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TOMO III
TOMO IV
     


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BRUJOS Y BRUJERIAS
Los sacerdotes de las antiguas religiones indígenas han pasado a la historia con el nombre de Brujos o Hechiceros por sus creencias animistas, tratos con demonios, malos espíritus, y relaciones con los muertos, que invocaban como ayuda para sus curaciones y hechicerías.

Los brujos se pintaban el rostro y cuerpo de achiote, usaban maracas para hacer bulla y alejar a los malos espíritus y utilizaban numerosos objetos para sus hechicerías, tales como pedazos de soga de los ahorcados, dientes de animales, figuras humanas, cabellos, uñas, ajíes, cordeles de lana roja, flores, manteca de oso, pico de tucán, huesos humanos, puñalillos, vestidos, joyas personales, tierra de las pisadas y hasta "agua de las tinieblas."

Este complicado aparato era necesarísimo para conmover a sus auditorios y obtener el fin deseado: sanar o enfermar, según los casos. En este último asunto revelaban profundas dotes psicológicas porque hacían creer a la víctima que efectivamente estaba embrujada y entonces si no se trataban enfermaban y hasta podían morir.

Para curar los brujos aún utilizan frotaciones con orines, saliva mezclada con tabaco y soplidos de aguardiente, tanto en el pecho como en la espalda del paciente, que debe aguantar con santa paciencia, sin descuidarse, porque entonces puede ser víctima de un abuso o por lo menos de un simple manoseo y casos se han dado de que avispados brujos han llegado a cometer crímenes sexuales en sus ignorantes víctimas.

También se conocen otros métodos suigéneris, preventivos de maleficios y brujerías. Los baños de suerte son los más usados y consisten en regar sobre el paciente una olla de agua serenada toda una noche, a la que se le han arrojado varios limones cortados en cruz, luego se hierve con ciertas yerbas fragantes y cuando el agua se entibia, se da el baño, que resulta bastante agradable y hasta deja oloroso por mucho rato. Estos baños de suertes son lo máximo en materia de prevención de cualquier brujería o daño.

En nuestras serranías los brujos dejan encendida una vela en el interior de una cazuela de barro para anunciarse por las noches. Las curaciones son a base de huevos crudos que frotan por el cuerpo del paciente para quitarles el mal de ojo cuando han sido ojeados. Parece que este remedio causa mejoría en cierta clase de fiebres y se han dado casos de infantes de no más de 2 años de edad a los que se les cortó el vómito y la diarrea con pasadas de huevo, que de crudo se cocina y luego hay que romper en un tiesto para examinar los residuos y ver hasta donde había avanzado el maleficio.

Los más renombrados brujos que aún quedan en el Ecuador están en Urcuquí en Imbabura, en Mira en el Carchi, en Santo Domingo en Pichincha y en los Yumbos en Napo — Pastaza.

Los Brujos cuando son finos, es decir, cuando tienen poderes hinópticos o facultades parasicológicas, son muy buscados por gentes incautas que nunca deja de haber y se han dado casos de personas que viajan cientos de kilómetros para consultarlos.

En las marchas procesionales, como los pases del niño que se realizan entre el 24 de diciembre y el miércoles de Ceniza, el brujo o hechicero se representa con el diablo, por ser su principal ayudante y preside el cortejo, saltando y danzando a la antigua usanza y esgrimiendo su largo rabo que utiliza como látigo para dirigir a los restantes disfrazados, que marchan al compás de una banda del pueblo. Hacer el papel de diablo rojo no es mal visto, pero jamás ingresan a la iglesia cuando ocurre la misa y ceremonia de bendición del niño Dios, quedándose en espera de la salida y entonces el disfrazado de diablo vuelve a cobrar importancia como director del cortejo y guía del conjunto.

En el Oriente los brujos o hechiceros aún mantienen sus creencias y poderes y hasta utilizan brebajes alucinantes y fuman yerbas oníricas. La ayahuasca es un potente narcótico que crea visiones horrorosas que los indios toman como contacto con el más allá y tal es el espanto que experimentan, que muchos, al despertar, quedan tan aterrorizados como para no volver a tentar la ayahuasca por el resto de sus vidas. Otros en cambio, como el célebre geógrafo ecuatoriano Manuel Villavicencio, han descrito sus experimentos con lujo de detalles.

En la costa, el mal más expandido es el de ojo, que en los niños se evita con una cinta roja atada a la mano para que el ojeador se distraiga y no lo mire fijamente que es como se pasa la enfermedad. Otro mal generalizado es el de espanto, que puede ser mortal si ataca a los recién nacidos y se presenta con algún susto o impresión y hace que la víctima se seque o chupe a ojos vista. Contra el espanto solo cabe un pase de huevo crudo por el cuerpo, con salivazos y todo lo demás, según me han contado. En Duran existen algunos brujos que curan de esta forma a los espantados y a los ojeados solamente por cien sucres, que no es caro, dada la devaluación que ha experimentado nuestra moneda en los últimos tiempos.