DEMONIOS
DE NUESTRO FOLKLORE
Cuando en las oscuras noches de nuestro litoral algún
cristiano oye un silbido ululante, siente que los
nervios se le crispan y pronuncia entre aterrado y
confuso: "El Tin - Tin"; nombre mágico
y poderoso que recuerda la figura traviesa de un enanito
cabezón, gnomo encantado de los bosques, cuya
particularidad consiste en atraer a las mujeres pelonas
y cejonas y envolverlas en una especie de trance hipnótico,
secuestrándolas hasta lo más profundo
de las arboledas, en donde abusa carnalmente de ellas.
El hijo que nace de esta unión es con el correr
de los años un verdadero diablo con las mujeres,
a las que enredará con mil artimañas,
así como su padre el Tin - Tin supo atraer
a su progenitora.
Esa es, en síntesis, la cándida historia
que conocemos y que cualquier montubio y cholo costeño
cree a pie juntillas, sin dudar de su autenticidad.
El Tin - Tin es en nuestro folklor una figura casi
familiar, y tan antigua como nuestra historia; sus
orígenes más remotos se proyectan desde
mucho antes de la conquista, cuando existía
en la isla Puna una elevada cultura, enemiga irreconciliable
de los tumbencinos a los que combatía incansablemente.
EL TIN - TIN
Por una ley histórica los dioses de
las religiones vencidas pasan a ser demonios en las
religiones vencedoras y por este motivo, cuando los
sacerdotes españoles iniciaron la aculturización
de los indios ecuatorianos, sometiéndolo al
régimen de las Encomiendas para explotarlos
y enseñarles los rudimentos de la civilización
europea, tuvieron mucho cuidado en hacerles olvidar
sus antiguas divinidades, llegando a extremos como
el de quemar sus quipos, destruir los templos y castigar
duramente a quienes seguían adorando ídolos.
Uno de los más considerados por los naturales
de Puna era el murciélago noctámbulo
llamado TIN (que en lengua china significa DIOS) que
tenía por costumbre seducir mujeres casadas
de la tribu, cuando estaban dormidas, entregándoles
el don de la fecundidad. Tin - Tin, significa Dios
de dioses o el Dios Mayor de todos los demás,
por ser el de la procreación.
Para los crédulos naturales, esa simple explicación
solucionaba el complicado problema de la concepción
de un ser humano y nadie dudaba que TIN fuera el responsable
de cada nacimiento. Había que invocarlo con
ceremonias y ritos especiales hoy olvidados, para
que el matrimonio fuera premiado por el dios con numerosas
visitas y otros tantos hijos.
No nos debe sorprender en lo absoluto que estas gentes
hayan imaginado que el Murciélago, que lo representaban
muy estilizado en sus cuentas de adorno con figuras
zoomorfas, fuese el espíritu de vida nueva
en la tribu; porque los europeos recién a principios
de este siglo – con la ayuda del microscopio
electrónico - pudieron descubrir el complicado
mecanismo de la concepción, que se efectúa
en el interior del cuerpo de la madre luego de la
unión con el sexo opuesto.
Para los Punáes, que poco conocían de
anatomía y de algo tan complejo como la existencia
del óvulo y el espermatozoide y su imprescindible
papel en la concepción, el hecho de que una
pareja tuviera intimidad , no estaba relacionado con
el fenómeno consecuente, es decir, con el nuevo
ser. Esos dos momentos en la vida matrimonial de una
pareja no estaban entrelazados íntimamente
dentro de la simple imagen de la vida que poseían
nuestros aborígenes. Ellos creían que
una cosa era tener relaciones y otra muy distinta
la visita del dios Murciélago, que traía
aparejado un nuevo ser al que se denominaba hijo de
la pareja, pero que en realidad era de la divinidad:
del TIN, origen y continuación de la especie.
DE DIOS A DEMONIO POR
CULPA DE ESPAÑA
En Puna el dios Tin era sumamente popular
y no podía ser de otra manera, a todos nos
agrada tener hijos que nos atiendan en nuestra vejez;
además era un mandato social proporcionar a
la tribu nuevos miembros que la robustezcan haciéndola
crecer. Por eso el dios - Murciélago era bienvenido
en todos los hogares y nadie se resistía a
su visita ni se consideraba signo de vergüenza
que las mujeres, en sueños siempre, fueran
poseídas por tan peregrina criatura, mamífero
nocturno que aparece a la caída del Sol y vuela
con sorprendente agilidad, silbando al pasar por los
aires debido al continuado aleteo con que se impulsa.
En la conquista las cosas empezaron a cambiar para
el pobre Tin, tan querido antaño y empezado
a ser odiado hogaño, por representar un falso
concepto de la vida, tan opuesto al que se importó
de la península ibérica y que enseña
que los hijos son un don preciado de Dios, pero no
del dios TIN de Puna sino del Dios de la Trinidad
cristiana. Había que exterminar al Tin indígena
y así se hizo, primero con paciente labor y
luego violentamente.
Su figura desapareció de los altares cuando
éstos fueron destruidos, mas su recuerdo siguió
gravitando en los naturales y se ha transmitido de
generación en generación a través
de cuatro siglos, no como Dios sino como Demonio.
(1).
Por estas razones, queridas lectoras pelonas y cejonas,
la próxima vez que vayan ustedes al campo y
oigan un silbido ululante, no se asusten, que ya saben
que no existe el Tin - Tin, viejo Dios — murciélago
convertido en enanito cabezón y endemoniado.
Pero no se fíen mucho del silbo porque de todas
maneras pueden salir embarazadas si se dejan seducir
por la melodía, pues detrás de ella
puede estar acechando un pícaro cholo o montubio
de nuestro litoral.
LA VIUDA DEL TAMARINDO
Esta segunda figura del folklor de la Costa
es tan interesante como el Tin - Tin; la viuda es
oriunda de la región que produce la sal prieta
y los tamarindos que pertenecían a la corona
española por estar situados en terrenos realengos.
Ya habrán adivinado que ella es manabita.
La viuda del Tamarindo, según dicen, es una
bella mujer elegantemente vestida, que camina rápidamente
y sale de improviso delante de algún nocturno
parrandero que ilusionado la sigue y tiene que caminar
largos trechos detrás de ella, hasta que cansado
por el ejercicio, habla y rompe el encantamiento,
haciendo que la Viuda se dé vuelta y enseñe
la horrible y fantasmagórica presencia de una
calavera envuelta en ropas femeninas. Indudablemente
esto ocasiona el desmayo de la víctima que
rueda sin sentido y no podría ser de otra manera,
la historia siempre termina con el triunfo de la viuda
que asusta al candidato por ella escogido.
Esta historia se repite siempre con iguales resultados,
nadie ha podido darle alcance y ver su cara. Únicamente
se la contempla cuando se transforma en horrible calavera.
¡Que susto! ¡De la Viuda del Tamarindo,
líbrame Señor!.
(1) En la costa, propiamente en la península
de Santa Elena y en la isla Puná, se cree que
el Tin Tin es un enanito cabezón con un gran
sombrero y que casi arrastra el miembro viril por
el suelo: También se habla ahora de la Tintina,
su mujer, que adopta figura de animal para perder
a los cristianos, sobretodo, si son niños.
Esta Tintina viene a hacer lo mismo que la Tunda esmeraldeña.
Diógenes Fernández Borrero me ha referido
que cuando nacían niños contrahechos,
peludos y con dientes los ahorcaban con sus manos
y luego los colgaban con soga de un cactus, al pie
del cementerio, para que se los coman los gallinazos;
pues como hijos de Tin tin, no podían ser enterrados
entre cristianos. A estos niños los llamaban
“Congelios”. Igualmente me han referido
que Chanduy y en el Morro los naturales viejos hablaban
el idioma Huancavilca, vernáculo de esa región
hasta principios de siglo, según recuerdan
todavía algunos de los vecinos, pero que por
1.920 murieron los dos últimos que conocían
esa lengua Huancavilca milenaria, hoy perdida irremediablemente.
Que era de oírlos cuando se encontraban en
la plaza principal de Chanduy, pues solo se entendían
entre ellos.
Lo raro del caso es que la viuda sólo aparece
en las cercanías de algún añoso
y opaco tamarindo, frondoso árbol que crece
profusamente en Manabí y carga un fruto de
cascara muy fina que encierra una pulpa sedosa color
marrón y de sabor amargo, que hervida en agua
y mezclada con azúcar produce una sabrosísima
bebida de propiedades purgantes que se consume con
agrado en el Ecuador.
Esta relación de Viuda y Tamarindo constituye
la clave del problema. Pues como los templos se construían
en los altos de los cerros, casi siempre cerca había
un tamarindo. Al destruirse los templos quedaron únicamente
las bases de piedra, llamadas corrales. Los indios
unieron entonces el recuerdo de su divinidad al tamarindo
cercano y así nació la leyenda de una
antigua dama española que asesinó a
su marido y sale por las noches a encontrar el cadáver
y seguirá saliendo hasta la consumación
de los tiempos.
Los tamarindos proliferan entre 600 y 2.000 metros
de altura en zonas semitropicales que abundan en Manabí,
especialmente en algunas elevaciones como Cerro de
Hojas, Montecristi, etc., justamente donde en tiempos
precoloniales los indígenas Huancavilcas tenían
sus principales centros y templos de adoración
a sus divinidades. Esto explica la enorme cantidad
de cerámica y tiestos hallados en aquellas
elevaciones.
Llegados los sacerdotes españoles a Manabí
y prohibida la adoración de los antiguos dioses,
los indios siguieron manteniendo en secreto sus creencias.
Entre sus ídolos tenía lugar privilegiado
la diosa umiña o de la fertilidad, representada
con cuerpo femenino que originó la leyenda
de la Viuda del Tamarindo. Así pues, parrandero
lector, nada de miedo a la viuda, que no existe más
que en la imaginación de nuestros cholos y
montubios, solamente es la antigua diosa de la fertilidad
transformada en demonio para asustar únicamente
a los blancos, que son los que viven en las ciudades.
LA DIOSA UMIÑA
Los Manta tenían un adoratorio
frente al mar muy concurrido por indios de todos los
contornos, siendo su máximo ídolo femenino,
símbolo de la fertilidad y de la tierra, "la
Diosa Umiña".
"Umiña" era una estatua con un gran
esmeralda en la frente, gema que fue arrancada por
algún codicioso soldado de las huestes de Pedro
de Alvarado en 1534. La piedra corrió varias
aventuras siempre cambiando de propietario, hasta
que la remitieron a Carlos V, a la sazón en
Viena, donde permaneció hasta el siglo XIX
formando parte de un lote muy valioso de joyas. Con
posteriormente se ha perdido la pista. ¿Aparecerá
esta esmeralda algún día? .posiblemente
era de las minas de Muzo en la actual Colombia.
Umiña, la Viuda y la Tunda parecen una sola
deidad, primero conocida como protectora de cosechas
y luego transformada en demonio femenino.
LA TUNDA PATA DE MOLINILLO
En Esmeraldas la antigua Diosa de la Fertilidad
se representaba con otra forma y así nació
"la Tunda", demonio femenino de origen mixto,
indio y africano.
La Tunda es multifacética y adopta diversas
formas según los casos, su especialidad consiste
en raptar niños y con ese fin cambia continuamente
su figura, de una tranquila señora, normal
y corriente, excepto que tiene el pie derecho en forma
de molinillo, quizá en recuerdo a la clásica
figura del demonio cristiano con patas de macho cabrío.
¿Quién sabe?.
Entre sus costumbres hay una muy curiosa. Es aficionada
a los camarones que recoge de los esteros, los cocina
en el interior de su cuerpo y los da a los niños
que rapta. Para atontarlos, les quita la voluntad
sofocándolos con gases de su organismo que
huelen a cobre. La Tunda es una caldera con fuego
interior, gases asfixiantes y todo lo demás.
Cuánto nos recuerda a la madre tierra o Diosa
de la Fertilidad con sus emanaciones volcánicas
que huelen a cobre, mineral noble para los indios,
que lo sabían utilizar en diversas aleaciones,
en la confección de joyas y demás utensilios,
LECTURA DE UN CURIOSO
CASO
En "Juyungo" se cuenta que
un muchachito esmeraldeño fue enviado a eso
de las cinco de la tarde, hora de la oración,
a recoger unas cuantas gallinas que andaban desperdigadas
por los contornos. De pronto una linda pollona blanca
atrajo la atención del chicuelo "Cho,
cho, jurón, jurón", gritaba, corriendo
detrás de ella, pero la polla era experta y
lo fue tirando al monte; cuando quizo regresar, ya
era tarde, estaba perdido. Era la Tunda que se había
convertido en polla.
Pero la Tunda teme a los perros y el solo ladrido
de uno de ellos la hace desaparecer; por eso, los
parientes de la víctima corrieron por los montes
con una verdadera jauría hasta encontrarlo
al tercer día casi muerto de susto e indigesto
de tanto camarón. ¡Qué mala es
la Tunda!
EN DONDE ENTRA PATICA
Y CUCO
En Esmeraldas, algún erudito
en Sagradas Escrituras, queriendo explicar la existencia
de la tunda ser tan raro y peregrino, propio únicamente
de esa provincia, se remontó hasta la Biblia,
llegando a la conclusión siguiente, que por
pretenciosa la expongo, júzguela el lector:
La Tunda fue uno de los ángeles preferidos
del Señor, pero se rebeló contra él
juntamente con Luzbel y fue castigada por el resto
de los siglos a morar en la tierra y en Esmeraldas
para colmos. Siglos después Adán y Eva,
nuestros santos padres progenitores, sufrieron el
mismo castigo, pero se quedaron en el viejo mundo,
sin que se conozca que hubieran venido a esta provincia
costeña del Ecuador.
También se dice que la Tunda casó con
el Patica, demonio de la mitología africana
traído por los negros que poblaron Esmeraldas
y de este siniestro enlace nació un solo hijo
llamado Cuco, que resultó feísimo y
pasó a morar en las profundidades del infierno
con su papá. Estas consejas se creen a piejuntillas
en Esmeraldas, tierra habitada en gran parte por descendientes
de los negros que naufragaron en sus costas.
"Cuco" o "Coco" llama el muchacho
y siempre vive solo porque nadie lo quiere de puro
feo que es, siendo su mayor placer el presentarse
a jugar con la gente menuda, porque es muy travieso
y juguetón, lo que casi siempre ocurre cuando
se le llama o invoca por su nombre; entonces se presenta
con buenas intenciones causando el consabido susto
de los presentes. Los niños gritan: "El
Cuco" y no queda uno sólo y "Cuco"
debe regresar a su casa en espera de otra llamada.
En Ecuador muchas madres acostumbran invocarle cuando
sus niños no quieren tomar la sopa y por eso
también se le conoce como "el asusta niños".
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