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LA TOCA
DE JUANA LA LOCA
Cuando subieron los Borbones a España
muchas costumbres cambiaron en la península
y en América pues Felipe V prohibió
a los hombres que usaran en su presencia aquellas
prendas de vestir que eran de los tiempos de la dinastía
de los Habsburgos, tales como el cuello de "Gola"
el ceñido saquillo de "Jubón"
o la "Tontilla" que se usaba para ahuecar
los vestidos de damas y caballeros, así como
los "guardainfantes" para alargar las colas
de las damas y hasta las pelucas lacias sufrieron
persecución. Se imponían las nuevas
costumbres traídas de París y había
que vestir con "Cotillas, briales, cabrioles
de piel de marta o armiño", sombreros
empenachados con plumas de avestruz y descomunales
pelucas blancas y rizadas que hacían aparecer
a los jóvenes como viejos.
La autora de este intrincado cambalache fue la joven
reina María Luisa de Saboya, quien había
sido una de las más elegantes Princesas de
la Corte de Versalles, pero que no contaba con la
enorme resistencia que le opusieron las damas de Palacio,
comandadas por la Duquesa del Infantado, grande de
España, que para no vestir al gusto de "la
extranjera" y pretextando diversas causas, se
alejaron de la Corte. Unas dijeron que tenían
al marido enfermo, otras que sufrían calamidad
doméstica, la de más allá que
iba a convalecer de un fuerte ataque de tercianas
y en fin, poco a poco fue quedándose vacía
la Corte "para no vestir la estrambotica y extranjera
moda" y el asunto parecía que no tendría
solución cuando a la desengañada reina
se le ocurrió consultar con su Camarera Mayor
la Princesa de los Ursinos, monstruo diplomático
con polleras que había llegado en el séquito
real y fue santo remedio, porque la Ursinos mandó
imprimir un Decreto por el que se permitía
el uso de las prendas antiguas con la advertencia
de que tanto la reina como sus damas vestirían
"a la moderna".
En el decretito de marras, verdadera pieza jurídico—literaria,
se puso especial interés en ridiculizar la
moda antigua indicando que podía complementarse
con "la toca de Juana la Loca", sombrero
muy antiguo, pesado, aparatoso y en forma de cucurucho,
que debía su nombre a la infeliz reina que
perdió la razón por amar demasiado a
su marido el casquivano Príncipe Felipe de
Habsburgo, llamado "El Hermoso". Así
se impuso la moda francesa y la Ursinos subió
sus bonos ante la Reina.
Medio siglo después, en 1759, empezó
el reinado de Carlos III, quien fundó el Musco
de Historia Natural de Madrid designando Director
a nuestro paisano Pedro Franco Dávila y como
no podía ser de otra manera, también
se interesó tan inteligente monarca, por la
moda, enriqueciéndola y transformando el vestuario
con nuevos aditamentos y se puso en boga la casaca
ya no de paño o de bayeta sino de terciopelo
bordado con hilos de oro o de plata. Las camisolas
amplias de seda blanca y puños de encajes de
Alenzón, que se importaban para uso de los
elegantes o petimetres, así llamados para ridiculizar
las costumbres del Rey que acababa de llegar de Napoles.
Un lujoso corbatín "espumoso" caía
del cuello alto y subido y complementaba el atuendo.
Por eso, un poeta anónimo y satírico
a mas no poder, compuso el siguiente verso: //Mucha
hebilla, poquísimo zapato/ media blanca, bruñida
y sin calceta / calzón que con rigor el muslo
aprieta / vestido verde, inglés, mas no barato.
// Magníficos botones de retrato / chupa blanca,
bordada a cadeneta / bien rizado crizón, poca
coleta; /talle estrecho, a las corbas inmediato. //
Con esto y vueltas de ántolas muy finas/ felpudo
sombrerón y una corbata / que cubra el cuello,
mucha muselina / aguas de olor, rapé, capa
de grana / es petimetre quien le da la gana.
Pero al advenimiento de la revolución francesa
en 1789 se terminaron las relaciones con Francia y
cuando se supo la muerte de Luis XVI y de su esposa
María Antonieta se despertó el odio
contra "los impíos", por eso "pasó
la moda francesa" nacionalizándose la
nueva forma de vestir y los petimetres dieron paso
a los pisaverdes o currutacos y la gran dama dio paso
a la Maja. Para el campo se usaban los sombreros pastoriles
de paja, iguales a los que antes lucían en
Guayaquil las alumnas del Colegio "María
Auxiliadora". En la ciudad las mujeres se cubrían
la mitad de la cara con unas largas y hermosas mantillas
que caían desde lo alto de una peineta de carey.
Los hombres usaban pantalones ceñidos, pañuelo
al cuello, chaleco de un solo palmo de largo, camisa
de blanca seda, un arete en la oreja izquierda, sombrero
pequeño con lazo y el pelo caído sobre
la frente. Este tipo de vestimenta imperó hasta
1830 que fue reemplazada por la moda romántica
que nuevamente llegó de Francia.
En Guayaquil se vestía más o menos igual,
como que fuimos colonia por largos siglos, sólo
que el calor atenuaba las costumbres y las famosas
casacas se usaban para las ocasiones muy solemnes,
dignas de ser sudadas a la gota gorda. Las mujeres
se ponían medias de seda que exhibían
cuando sacaban la punta del pié derecho al
darse vuelos de hamacas y de allí salió
el decirles "por la patita bonita, se calienta
la marmita" y no pocas fueron las afortunadas
que pescaron novio estirando el pie un poco más
de lo conveniente en cada vuelo de hamaca, que //
con una rica media / y un buen zapato / las guayaquileñas
hacen / pecar a un beato.//
El vestido típico era a media pierna y con
manga larga, muy ancho y sin escote y una vuelta de
arandelas resaltaban al cuello. Este sencillo vestido
distinguía a nuestras abuelitas hasta entrado
el presente siglo, que empezó a llegar la moda
de Francia y los Estados Unidos.
Un abanico de palito, el clásico abanico español
o de plumas cuando había galas, completaban
todo atuendo y si salían a la calle, una mantilla
o la manta de seda fría traída de Manila
era de ley; por eso en la zarzuela "La Verbena
de la Paloma" se recita y canta el siguiente
estribillo: //¿Dónde vas con mantón
de Manila? ¿Dónde vas con vestido chiné?/
voy a ir a lucir la verbena/ y a los toros del Caramanchel...//
Los caballeros de Guayaquil usaban saco que si largo
se llamaba levita o levitón, chaleco y camisa
de puños y cuellos almidonados, pero la mayoría
de nuestro pueblo se contentaba con la camisa simple
sin puños ni cuellos que se transformó
en "Cotona"; otros autores opinan que la
cotona fue solamente una camisa montubia tríada
del Caribe por los soldados de los ejércitos
del Libertador Bolívar y que nadie usaba en
la ciudad y aunque ese no es mi modo de pensar diré
como el montubio: // ¡Aleluya! ¡Aleluya!
/que cada cual está en la suya.// El sombrero
Jipijapa con la bandera tricolor también fue
de uso campesino, en la ciudad se estilaban los de
paño importados de París o Londres,
aunque los más caros y apetecidos eran los
Borsalino de Italia.
Las damas asistían sólo de vez en cuando
a diversiones y espectáculos y entonces podían
lucir sus joyas y guardados vestidos de encaje, pasados
de moda por falta de oportunidad para ser lucidos.
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