TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


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DEMONIOS DE NUESTRO FOLKLORE
Cuando en las oscuras noches de nuestro litoral algún cristiano oye un silbido ululante, siente que los nervios se le crispan y pronuncia entre aterrado y confuso: "El Tin - Tin"; nombre mágico y poderoso que recuerda la figura traviesa de un enanito cabezón, gnomo encantado de los bosques, cuya particularidad consiste en atraer a las mujeres pelonas y cejonas y envolverlas en una especie de trance hipnótico, secuestrándolas hasta lo más profundo de las arboledas, en donde abusa carnalmente de ellas. El hijo que nace de esta unión es con el correr de los años un verdadero diablo con las mujeres, a las que enredará con mil artimañas, así como su padre el Tin - Tin supo atraer a su progenitora.

Esa es, en síntesis, la cándida historia que conocemos y que cualquier montubio y cholo costeño cree a pie juntillas, sin dudar de su autenticidad. El Tin - Tin es en nuestro folklor una figura casi familiar, y tan antigua como nuestra historia; sus orígenes más remotos se proyectan desde mucho antes de la conquista, cuando existía en la isla Puna una elevada cultura, enemiga irreconciliable de los tumbencinos a los que combatía incansablemente.

EL TIN - TIN
Por una ley histórica los dioses de las religiones vencidas pasan a ser demonios en las religiones vencedoras y por este motivo, cuando los sacerdotes españoles iniciaron la aculturización de los indios ecuatorianos, sometiéndolo al régimen de las Encomiendas para explotarlos y enseñarles los rudimentos de la civilización europea, tuvieron mucho cuidado en hacerles olvidar sus antiguas divinidades, llegando a extremos como el de quemar sus quipos, destruir los templos y castigar duramente a quienes seguían adorando ídolos. Uno de los más considerados por los naturales de Puna era el murciélago noctámbulo llamado TIN (que en lengua china significa DIOS) que tenía por costumbre seducir mujeres casadas de la tribu, cuando estaban dormidas, entregándoles el don de la fecundidad. Tin - Tin, significa Dios de dioses o el Dios Mayor de todos los demás, por ser el de la procreación.

Para los crédulos naturales, esa simple explicación solucionaba el complicado problema de la concepción de un ser humano y nadie dudaba que TIN fuera el responsable de cada nacimiento. Había que invocarlo con ceremonias y ritos especiales hoy olvidados, para que el matrimonio fuera premiado por el dios con numerosas visitas y otros tantos hijos.

No nos debe sorprender en lo absoluto que estas gentes hayan imaginado que el Murciélago, que lo representaban muy estilizado en sus cuentas de adorno con figuras zoomorfas, fuese el espíritu de vida nueva en la tribu; porque los europeos recién a principios de este siglo – con la ayuda del microscopio electrónico - pudieron descubrir el complicado mecanismo de la concepción, que se efectúa en el interior del cuerpo de la madre luego de la unión con el sexo opuesto.

Para los Punáes, que poco conocían de anatomía y de algo tan complejo como la existencia del óvulo y el espermatozoide y su imprescindible papel en la concepción, el hecho de que una pareja tuviera intimidad , no estaba relacionado con el fenómeno consecuente, es decir, con el nuevo ser. Esos dos momentos en la vida matrimonial de una pareja no estaban entrelazados íntimamente dentro de la simple imagen de la vida que poseían nuestros aborígenes. Ellos creían que una cosa era tener relaciones y otra muy distinta la visita del dios Murciélago, que traía aparejado un nuevo ser al que se denominaba hijo de la pareja, pero que en realidad era de la divinidad: del TIN, origen y continuación de la especie.

DE DIOS A DEMONIO POR CULPA DE ESPAÑA
En Puna el dios Tin era sumamente popular y no podía ser de otra manera, a todos nos agrada tener hijos que nos atiendan en nuestra vejez; además era un mandato social proporcionar a la tribu nuevos miembros que la robustezcan haciéndola crecer. Por eso el dios - Murciélago era bienvenido en todos los hogares y nadie se resistía a su visita ni se consideraba signo de vergüenza que las mujeres, en sueños siempre, fueran poseídas por tan peregrina criatura, mamífero nocturno que aparece a la caída del Sol y vuela con sorprendente agilidad, silbando al pasar por los aires debido al continuado aleteo con que se impulsa.

En la conquista las cosas empezaron a cambiar para el pobre Tin, tan querido antaño y empezado a ser odiado hogaño, por representar un falso concepto de la vida, tan opuesto al que se importó de la península ibérica y que enseña que los hijos son un don preciado de Dios, pero no del dios TIN de Puna sino del Dios de la Trinidad cristiana. Había que exterminar al Tin indígena y así se hizo, primero con paciente labor y luego violentamente.

Su figura desapareció de los altares cuando éstos fueron destruidos, mas su recuerdo siguió gravitando en los naturales y se ha transmitido de generación en generación a través de cuatro siglos, no como Dios sino como Demonio. (1).

Por estas razones, queridas lectoras pelonas y cejonas, la próxima vez que vayan ustedes al campo y oigan un silbido ululante, no se asusten, que ya saben que no existe el Tin - Tin, viejo Dios — murciélago convertido en enanito cabezón y endemoniado. Pero no se fíen mucho del silbo porque de todas maneras pueden salir embarazadas si se dejan seducir por la melodía, pues detrás de ella puede estar acechando un pícaro cholo o montubio de nuestro litoral.

LA VIUDA DEL TAMARINDO
Esta segunda figura del folklor de la Costa es tan interesante como el Tin - Tin; la viuda es oriunda de la región que produce la sal prieta y los tamarindos que pertenecían a la corona española por estar situados en terrenos realengos. Ya habrán adivinado que ella es manabita.

La viuda del Tamarindo, según dicen, es una bella mujer elegantemente vestida, que camina rápidamente y sale de improviso delante de algún nocturno parrandero que ilusionado la sigue y tiene que caminar largos trechos detrás de ella, hasta que cansado por el ejercicio, habla y rompe el encantamiento, haciendo que la Viuda se dé vuelta y enseñe la horrible y fantasmagórica presencia de una calavera envuelta en ropas femeninas. Indudablemente esto ocasiona el desmayo de la víctima que rueda sin sentido y no podría ser de otra manera, la historia siempre termina con el triunfo de la viuda que asusta al candidato por ella escogido.

Esta historia se repite siempre con iguales resultados, nadie ha podido darle alcance y ver su cara. Únicamente se la contempla cuando se transforma en horrible calavera. ¡Que susto! ¡De la Viuda del Tamarindo, líbrame Señor!.

(1) En la costa, propiamente en la península de Santa Elena y en la isla Puná, se cree que el Tin Tin es un enanito cabezón con un gran sombrero y que casi arrastra el miembro viril por el suelo: También se habla ahora de la Tintina, su mujer, que adopta figura de animal para perder a los cristianos, sobretodo, si son niños. Esta Tintina viene a hacer lo mismo que la Tunda esmeraldeña. Diógenes Fernández Borrero me ha referido que cuando nacían niños contrahechos, peludos y con dientes los ahorcaban con sus manos y luego los colgaban con soga de un cactus, al pie del cementerio, para que se los coman los gallinazos; pues como hijos de Tin tin, no podían ser enterrados entre cristianos. A estos niños los llamaban “Congelios”. Igualmente me han referido que Chanduy y en el Morro los naturales viejos hablaban el idioma Huancavilca, vernáculo de esa región hasta principios de siglo, según recuerdan todavía algunos de los vecinos, pero que por 1.920 murieron los dos últimos que conocían esa lengua Huancavilca milenaria, hoy perdida irremediablemente. Que era de oírlos cuando se encontraban en la plaza principal de Chanduy, pues solo se entendían entre ellos.
Lo raro del caso es que la viuda sólo aparece en las cercanías de algún añoso y opaco tamarindo, frondoso árbol que crece profusamente en Manabí y carga un fruto de cascara muy fina que encierra una pulpa sedosa color marrón y de sabor amargo, que hervida en agua y mezclada con azúcar produce una sabrosísima bebida de propiedades purgantes que se consume con agrado en el Ecuador.

Esta relación de Viuda y Tamarindo constituye la clave del problema. Pues como los templos se construían en los altos de los cerros, casi siempre cerca había un tamarindo. Al destruirse los templos quedaron únicamente las bases de piedra, llamadas corrales. Los indios unieron entonces el recuerdo de su divinidad al tamarindo cercano y así nació la leyenda de una antigua dama española que asesinó a su marido y sale por las noches a encontrar el cadáver y seguirá saliendo hasta la consumación de los tiempos.

Los tamarindos proliferan entre 600 y 2.000 metros de altura en zonas semitropicales que abundan en Manabí, especialmente en algunas elevaciones como Cerro de Hojas, Montecristi, etc., justamente donde en tiempos precoloniales los indígenas Huancavilcas tenían sus principales centros y templos de adoración a sus divinidades. Esto explica la enorme cantidad de cerámica y tiestos hallados en aquellas elevaciones.

Llegados los sacerdotes españoles a Manabí y prohibida la adoración de los antiguos dioses, los indios siguieron manteniendo en secreto sus creencias. Entre sus ídolos tenía lugar privilegiado la diosa umiña o de la fertilidad, representada con cuerpo femenino que originó la leyenda de la Viuda del Tamarindo. Así pues, parrandero lector, nada de miedo a la viuda, que no existe más que en la imaginación de nuestros cholos y montubios, solamente es la antigua diosa de la fertilidad transformada en demonio para asustar únicamente a los blancos, que son los que viven en las ciudades.

LA DIOSA UMIÑA
Los Manta tenían un adoratorio frente al mar muy concurrido por indios de todos los contornos, siendo su máximo ídolo femenino, símbolo de la fertilidad y de la tierra, "la Diosa Umiña".

"Umiña" era una estatua con un gran esmeralda en la frente, gema que fue arrancada por algún codicioso soldado de las huestes de Pedro de Alvarado en 1534. La piedra corrió varias aventuras siempre cambiando de propietario, hasta que la remitieron a Carlos V, a la sazón en Viena, donde permaneció hasta el siglo XIX formando parte de un lote muy valioso de joyas. Con posteriormente se ha perdido la pista. ¿Aparecerá esta esmeralda algún día? .posiblemente era de las minas de Muzo en la actual Colombia.

Umiña, la Viuda y la Tunda parecen una sola deidad, primero conocida como protectora de cosechas y luego transformada en demonio femenino.

LA TUNDA PATA DE MOLINILLO
En Esmeraldas la antigua Diosa de la Fertilidad se representaba con otra forma y así nació "la Tunda", demonio femenino de origen mixto, indio y africano.

La Tunda es multifacética y adopta diversas formas según los casos, su especialidad consiste en raptar niños y con ese fin cambia continuamente su figura, de una tranquila señora, normal y corriente, excepto que tiene el pie derecho en forma de molinillo, quizá en recuerdo a la clásica figura del demonio cristiano con patas de macho cabrío. ¿Quién sabe?.

Entre sus costumbres hay una muy curiosa. Es aficionada a los camarones que recoge de los esteros, los cocina en el interior de su cuerpo y los da a los niños que rapta. Para atontarlos, les quita la voluntad sofocándolos con gases de su organismo que huelen a cobre. La Tunda es una caldera con fuego interior, gases asfixiantes y todo lo demás. Cuánto nos recuerda a la madre tierra o Diosa de la Fertilidad con sus emanaciones volcánicas que huelen a cobre, mineral noble para los indios, que lo sabían utilizar en diversas aleaciones, en la confección de joyas y demás utensilios,

LECTURA DE UN CURIOSO CASO
En "Juyungo" se cuenta que un muchachito esmeraldeño fue enviado a eso de las cinco de la tarde, hora de la oración, a recoger unas cuantas gallinas que andaban desperdigadas por los contornos. De pronto una linda pollona blanca atrajo la atención del chicuelo "Cho, cho, jurón, jurón", gritaba, corriendo detrás de ella, pero la polla era experta y lo fue tirando al monte; cuando quizo regresar, ya era tarde, estaba perdido. Era la Tunda que se había convertido en polla.

Pero la Tunda teme a los perros y el solo ladrido de uno de ellos la hace desaparecer; por eso, los parientes de la víctima corrieron por los montes con una verdadera jauría hasta encontrarlo al tercer día casi muerto de susto e indigesto de tanto camarón. ¡Qué mala es la Tunda!

EN DONDE ENTRA PATICA Y CUCO
En Esmeraldas, algún erudito en Sagradas Escrituras, queriendo explicar la existencia de la tunda ser tan raro y peregrino, propio únicamente de esa provincia, se remontó hasta la Biblia, llegando a la conclusión siguiente, que por pretenciosa la expongo, júzguela el lector: La Tunda fue uno de los ángeles preferidos del Señor, pero se rebeló contra él juntamente con Luzbel y fue castigada por el resto de los siglos a morar en la tierra y en Esmeraldas para colmos. Siglos después Adán y Eva, nuestros santos padres progenitores, sufrieron el mismo castigo, pero se quedaron en el viejo mundo, sin que se conozca que hubieran venido a esta provincia costeña del Ecuador.

También se dice que la Tunda casó con el Patica, demonio de la mitología africana traído por los negros que poblaron Esmeraldas y de este siniestro enlace nació un solo hijo llamado Cuco, que resultó feísimo y pasó a morar en las profundidades del infierno con su papá. Estas consejas se creen a piejuntillas en Esmeraldas, tierra habitada en gran parte por descendientes de los negros que naufragaron en sus costas.

"Cuco" o "Coco" llama el muchacho y siempre vive solo porque nadie lo quiere de puro feo que es, siendo su mayor placer el presentarse a jugar con la gente menuda, porque es muy travieso y juguetón, lo que casi siempre ocurre cuando se le llama o invoca por su nombre; entonces se presenta con buenas intenciones causando el consabido susto de los presentes. Los niños gritan: "El Cuco" y no queda uno sólo y "Cuco" debe regresar a su casa en espera de otra llamada. En Ecuador muchas madres acostumbran invocarle cuando sus niños no quieren tomar la sopa y por eso también se le conoce como "el asusta niños".

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