
como asistente de Contralor de la Chiriqui Land Co.,
puesto que seguía desempeñando con general
beneplácito; sin embargo, una afección
lo obligó a viajar a Galveston donde se trató
infructuosamente de cáncer, falleciendo de
59 años de edad. De su matrimonio ha dejado
a Luis Felipe, Jorge, Francisco, Carlos, Olga y Delia
Duchicela y Santa Cruz, XXVIII en la genealogía
de su familia, quienes tienen diferentes carreras
profesionales.
Y si alguna vez lector amigo, pasas por la ingenua
y dormida población de Yaruquíes, detén
tu marcha y pide que te enseñen la casa real
de los Duchicela, que aún encuentra en perfecto
estado de conservación a pesar de sus años
de existencia y está en una de las más
hermosas esquinas del poblado y entra en ella, con
el respeto propio que se le debe a las cosas nobles
y auténticas del pasado; allí encontrarás
una glorieta, sus interiores aromados de eucaliptos,
pobres pero limpios y muy bien ventilados, luego bajarás
las gradas circulares y entrarás al patio empedrado
que lleva a las caballerizas antiguas y a dos huertos
con árboles frutales y hermosas flores. ¡Entonces
sentirás que ha vuelto el pasado: la colonia!
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