TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


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DOS PRIMOS DOCTORES
Por su madre José Joaquín de Olmedo procedía de un añoso tronco social guayaquileño que remontaba sus orígenes al Conquistador Juan de Vargas, encomendero de Amai, Languto y Pimocha y compañero de Orellana en el descubrimiento del gran río de las Amazonas; sus descendientes conservaban el poder económico originado en tales privilegios hasta bien entrado el siglo XVIII a través de las familias Vargas, Solís, Mestanza, Endérica, Salavarría y Maruri, gentes de muchos esclavos, plantaciones y haciendas que invariablemente participaban del gobierno de nuestra urbe a través del Cabildo sucediéndose entre primos, tíos y sobrinos.

A esta gran familia ingresó el Capitán Miguel de Olmedo y Troyano hombre inquieto y emprendedor, al contraer matrimonio con Francisca Maruri y Salavarría, pasando de pobre a rico y de recién llegado a persona conocida. Dos hijos vendrán con los años: Magdalena y José Joaquín, en quien puso todas sus complacencias.

PRIMEROS ESTUDIOS Y VELOZ APRENDIZAJE
De escasos 9 años, en 1780, el niño José Joaquín de Olmedo pasó a estudiar a Real Convictorio de San Fernando de Quito, dirigido por sacerdotes dominicanos, a aprender catecismo, moral, religión y algo de gramática latina y castellana. La enseñanza era pésima y los benditos profesores, por aquello de que en nada podían contravenir al dogma, aún respetaban el sistema tolemaico sobre la inmovilidad de la tierra y desechaban por peligroso el "nuevo" y ya comprobado por Copernico y por Tycho Brane en Europa 200 años antes. ¡Y pensar que tanto atraso intelectual continuó hasta 1839 en que Rocafuerte clausuró el Colegio por esta razón!

Olmedo demostró ser inteligente y estudioso, distinguiéndose junto a José Mejía Lequerica, otro alumno brillante, y ambos fueron preferidos por Espejo, que les brindó su amistad y guía y los libros que habían sido propiedad de los jesuitas expulsados, para que leyeran cosas más sabrosas que las permitidas por los dominicos quiteños.

En 1792 regresó a Guayaquil, de 12 años, y quedó algunos meses en nuestro puerto tomando vacaciones en la hacienda de su mamá, donde aprendió a amar la naturaleza y sobre todo a admirar la soledad del campo, que tanto le emocionó e inspiró como en la Silva "Al Árbol" y pudo haber compuesto sus primeros versos a las orillas del Babahoyo de escasos 14 años, aunque las primeras composiciones poéticas que se le conocen datan de sus años posteriores en Lima, a donde viajó en 1794, llamado por su primo segundo el ilustrado doctor José de Silva y Olave, recién electo Director del Colegio del Príncipe, que le guió en la populosa capital del Virreynato. ¿Qué hubiera sido de Olmedo sin este pariente? Poca cosa quizá, porque impedido de extender sus alas en un medio tan pequeño como el nuestro, se hubiera quedado sin adquirir erudición.

INICIOS POETICOS Y TRIUNFO SOCIAL
Primero estudió filosofía y matemáticas con tanto éxito que se convirtió en un perito en algebra y cálculo, siendo escogido para sostener un debate en la Universidad de San Marcos donde luego será Rector el doctor Silva. Cabe mencionar que muchos años después y en algunas de las cartas a su hijo José Joaquín, el poeta le plantea agudos problemas de ecuaciones que el muchacho se muestra reticente para resolver y, por consiguiente, prefiere ignorar el tema en las contestaciones. Por eso le recriminará el 20 de Junio de 1846. En esta carta hay un episodio revelador de Olmedo, que al final dice: Te recomiendo sobre el modo de andar, no meter las puntas de los pies; sobre comer con despacio y aseo y sobre no reír mucho porque en la mucha risa se conoce al necio. En otra le informa que no debe abrir mucho la boca cuando se ría, porque enseña las encías, etc. Claras pruebas de cortesanía y finezas virreynales.

En 1805 se graduó de abogado "in utroque jure" (Ambos derechos civil y canónico) y se recibió a la práctica en los Tribunales de Lima, gozando de bien ganada fama de hombre de sociedad y no hay convite al que no asista. Tiene un verso para cada caso, escribe epitalamios, odas, décimas y romances.

REALISMO DE SUS AÑOS DE JUVENTUD
En 1807 escribió la Elegía a la Muerte de la Princesa María Antonia de Borbón, poema que deja vislumbrar sus futuros y magistrales Cantos a Junín y Miñarica, En esa Elegía Olmedo aprovechó la muerte de tan pequeña realeza para cantar a España, afligida por los estragos de la invasión napoleónica. También había compuesto una Loa al Virrey Abascal, su fiel amigo, al que ensalza sin exageración. En 1829, y desde El Mercurio de Valparaíso, le insultan, indicando que Olmedo en su juventud acostumbraba "postrarse en presencia de un visir", criterio que Olmedo refutó por falso y calumnioso. "Yo he amado y amaré la libertad, por ser una deidad a quien se sirve de pie y con la frente levantada". Fue en Lima, un realista moderado.

En 1808 regresó a Guayaquil y permanece siete meses, después viajó a Quito para inscribir sus títulos en la Universidad de Santo Tomás de Aquino y en el Colegio de Abogados.


NUEVAMENTE SU PROTECTOR EL DOCTOR SILVA
El doctor Silva fue nombrado individuo de la Junta Central de Sevilla y con tal motivo vino a Guayaquil y convidó a Olmedo, a quien hizo su secretario. Juntos viajaron a México y se enteraron de que aquel organismo había desaparecido para dar paso a las Cortes de Cádiz y regresaron desanimados; pero, en Olmedo había prendido la chispa del servicio y pronto se hizo elegir Diputado por la Provincia, siendo festejado en un convite que le brindó el Arzobispo — Virrey de Perú, en Tacubaya, del que ha quedado un "Improntu" en verso. ¿Qué participación tuvo en esta elección el doctor Silva, por entonces Rector del Colegio Seminario de Santo Toribio? No lo sabemos, aunque pudo no haber sido pequeña.

Olmedo viajó a España e instalado en Cádiz asistió a las sesiones sin mayor figuración porque no era orador; en agosto de 1812 y con motivo del dictamen de abolición de las Mitas propuesto por la Comisión de Ultramar a petición del Diputado Castillo de México, leyó un enérgico discurso que imprimió Rocafuerte en Londres; aparte de esta edición solo existen dos más de difícil obtención. Las Mitas fueron abolidas sin discusión.

Entonces fue nombrado Secretario de las Cortes y luego Miembro permanente por Guayaquil, siendo uno de los que firmó el famoso decreto que impedía reconocer por Rey de España a Fernando VII, sino juraba la constitución y fue perseguido y tuvo que esconderse en Madrid hasta 1816, que regresó a Guayaquil, casi de incógnito.

OLMEDO Y LA REVOLUCION DE OCTUBRE DE 1820
El doctor Silva murió en el Perú de Obispo electo de Huamanga, por designación de las Cortes de Cádiz y con apoyo de su primo Olmedo, que de protegido ha pasado a la categoría de protector. ¡Así es la vida!

Olmedo vivió en Guayaquil y en sus haciendas cercanas a Babahoyo dedicado al estudio literario y a la vida campestre. porque el desempeño profesional, no le atraía lo suficiente como para retenerlo en el puerto. Había contraído matrimonio de 37 años de edad con su sobrina tercera Rosa de Ycaza Silva, hija de su prima segunda Rosa de Silva y Olave, hermana del protector de antaño. De este matrimonio nacerán tres hijos...

Y así, apaciblemente, llegó el 9 de Octubre de 1820, que a muchos tomó por sorpresa y entre ellos a Olmedo, porque aunque ya se veía venir la revolución a estas tierras calientes, nadie se imaginaba que sería tan rápida su llegada. Olmedo cumplió con su papel de civilista, elaboró con José de Antepara "el Estatuto Provisorio" o Constitución de Guayaquil; creó la bandera celeste y blanca, organizó la administración, pidió auxilio al norte y sur y puso en su sitio al revoltoso Gregorio Escobedo, que alzado a mayores pretendía impedir la instalación del Colegio Electoral convocado para el 11 de Noviembre de 1820. Esta sola actitud, la más brillante de su trayectoria política, le sitúa a la altura de los primeros demócratas de América e impidió que nuestra revolución fuese traicionada al mes de su nacimiento, por un militar ambicioso. Ese día Olmedo destituyó a Escobedo de Jefe Militar de la Plaza, a pesar de que la casa municipal estaba rodeada de cañones y sólo le apoyaba el pueblo.

OLMEDO Y BOLIVAR FRENTE A FRENTE
Mientras tanto dio inicios a la campaña libertadora que finalizó en Pichincha el 24 de Mayo de 1822. Entonces Guayaquil quedó empobrecida con la guerra. Bolívar y San Martín vinieron a anexar esta provincia, arribando primero Bolívar, que fue recibido por la Junta compuesta por Olmedo, Roca y Jimena.

El Procurador Síndico del Cabildo y prominente miembro del partido "Colombiano" José Leocadio de Llona y Rivera le dio la bienvenida con efusivas frases y pidió la inmediata anexión de Guayaquil a Colombia. Bolívar contestó con palabras duras y pasó por alto a los miembros de la Junta, que se retiraron indignados por las veladas acusaciones de querer dividir a la Patria. Bolívar envió a su Edecán a visitar a Olmedo y le expresó su sentimiento por la falta involuntaria que había cometido al pasar por alto a la Junta, debido a que no conocía a Roca ni a Jimena y estos no llevaban en sus trajes los distintivos especiales que los diferenciase. Había dicho Bolívar! Esta explicación es para Olmedo solamente; en quien respeto su genio y no su empleo. ¡Mayor grosería para los demás!... Y claro, al poco rato, la frase se conoció en la ciudad y obligó a Roca y a Jimena a tomar rumbo hacia Puna, seguidos por Olmedo, que por delicado no pudo dejar partir solos a sus compañeros. Además, Bolívar, acababa de hacer arriar la bandera de Guayaquil que flameaba en el Malecón, en señal de que había anexado la ciudad a Colombia.

Así terminó la Provincia Libre de Guayaquil por obra del genio de Bolívar, la demora de San Martín en llegar a nuestro puerto y las frases del Procurador Llona, que se salió con las suyas después de todo. Por otra parte Olmedo jamás quizo anexar Guayaquil a ningún estado limítrofe como se le ha querido imputar y siempre pensó en una Provincia libre, fuerte y soberana, capaz de abastecerse a sí misma sin necesidad de sus vecinos.

EL CANTO A JUNIN Y EXALTACION DE AMBOS
En 1823 el Perú designó a Olmedo Diputado por el Departamento de Puno y como tal firmó la primera Constitución peruana, de donde viene el equívoco de creerlo nacionalizado, lo que es falso.

Poco después viajó como delegado del Perú a Quito, a fin de entrevistarse con Bolívar y pedirle auxilios para continuar la campaña libertadora en el sur. Con este motivo ambos se abrazaron y olvidaron antiguas rencillas y para rubricar esta nueva amistad, cuando triunfó en las llanuras de Junín, Olmedo sintió que su dormida musa despertaba a los sones épicos de la batalla y compuso su célebre "Canto a Bolívar, La Victoria de Junín" que ha unido sus nombres para la eternidad.

Este Canto épico, quizá el más grande que se ha escrito en América por la perfección y belleza literaria de sus imágenes, enlaza las batallas cumbres de Junín y Ayacucho mediante la aparición del Inca, Huayna Capac, arbitrio que según Andrés Bello fue felizmente logrado y con habilidad consumada, pues, con esa ficción, se logra la unidad de la obra, a pesar de que trata de dos acontecimientos militares distintos.

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