TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


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ULTIMA RESISTENCIA DE RUMIÑAHUY
Después de la batalla de Tiocajas Rumiñahuy escapó de Liribamba, donde todo lo destruyó, mientras Benalcázar se guarecía de la erupción volcánica. El templo del sol estaba casi desprovisto de joyas por haber sido saqueado por el Inca Illiscacha o Illescas para pagar el rescate de su hermano Atahualpa. Lo poco que quedaba lo tomó Rumiñahuy, luego incendió la población y huyó al norte. Las vírgenes del sol pasaban de 150, fueron liberadas y sueltas en las calles y cada cual tomó su portante en espera de alguna aventura en esta nueva vida que se les abría, cuando ya muchas no tenían mayores esperanzas por haber envejecido en siempre ridícula la esclavitud religiosa.

Luego pasó a Mocha donde no encontró al Gobernador Zopozapanqui, que había huido con el pretexto de no se qué comisión en los campos y tras incendiar esta población, hizo igual en Mullchambato y por último, cansado de tanta sangre y destrucción, entró en Quito, visitó el templo del sol convertido en su harem personal y dijo;

- Señoras, alegraos, ya vienen los cristianos y ustedes gozarán con ellos de sus deleites.

Algunas bobaliconas se rieron y fueron pasadas a cuchillo en presencia de las otras. De allí en adelante ninguna se rió ni con el más gracioso chiste y con razón digo yo, que cuando las cosas se ponen tan serias no es para menos. En Quito Rumiñahuy lo destruyó todo, quemando los restos, y habiendo salido hacia el norte y viendo que aún no llegaban los españoles, volvió a entrar para arrasar aún con los escombros, para que no se sepa ni el lugar donde dicho tambo estuvo situado. Cuéntase que Benalcazar sólo pudo obtener un enorme sol de oro que los indios no sacaron del templo del Panecillo, por ser demasiado pesado y de grandes dimensiones.

FIN DE RUMIÑAHUY Y ORIGEN DE SU LEYENDA
Algunos cronistas indican que este General se internó por las lejanías del monte que hasta hoy lleva su nombre, viviendo en lo profundo de esas espesuras sin volver a salir, que meses después murió de nostalgia y su pequeño contingente se dispersó y que antes de morir hizo enterrar en un lugar hasta hoy desconocido las riquezas que pudo reunir en Puruhá y Quito. Otros, quizás más informados, indican que no fue solamente en un sitio donde enterró el tesoro, sino que lo mandó a guardar en varios sitios ubicados en distintas direcciones:

PRIMER TESORO: DE CANTUÑA
"Muy de mañana se sale de Quito, siguiendo el antiguo camino del Inca, hasta la Parroquia de Chillogallo y por ésta; tomando el camino de San Juan, hasta llegar al picacho más elevado del Atacazo, donde se mirará a los dos montes Ninahuilcas y por la derecha hasta una quebrada profunda y nuevamente por la derecha hasta el puente de socabón y río Canchacoto y mirando a este pueblo, hasta tres arroyos y por la derecha, allí hay mucho oro en polvo con joyas de las más variadas clases, que se puede coger por palas y llenar cientos de bolsas."

Este derrotero fue dado por el indio Cantuña, descendiente de un guerrero de Rumiñahuy, a su protector el español Hernando Juárez y luego a los padres Franciscanos de Quito que construyeron la famosa Capilla de Cantuña con parte del dinero descubierto. El 26 de mayo de 1770 el Indio José Bamacho escribió el derrotero en quechua para un compadre; éste, a su muerte, entregó el original a un pariente y éste a su hijo y éste sucesivamente a dos señoras de Quito, hasta que el 24 de septiembre de 1927 lo protocolizó un señor Cueva de la capital.

Hay un segundo derrotero para llegar al mismo sitio. Se originó de otra versión dada por Barnacho en 1775 a Gabriel Hidalgo, con ocasión de haber regalado el oro necesario para la fundición de una custodia para la Iglesia de Chillogallo. Esta versión está en quechua y español y la traducción corrió a cargo del Padre Ricardo Vásconez, jesuíta, entre los años 1926 y 1927.

SEGUNDO TESORO: DE QUINIARES Y TUMIANUMA
Lo descubrió en Loja, en el siglo XVII, un caballero español de modestos recursos que desenterró una huaca en la hacienda "Solanda" de su propiedad. Años después era tanta su riqueza, que su nieto Antonio Sánchez de Orellana y Ramírez de Arellano obtuvo en 1700, de Carlos II, Rey de España, el título de Marqués de Solanda, con el Vizcondado previo de Santa Cruz. Para conseguir esta prerrogativa probó a su majestad poseer la suma de 200.000 pesos de oro, heredados de su abuelo, en bienes vinculados a la familia y como no eran nobles estos Sánchez, recién el 20 de julio de 1715 lograron Real Carta Ejecutoria de Nobleza e Hidalguía, que les confirió Felipe V, Rey de España, en premio a los servicios prestados en el gobierno de la Provincia de Mainas.

De estos Sánchez de Orellana descendía Doña Mariana Carcelen y Larrea, mencionada como heredera de los marquesados o simplemente como Marquesa de Solanda y Villarica, mujer del Mariscal de Ayacucho, con quien se casó en Quito.

TERCER TESORO: DE LOS LLANGANATIS
Ubicado en una inaccesible región boscosa de la cordillera oriental de los Andes, en medio de varias lagunas situadas a más de 4.500 metros de altura. A este tesoro se lo vincula con la legendaria civilización de los "Shabelas" y para llegar a él existen varios caminos o derroteros, siendo los más famosos: a) El de Valverde, el más completo y b) El del libro "Becerro de Oro" que actualmente se encuentra en la Biblioteca del Colegio "Vicente León" de Latacunga, a disposición de cualquier interesado en su lectura. Quien quiera conocer más a fondo sobre este tesoro puede consultar la obra: "Llanganati" de Luciano Andrade Marín, cuya segunda edición salió en Quito en 1970, por haberse agotado la primera.

Para llegar a los Llanganatís hay que entrar por Píllaro de donde eran Atis o Régulos, los Pillahuasos, antepasados de Rumiñahuy.

CUARTO TESORO: DE NICSAG.
También llamado de la Nariz del Diablo del ferrocarril, que se dice esta enterrado en la quebrada de la población de Nicsag. Las más autorizadas versiones sobre este fabuloso tesoro las trae el doctor Silverio Torres de Sibambe y el indígena Gregorio Boina de Nicsag.

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