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LA RELACION
DE JUAN Y DE ULLOA
En el siglo XVIII los marinos españoles
Jorge Juan y Antonio de Ulloa acompañaron a
los físicos franceses en las mediciones realizadas
en Quito para establecer un arco del cuadrante del
meridiano terrestre y compararlo con otro medido en
las regiones polares, a fin de conocer exactamente
cuales eran las dimensiones del globo. Juan y Ulloa
eran dos apuestos marinos españoles, cultos,
distinguidos y vivieron en los territorios de la Audiencia
algunos años. En 1748 y por expresa orden del
Rey, escribieron la monumental obra "Relación
histórica del viaje a la América Meridional"
y trataron a Guayaquil en el Tomo I, Libro VI, Capítulo
III al X.
De Guayaquil les sorprendió que la ciudad era
"demasiado larga, pues contaba con media legua
de casitas diseminadas frente al río para que
sus propietarios gozaran de las frescas brisas del
malecón contemplando el espectáculo,
que nunca era igual, porque las aguas subían
y bajaban portando balsas y otras embarcaciones de
vela que aprovisionaban al vecindario con frutos de
los pueblos comarcanos." A nadie se le ocurría
construir para atrás y solo existían
dos calles, la de la ría y la interior (Hoy
Panamá) Las casas eran de madera y caña
y tenían techos de hojas de gamalote y bijao
en Ciudavieja, pero las de Ciudanueva se guarnecían
con tejas para precaver los incendios. En Ciudavieja
por existir un suelo más duro, habían
varias casas de adobe y piedra tenidas por seguras,
firmes y de gran lujo. Se contaba que muchos de los
incendios ocurridos en Guayaquil habían sido
provocados por esclavos del vecindario, en venganza
por los maltratos que recibían de sus dueños".
"Las casas eran grandes, hermosas y de madera
incorruptible y algunas duraban un siglo. Tenían
la planta baja destinadas a almacenes y bodegas, la
alta eran para vivienda de sus dueños y los
entresuelos para alquilar a forasteros de paso mientras
vendían sus mercaderías. Para precaverse
del fuego los ingeniosos moradores utilizaban un método
práctico, alejando los sitios destinados para
las cocinas a como doce o quince pasos, con comunicación
por un puentecito techado que se cortaba a hachazos
apenas comenzaban los incendios, de tal suerte que
se salvaba el resto de la propiedad."
"El suelo de Ciudavieja estaba empedrado en parte
y era resistente a las inclemencias del invierno,
transitándoselo con facilidad todo el año.
El de Ciudanueva era de greda muy resbalosa y profunda
que en invierno se anegaba y las gentes tenían
que andar en canoas. Para el mes de Mayo colocaban
grandes troncos de madera en los portales pues las
aguas habían bajado. El clima era menos cálido
que el de Panamá y Cartagena de Indias pero
de todas maneras se sentía mucho calor. Algunos
viajeros llamaban a la zona con el vistoso nombre
de Países bajos equinocciales, en recuerdo
a las tierras bajas de Bélgica y Holanda que
había sido españoles hasta hacía
pocos años, pero esto constituía un
error por no existir semejanza alguna con esas regiones.
Muchos esteros cruzaban los dos barrios y existían
vistosos puentecillos. La gente española en
Guayaquil era blanquísima, fenómeno
que extrañaba a todos por igual pues en la
península son trigueños. Incluso existía
un alto porcentaje de albinos y todos los pequeños
tenían el pelo y las cejas rubias."
Aquí anotamos que Guayaquil fue varias veces
visitada por los piratas que se apoderaron del puerto
y vivieron entre nosotros en días de aventuras,
saqueos y orgías y bien pudieron originar nacimientos
posteriores. Sin embargo antes de Juan y Ulloa, el
Inca Garcilaso en sus "Comentarios Reales"
había manifestado que los guayaquileños
eran rubios y después volverá sobre
el tema Sir Basil Hall, en su obra "Voyage au
Chili au Perout et au Mexique", escrita en 1821
y recién publicada en 1925, cuando en el Tomo
II, Capítulo IX afirma que "las guayaquileñas
son de tez blanquísima, porque están
constantemente en casa a cubierto del sol tropical.
Juan y Ulloa dicen que son blancas porque el suelo
de greda (arcilla) producía vapores calientes
que las blanqueaban.
En cuanto al asunto relacionado con los piratas, aunque
algunos hijos habían dejado por estos contornos
y sobre todo en la Isla Puna que era donde más
paraban, cabe rechazarlo pues su escaso número
y agitada vida no les daba tiempo para mayores devaneos,
aparte de que antes de sus arribos ya Garcilaso se
había fijado en el problema.
Las mujeres guayaquileñas usualmente andan
con polleras ó faldas redondas, acampanadas
y de muchos vuelos. Cuando visitan se las cubren con
un faldellín corto, abierto por delante y cruzado
el uno sobre el otro; Lo adornan con mucha ostentación,
con ribetes y guarniciones de sedas, vuelas o encajes
importados de Europa y fileteados con hilos de oro
y plata. Con tantas arandelas quedan muy vistosas
y así salen a las calles, cubriéndose
la cabeza con un largo manto de seda fría o
de algodón. Otras usan mantillas de bayeta
confeccionadas en los obrajes de la sierra y que terminan
en punta porque son triangulares, adornándolas
con fajas de terciopelo negro y flecos colgantes.
En las orejas ostentan cadenas, perlas, corsarios,
manilas y corales a la usanza panameña. En
la orejas usan unos zarcillos de piedras semipreciosas
con botones de terciopelo rodeados de perlas, que
llaman pollones."
"A la llegada de las lluvias el río se
hincha y suceden furiosos temporales con rayos y truenos
amenazadores. Muchas víboras, culebras, ciempiés,
alacranes, salamanquesas, mosquitos, grillos y ratas
de gran tamaño se introducen en las habitaciones
y no es raro ver que hasta en las camas anden esos
bichos. Entonces se toman las medidas del caso y se
mira primero antes de acostarse porque se han dado
numerosos casos de picaduras de alacranes a incautos
dormilones. El uso de toldos está generalizado,
así como las hamacas y cada cuarto tiene dos
o tres de promedio. Hay muchas personas afectadas
de cataratas y nubes que se producen por los vapores
de la tierra. Otros mueren de vómito prieto
o fiebre amarilla traída por primera vez en
la Armada de Galeones del Sur que visitó Guayaquil
en 1740 procedente de Panamá, donde el mal
era endémico. Hay numerosos casos de fiebres
palúdicas e intestinales y los parásitos
abundan. Cuando pasa el invierno las gentes regresan
y el clima se torna seco y sano pues desde las doce
del día soplan fuertes vientos de Chanduy que
se reciben en el malecón y refrescan."
"Los criollos comen plátanos en vez de
pan por ser más baratos. El río provee
de sabrosos peces, el estero de cangrejos que se aderezan
de distintas maneras y del golfo vienen deliciosos
ostiones y sus conchas son depositadas en el malecón
de la ría para servir de muralla contra las
mareas". A lo único que Juan y Ulloa no
pudieron acostumbrarse fue al continuo uso de un pimiento
muy pequeño que llaman ají, cuyo olor
indica su fuerza. Hay muchas variedades y lo ponen
en todo, impidiendo al viajero paladear los potajes
a gusto porque se abraza la boca; sin embargo, cuando
alguien logra acostumbrarse a su sabor después
de algunas semanas de sufrimientos, las comidas sin
ajíes no sabe a nada."
"En las invitaciones los guayaquileños
son muy ostentosos, pero sirven las comidas de tal
manera que pocos visitantes logran apreciarlas. Primero
brindan un plato de dulce de almíbares de frutas,
luego sigue algo picante como un cebiche y así
alternan, ají y azúcares hasta el final,
a la usanza indígena."
"En cuanto a las bebidas se toma el aguardiente
de uva que llaman pisco de Castilla, así como
numerosas Mistelas con dulces y olores penetrantes.
El vino se bebe poco por caro y los punches de frutas
y licor son deliciosos y aceptados después
de las once de la mañana y al anochecer a las
cinco de la tarde. Los habitantes no se abandonan
al agua."
En nuestra opinión estos punches que probaron
Juan y Ulloa son los lejanos antecesores de las bebidas
refrescante de hoy, de los cocktails y otros menjurjes
solo que en aquellos tiempos se fabricaban con pisco,
unas gotas de algún ácido benigno para
darles mayor sabor y el jugo de las diversas frutas
tropicales producidas en nuestro suelo.
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