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ULTIMA
RESISTENCIA DE RUMIÑAHUY
Después de la batalla de Tiocajas
Rumiñahuy escapó de Liribamba, donde
todo lo destruyó, mientras Benalcázar
se guarecía de la erupción volcánica.
El templo del sol estaba casi desprovisto de joyas
por haber sido saqueado por el Inca Illiscacha o Illescas
para pagar el rescate de su hermano Atahualpa. Lo
poco que quedaba lo tomó Rumiñahuy,
luego incendió la población y huyó
al norte. Las vírgenes del sol pasaban de 150,
fueron liberadas y sueltas en las calles y cada cual
tomó su portante en espera de alguna aventura
en esta nueva vida que se les abría, cuando
ya muchas no tenían mayores esperanzas por
haber envejecido en siempre ridícula la esclavitud
religiosa.
Luego pasó a Mocha donde no encontró
al Gobernador Zopozapanqui, que había huido
con el pretexto de no se qué comisión
en los campos y tras incendiar esta población,
hizo igual en Mullchambato y por último, cansado
de tanta sangre y destrucción, entró
en Quito, visitó el templo del sol convertido
en su harem personal y dijo;
- Señoras, alegraos, ya vienen los cristianos
y ustedes gozarán con ellos de sus deleites.
Algunas bobaliconas se rieron y fueron pasadas a cuchillo
en presencia de las otras. De allí en adelante
ninguna se rió ni con el más gracioso
chiste y con razón digo yo, que cuando las
cosas se ponen tan serias no es para menos. En Quito
Rumiñahuy lo destruyó todo, quemando
los restos, y habiendo salido hacia el norte y viendo
que aún no llegaban los españoles, volvió
a entrar para arrasar aún con los escombros,
para que no se sepa ni el lugar donde dicho tambo
estuvo situado. Cuéntase que Benalcazar sólo
pudo obtener un enorme sol de oro que los indios no
sacaron del templo del Panecillo, por ser demasiado
pesado y de grandes dimensiones.
FIN DE RUMIÑAHUY
Y ORIGEN DE SU LEYENDA
Algunos cronistas indican que este General
se internó por las lejanías del monte
que hasta hoy lleva su nombre, viviendo en lo profundo
de esas espesuras sin volver a salir, que meses después
murió de nostalgia y su pequeño contingente
se dispersó y que antes de morir hizo enterrar
en un lugar hasta hoy desconocido las riquezas que
pudo reunir en Puruhá y Quito. Otros, quizás
más informados, indican que no fue solamente
en un sitio donde enterró el tesoro, sino que
lo mandó a guardar en varios sitios ubicados
en distintas direcciones:
PRIMER TESORO: DE CANTUÑA
"Muy de mañana se sale de Quito,
siguiendo el antiguo camino del Inca, hasta la Parroquia
de Chillogallo y por ésta; tomando el camino
de San Juan, hasta llegar al picacho más elevado
del Atacazo, donde se mirará a los dos montes
Ninahuilcas y por la derecha hasta una quebrada profunda
y nuevamente por la derecha hasta el puente de socabón
y río Canchacoto y mirando a este pueblo, hasta
tres arroyos y por la derecha, allí hay mucho
oro en polvo con joyas de las más variadas
clases, que se puede coger por palas y llenar cientos
de bolsas."
Este derrotero fue dado por el indio Cantuña,
descendiente de un guerrero de Rumiñahuy, a
su protector el español Hernando Juárez
y luego a los padres Franciscanos de Quito que construyeron
la famosa Capilla de Cantuña con parte del
dinero descubierto. El 26 de mayo de 1770 el Indio
José Bamacho escribió el derrotero en
quechua para un compadre; éste, a su muerte,
entregó el original a un pariente y éste
a su hijo y éste sucesivamente a dos señoras
de Quito, hasta que el 24 de septiembre de 1927 lo
protocolizó un señor Cueva de la capital.
Hay un segundo derrotero para llegar al mismo sitio.
Se originó de otra versión dada por
Barnacho en 1775 a Gabriel Hidalgo, con ocasión
de haber regalado el oro necesario para la fundición
de una custodia para la Iglesia de Chillogallo. Esta
versión está en quechua y español
y la traducción corrió a cargo del Padre
Ricardo Vásconez, jesuíta, entre los
años 1926 y 1927.
SEGUNDO TESORO: DE QUINIARES
Y TUMIANUMA
Lo descubrió en Loja, en el siglo
XVII, un caballero español de modestos recursos
que desenterró una huaca en la hacienda "Solanda"
de su propiedad. Años después era tanta
su riqueza, que su nieto Antonio Sánchez de
Orellana y Ramírez de Arellano obtuvo en 1700,
de Carlos II, Rey de España, el título
de Marqués de Solanda, con el Vizcondado previo
de Santa Cruz. Para conseguir esta prerrogativa probó
a su majestad poseer la suma de 200.000 pesos de oro,
heredados de su abuelo, en bienes vinculados a la
familia y como no eran nobles estos Sánchez,
recién el 20 de julio de 1715 lograron Real
Carta Ejecutoria de Nobleza e Hidalguía, que
les confirió Felipe V, Rey de España,
en premio a los servicios prestados en el gobierno
de la Provincia de Mainas.
De estos Sánchez de Orellana descendía
Doña Mariana Carcelen y Larrea, mencionada
como heredera de los marquesados o simplemente como
Marquesa de Solanda y Villarica, mujer del Mariscal
de Ayacucho, con quien se casó en Quito.
TERCER TESORO: DE LOS
LLANGANATIS
Ubicado en una inaccesible región
boscosa de la cordillera oriental de los Andes, en
medio de varias lagunas situadas a más de 4.500
metros de altura. A este tesoro se lo vincula con
la legendaria civilización de los "Shabelas"
y para llegar a él existen varios caminos o
derroteros, siendo los más famosos: a) El de
Valverde, el más completo y b) El del libro
"Becerro de Oro" que actualmente se encuentra
en la Biblioteca del Colegio "Vicente León"
de Latacunga, a disposición de cualquier interesado
en su lectura. Quien quiera conocer más a fondo
sobre este tesoro puede consultar la obra: "Llanganati"
de Luciano Andrade Marín, cuya segunda edición
salió en Quito en 1970, por haberse agotado
la primera.
Para llegar a los Llanganatís hay que entrar
por Píllaro de donde eran Atis o Régulos,
los Pillahuasos, antepasados de Rumiñahuy.
CUARTO TESORO: DE NICSAG.
También llamado de la Nariz del Diablo
del ferrocarril, que se dice esta enterrado en la
quebrada de la población de Nicsag. Las más
autorizadas versiones sobre este fabuloso tesoro las
trae el doctor Silverio Torres de Sibambe y el indígena
Gregorio Boina de Nicsag.
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