TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


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EL FUSILAMIENTO DE LOS CALISTO
Declarada la revolución quiteña del 10 de agosto de 1809 los patriotas cayeron en el error de comisionar a Pedro Calisto y Muñoz (1) para que se trasladare a los pueblos del Sur con el fin de lograr la adhesión a la nueva causa; mas, por desgracia, el muy taimado, en lugar de cumplir con su cometido o de excusarse, que hubiera sido lo más prudente dadas sus ideas, intrigó en cada pueblo que visitaba, sublevando a los principales vecinos a quienes convencía en favor del rey.

Así logró atraerse a Antonio de la Peña, Comandante del Destacamento de Alausí; al Cabildo de Riobamba, que obligó a su corregidor Pedro Montufar a abandonar el lugar; al pueblo de Guaranda, que sacó en fuga al corregidor José de Larrea; al Corregidor de Latacunga y al grueso de las tropas de los Capitanes Manuel Aguilar y Feliciano Checa, permitiendo de esta criminal manera, el ingreso a Quito de las tropas realistas a fines de año, finalizando la primera revolución.

Calisto era un riobambeño casado con Francisca Borja y Chiriboga y estaba rico desde que en 1784 había adquirido a la Junta de Temporalidades las haciendas "Agualongo", "Caldera", "Chalguayacu", "Cabra" y el Obraje de Laguna en la hoy provincia de Imbabura, que le fueron adjudicadas en 140.000 pesos y con facilidades, a pagar 120.000 a dos años plazo y el saldo mediante hipoteca a censos. Para 1809 era uno de los más importantes terratenientes de la región por eso su acendrado realismo.

Y pasaron los años, en 1812 la situación política se tornó gris para los patriotas. La vanguardia del Presidente Toribio Montes ocupaba el sitio "El Calzado" y amenazaba invadir Quito. El coronel Carlos Montúfar trataba inútilmente de detenerlos. Un día, los montufaristas descubrieron

(1) Hijo legítimo de Nicolás Calisto y Alarcón
por uno de los caminos del Norte a Pedro Calisto y a su hijo Nicolás que huían de la capital con cuarenta mulas cargadas de oro y municiones y sesenta hombres armados para unirse a los realistas de Pasto. Apresados infraganti, fueron conducidos a Quito, donde se vivía el frenesí de la guerra, esperando en cualquier momento el ataque del enemigo.

Los prisioneros iban a caballo, amarrados, pero altivos, como desafiantes y casi fueron linchados por el populacho, siendo encerrados en la cárcel de la Audiencia. Entonces Ignacio Zaldumbide Izquierdo, que le tenía ojeriza a Calisto por asuntos de tierras desde que en 1.794 Calisto le había ganado algunas haciendas en la Junta de Temporalidades, intrigó contra los presos y consiguió malquistarlos con los miembros de la Junta de Gobierno. El 28 de octubre fueron sentenciados a morir fusilados y a las 8 de la noche se les intimó e hizo conocer tal orden. Don Pedro era Regidor del Cabildo y replicó: "Recibo esta sentencia de muerte porque viene de la voluntad de Dios, no reconozco autoridad en quien me la notifica y declaro no haber cometido delito alguno. Jamás podré variar mis principios. A los facciosos los reputo como aguateros de la plaza, sin otro valor superior a eso". El hijo se quedó callado, sin deseo de lanzar discursos o peroratas. A las doce de la mañana del 29 fueron conducidos al cadalso entre repiques de tambores; iban vestidos con túnicas blancas y cruces rojas de seda, llevaban cadenas en los brazos y piernas, sendos cristos en las manos izquierdas y mientras doblaban las campanas murieron fusilados con todas las de ley.

La multitud se dispersó en sepulcral silencio, escondiéndose en sus casas. Esa tarde parecía Quito una ciudad desierta. Tan fuerte habla sido la impresión del aparato inquisitorial desplegado contra los Calisto...!

En 1817 una hija de don Pedro Calisto y Muñoz llamada Teresa Calisto y Borja obtuvo en favor de su hijo Pedro Pérez Calisto, vecino de Cádiz, la concesión del título de Marqués de Casa Fiel Pérez Calisto, en retribución por las vidas de su padre y hermano, conjuntamente con el derecho a usar un Escudo Nobiliario con una corona de oro en el centro, sostenida en alto por dos leones afrontados.

Los actuales Marqueses descienden de este joven Pedro que no quizo regresar a la tierra de sus mayores (Quito) donde los habían tratado con tanta crueldad.