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FANESCA
DE INQUISICION
José Toribio Medina, llamado
el Príncipe de los investigadores americanos,
en su libro sobre la Inquisición, dice que
los padres dominicanos abusaban del miedo que inspiraba
el aparato inquisitorial que ellos manejaban y que
solo los jesuitas con todo su prestigio, pudieron
frenarlos en algo siquiera, consiguiendo con esta
hazaña reafirmar la fama de poderosos que tenían.
De los inquisidores se comentaba lo dicho por el Bachiller
Carrasquilla al pasar por la casa de un usurero en
Bogotá: "Aquí vive un santo varón
que está más grueso que el marrano de
San Antón" y como hoy hasta los bobos
hablan mal de la inquisición, que del árbol
caído todo el mundo hace leña, veamos
algunos ejemplos y tratemos de comprender hasta donde
llegó la maldad, la ignorancia y el fanatismo
de esa época, que toda cara bonita sino un
lunar ostenta una pequita.
De entre las muchas causas hubo la de Fray Francisco
Romano, sentenciado a abjuración, destierro
y penitencia porque un día, en el sermón
de la misa y desde el público, dijo: "Ya
pasó el tiempo en que Dios mandaba que si a
uno le daban un bofetón en un carrillo, volviese
la otra, que quien a mi me enojare con un zapato,
le sacaré el alma a mojicones”, Parece
que por esta solemne declaración que el pueblo
le tomó gran respeto pues el Fraile exhibía
una respetable musculatura ganada en la conquista
de Chile peleando contra los araucano.
Doce indias y una mestiza acusaron a un apuesto portugués
de nombre Pedro de Avis y Lobo, de cometer pecados
carnales, que no deseo mencionar. La inquisición
lo desterró de América y muy bien hecho
pues de haber seguido en estas comarcas no quedaba
hogar decente. Además el citado don Juan acostumbraba
usar disfraces para engañar mujeres, pero no
llegó a emprender el destierro porque falleció
de pulmonía sencilla en Piura, guardando prisión.
¡Ah, menos mal que no fue doble!
En 1601 también se castigó a otro portugués
Duarte Mendes por disfrazarse de jesuita y sembrar
el terror en los hogares. Era verboso y arrogante
y estando en cierta ocasión "retozando",
entiéndase abrazando, a una guapa; un caminante
se escandalizó del espectáculo y le
gritó: ¡Ea, señor! No siga Ud.
que es pecado, siendo respondido por nuestro héroe:
“¿Si retozar es pecado, cómo nació
vuestra señoría?"
La mayor parte de los procesos inquisitoriales, cosa
rara y peregrina, se tramitaban contra religiosos.
Juan de Oliva, Cura y Vicario, fue multado con cien
pesos de plata por decir en pleno catecismo a los
indios que : "En cierta ocasión San Pedro
preguntó a Jesús ¿Señor,
que haremos nosotros con mujeres? y el Cristo le respondió:
" ¡Anda hombre, no preguntes tonterías
y entremeteos por allí!"
Y parece que la multa no fue mayor porque Oliva era
oriundo del cogollo de Andalucía, tierra famosa
por las mentiras grandotas que allí cuentan.
También hubo personas de viso social como el
Capitán Francisco de Aguirre, Conquistador
del Río de La Plata y Gobernador de Tucumán,
que fueron procesadas por simples opiniones. A Aguirre
lo persiguieron por haber dicho "Que era a Dios
a quien había que adorar y no a la Cruz en
que fue atormentado." Que no era necesario ir
a misa pues portándose bien en la tierra se
iba al cielo con gran rapidez. "En otra ocasión
expresó que si a él le daban a escoger
entre desterrar al Cura o al herrero, el desterraba
al Cura porque los hombres pueden vivir sin religión
pero los caballos sin herraduras no sirven."
También se le acusó de que, cuando el
Obispo de Lima le mandó a un sacerdote a cobrar
los diezmos y las primicias, salió a recibirle
con la siguiente frase: "Dígame Padre
¿Qué pena tendría en esta vida
y en la otra por matar a un cura a punta de estocadas?
Dicen que el asustado fraile se puso muy nervioso
y solo atinó a pedirle un plazo de dos días
para responder y pasado ese lapso, cuando lo fueron
a buscar, no le hallaron, porque había regresado
a revienta caballos a Lima, huyendo de tan incómoda
situación.
Otra acusación que le formularon es que solía
curar los dolores de muela sentando al paciente en
una silla y horadando una de las patas de los muebles,
pronunciaba lo siguiente: "Que esta silla se
enferme y que el que está sentado se sane".
El tratamiento dizque costaba doce pesos y aseguraba
Aguirre que era lo mejor que se había inventado
para el dolor de muelas.
En 1569 Felipe II creó para los Virreynatos
de México y Lima el Tribunal de la inquisición.
El Obispo de Quito, Fray Pedro de la Peña,
de la Orden dominicana, al saber la nueva montó
en alegría y le escribió : "Muchos
blasfeman, otros interpretan las Sagradas Escrituras,
hay casados dos veces, una en España y otra
en América, no respetan las propiedades, abusan
de los indios..." para Fray Pedro, Inquisición
era sinónimo de orden y así fue entendido
al principio, solo que con el tiempo la institución
degeneró en lo que todos sabemos.
Felipe II tenía fama de sádico y el
Virrey del Perú, Francisco de Toledo, era conocido
como hombre intransigente y acostumbrado a castigar
hasta las palabras livianas. De Felipe II se cuenta
que diez años antes y habiendo llegado a Valladolid,
le fue ofrecido un "Auto de Fe" por los
dominicanos de esa ciudad, suponiéndose con
eso que se le contentaría, pues gustaba mucho
del espectáculo del fuego. En aquella ocasión
se atormentó a catorce herejes entre los que
figuraban algunas damas luteranas y el célebre
caballero Carlos de Cesse, "noble, grande y pertinaz
filósofo y teólogo de gran fama en Europa"
que viéndole al Rey gritó: ¿Porqué
me dejais quemar? a lo que contestó el soberano
"Aún para quemar a mi hijo traería
leña si fuera tan malo como vos", escena
inmortalizada por el célebre pintor Valdivieso
en un óleo de tamaño natural que se
ha reproducido en numerosas ocasiones.
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