TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


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EL CABILDO DEL 9 DE OCTUBRE DE 1820
Desde el día lunes 2 de Octubre de 1820 los patriotas de Guayaquil se esmeraron en dar los toques finales a la revolución. José de Villamil y José de Antepara dirigían el movimiento y ofrecieron la jefatura al Cor. Jacinto Bejarano y Lavayen que no aceptó por estar pletórico (obeso) por su avanzada edad y numerosos achaques, no sin antes formular votos por el éxito de la arriesgada empresa. Luego hablaron con el Dr. José Joaquín de Olmedo, quien se excusó por no ser militar y por último visitaron al Coronel Rafael Jimena Larrabeitia, quien tampoco aceptó por su educación en España, tierra de su padre y por ser él un héroe de la guerra contra los franceses. En tan difíciles circunstancias y motivados por el arrojo del Capitán León de Febres — Cordero, los próceres decidieron tomarse los cuarteles en la madrugada del lunes nueve y tras el triunfo, en horas de la mañana se convocó a Cabildo ampliado para las diez de ese histórico día.

A la hora señalada una gruesa muchedumbre rodeó el edificio y numerosos vecinos se instalaron en el salón de sesiones con el objeto de esperar el ingreso de los Cabildantes, quienes no tardaron en llegar acompañando a los temerosos funcionarios de la administración colonial. La sesión fue corta. Olmedo comunicó que las autoridades políticas y militares habían sido depuestas y guardaban prisión en los cuarteles. Nuevos vivas a la Patria... los peninsulares se hallaban incómodos pues temían que el cambio afectara la tranquilidad de sus vidas y hubo momentos en que la multitud se encrespó y tornó audaz. Ya no habrían mas elecciones pareadas de Alcaldes y Regidores (un español y un criollo por cada ocasión) y de nada servirían los entronques en España ni los cargos comprados a la corona, se había conquistado la igualdad de derechos.

En ese estado se presentó Febres — Cordero que había sido llevado prácticamente en triunfo y fue pedido para Jefe Civil pero se excusó en reiteradas ocasiones por su calidad de militar, solicitando que se designe a Olmedo. La tropa de voluntarios obedeció y aclamaron al poeta. Luego exigieron la Jefatura militar para Febres Cordero que volvió a excusarse por su corta edad y se nombró al Coronel Gregorio Escobedo, que tenía un rango mayor.

Enseguida se juró fidelidad a la Patria y don Bernardo de Alzúa y Lamar tomó la palabra para manifestar que era funcionario sin nombramiento, por lo que había venido cobrando como simple agregado y que para no seguir perjudicando al erario había renunciado, por lo que le dispensaron del juramento sin indicar el acta en que fecha había renunciado, luego se resolvió que la jurisdicción contenciosa siga en el Cabildo y que se comunique a los Libertadores Bolívar y San Martín la grata nueva e ingresó a la sala don Juan Barnot de Ferruzola que se disculpó del atraso y juró desempeñar el cargo de Administrador de Aduanas que venía ejerciendo.

En 1820 el Cabildo guayaquileño estaba formado por patriotas como Villamil, perseguido en 1812 por los realistas de Venezuela; Olmedo que aunque fue partidario de la monarquía en 1810 había cambiado en las Cortes de Cádiz y para 1820 actuaba con sinceridad por la Patria; Juan José Casilari y González conocido por su actividad revolucionaria; José Antonio de Espantoso y Avellán que aunque más tranquilo también se dio por entero a la independencia; Manuel José de Herrera y Lavayen y José Ramón Menéndez de quienes no se tiene mayores noticias porque fallecieron en 1821 y 1823 sin traicionar sus juramentos patrióticos; Jerónimo Zerda y Chávez que actuaría en los siguientes años como uno de los principales impulsores del progreso de la ciudad participando en distintas comisiones; Gabriel García Gómez, español con parientes monárquicos en el Perú, pero astuto y servicial, al punto que pocos días después se ofreció al Jefe Militar Escobedo para realizar una colecta entre sus paisanos, en ayuda de la causa patriota; el Dr. Francisco de Marcos y Crespo, hijo del abogado que en 1809 defendió a los prisioneros patriotas cuencanos cuando llegaron al puerto en completo abandono. En tal ocasión su padre había cubierto de su peculio el valor del papel sellado para la defensa. Otros cabildantes no eran de tanta confianza pues el Regidor Pedro Santander y de la Peña, criollo y Diputado en el Colegio Electoral reunido en Noviembre de ese año, no volvió a tener actuaciones públicas; Manuel Ignacio de Aguirre era español, el Dr. José María Maldonado y Torres, lojano, después actuó como Ministro Juez en la Corte Superior de Justicia de Guayaquil por designación de Bolívar y el Dr. Bernabé Cornejo y de la Flor había sido agente secreto del Gobernador Cucalón en 1809 contra los patriotas de Quito; sin embargo todas las autoridades eran realistas. Los Ministros de Hacienda Pública eran Pedro Morías, Tesorero; Gabriel Fernández de Urbina, que se regresaría a España por no estar de acuerdo con el nuevo estado de cosas y Bernardo de Alzúa y Lamar; Juan Barnot de Ferruzola y José Joaquín Lobo Guerrero, eran administrador y Contador de la Aduana Nacional y habían arribado a Guayaquil portando sus nombramientos sin otro nexo que la recomendación de algún influyente amigo. Ferruzola intervino en la contrarevolución realista en 1821. Todos ellos nacido en España. En cuanto a los americanos Ángel de Tola y Salcedo, Administrador del ramo de Tabaco; Carlos Calisto y Borja, Contador de Tabaco y Ramón Pacheco y Echeverría, Administrador de Correos eran tenidos y reputados por mas realistas que el rey. Tola tenía un hijo oficial en el Ejército acantonado en Quito, y no abrió las toldas de su casa durante un año en señal de duelo por haberse declarado la independencia; Calisto se pertenecía a una de las familias de mayor raigambre realista del país y Pacheco había denunciado en 1818 a Vicente Ramón Roca ante el Gobernador de Guayaquil por haber retirado una misiva comprometedora que le había enviado el Cura insurgente de Acapulco, con los pormenores de la marcha de la revolución en México.