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ULTIMAS
NOTICIAS DEL TESORO
Cuando en 1807 murió en Leytillo
el botánico Anastacio de Guzmán y Abreu,
sus papeles con dibujos de plantas y la copia del
Derrotero de Valverde pasaron a poder de las autoridades.
Años después el Presidente de la Audiencia,
General Toribio Montes, ordenó a sus subalternos
que reanudaran la búsqueda del tesoro, pero
en eso vinieron las guerras de la independencia y
todo quedó en nada. Después de la batalla
del Pichincha guardaba los papeles el Corregidor de
Guaranda, Víctor Félix de San Miguel
y Cacho, quien fue conminado por el Intendente del
Departamento de Quito, General Vicente Aguirre y González,
para que los entregara a la Universidad, donde dictaba
una cátedra el Dr. Manuel Ángulo, que
los revisó y guardó hasta su muerte.
Entonces los heredó un hijo suyo, Canónigo
en Quito, quien los dio en el lecho de muerte a su
ahijado el abogado y doctor Cruz Rivera, que por consejos
del historiador Celiano Monge se los regaló
al Arzobispo González Suárez. Muerto
el Arzobispo, pasaron a Monseñor Manuel María
Pólit y luego a su pariente el Padre Aurelio
Espinosa Pólit, quien en alguna ocasión
se los mostró a Jacinto Jijón Caamaño,
rogándole que escribiera algo al respecto,
pero nunca lo hizo.
En cambio el Mapa de Guzmán, por alguna razón
que no se conoce andaba por cuenta propia y terminó
en manos del Dr. Salvador Zoilo Ortega, que lo conservaba
en Quito muy destruido y roto en ocho pedazos pegados
a un trozo de zarasa. Este Mapa está realizado
con lápiz de tinta india, los caminos y techos
de las casas son colorados y los nombres también
y aunque originalmente fue escrito con claridad, se
halla en muchas instancias apenas legibles, por el
desgaste y por el uso que le han dado. Así
lo vió Luciano Andrade Marín, recopilador
de historias en su obra "Llanganati".
Se supone además que de este Mapa saco copia
el sabio Richard Spruce cuando visitó el Ecuador
en 1862, la que envió como descubrimiento valioso
a la "Royal Gcographical Society" de Londres
donde se conserva. Varias compulsas se han obtenido
para investigadores europeos y americanos interesados
en el Oro del Inca y por tal motivo, ahora más
que nunca, el tesoro de los Llanganatis es conocido
en el mundo, despertando la curiosidad de los aventureros
más audaces y mejor dispuestos a desafiar las
inclemencias del clima helado de esas montañas,
con tal de dar con las riquezas.
Mientras tanto los descendientes del Corregidor Pastor
en el Perú, apurados por rescatar el depósito
efectuado por su tatarabuelo, comenzaron en 1942 por
publicar una obra con la lista completa de ellos,
genealogía que despertó la curiosidad
de sus agnados y cognados en varias repúblicas
de Sudamérica, quienes también están
dispuestos a reclamar.
En 1956 hicieron una reclamación formal al
"Royal Bank of Scotland" utilizando los
servicios de un staff de abogados de Londres y aunque
movieron numerosas influencias, aun del orden diplomático,
sólo recibieron negativas de los funcionarios
del Banco, quienes dijeron que nada sabían
porque sólo acostumbraban llevar registros
de hasta cien años de antigüedad. Disculpa
nimia y hasta tonta en tratándose de un capital
tan fuerte como el que se dice que embarcó
el corregidor en Lambayaque.
También los Pastor del Ecuador al tener noticias
de estos incidentes decidieron hacer su árbol
genealógico y hasta tuvieron varias reuniones
en Quito, congregándose algunos cientos de
personas. El árbol fue enviado al Perú
y debe estar en Lima esperando que salga el dinero
para el reparto.
Y habiendo tratado del oro, hablemos algo sobre la
cordillera de los Llanganatis, parte de la Cordillera
del Cóndor, llamada también el tercer
ramal de los Andes en el Ecuador; inhóspita
región que está como encunetada entre
el ramal oriental y el tercer ramal propiamente dicho,
pues existen más de cien kilómetros
de distancia entre ambas cordilleras. La hoya que
queda formada es un vertedero de agudos torrentes,
bravíos despeñaderos y abismos sin fondo,
tapizados de azuladas lagunas situadas en pequeños
cráteres o en las laderas de picachos prácticamente
inaccesibles. Para atravezar la zona se requiere de
enorme resistencia y mucho valor. Cada paso puede
resultar en falso y ser mortal. Por la mañana
hay una espesa neblina que impide toda visibilidad.
Al mediodía el sol aparece por escasos minutos
y entonces el paisaje es inmenso y la sensación
de soledad completa. No se escucha un solo ruido y
casi no hay mayor vegetación. Por la tarde
vuelve la neblina opaca y comienza el frío
que se acentúa en las primeras horas de la
noche y dura hasta la madrugada.
En este páramo sin fin, en alguno de sus lugares
bien puede estar esperando el fabuloso tesoro del
Inca, que el codicioso Pastor arañó
muy poco, por no decir casi nada, entre 1792 y el
93.El problema es ir a buscar y encontrarlo.
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