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BRUJOS
Y BRUJERIAS
Los sacerdotes de las antiguas religiones indígenas
han pasado a la historia con el nombre de Brujos o
Hechiceros por sus creencias animistas, tratos con
demonios, malos espíritus, y relaciones con
los muertos, que invocaban como ayuda para sus curaciones
y hechicerías.
Los brujos se pintaban el rostro y cuerpo de achiote,
usaban maracas para hacer bulla y alejar a los malos
espíritus y utilizaban numerosos objetos para
sus hechicerías, tales como pedazos de soga
de los ahorcados, dientes de animales, figuras humanas,
cabellos, uñas, ajíes, cordeles de lana
roja, flores, manteca de oso, pico de tucán,
huesos humanos, puñalillos, vestidos, joyas
personales, tierra de las pisadas y hasta "agua
de las tinieblas."
Este complicado aparato era necesarísimo para
conmover a sus auditorios y obtener el fin deseado:
sanar o enfermar, según los casos. En este
último asunto revelaban profundas dotes psicológicas
porque hacían creer a la víctima que
efectivamente estaba embrujada y entonces si no se
trataban enfermaban y hasta podían morir.
Para curar los brujos aún utilizan frotaciones
con orines, saliva mezclada con tabaco y soplidos
de aguardiente, tanto en el pecho como en la espalda
del paciente, que debe aguantar con santa paciencia,
sin descuidarse, porque entonces puede ser víctima
de un abuso o por lo menos de un simple manoseo y
casos se han dado de que avispados brujos han llegado
a cometer crímenes sexuales en sus ignorantes
víctimas.
También se conocen otros métodos suigéneris,
preventivos de maleficios y brujerías. Los
baños de suerte son los más usados y
consisten en regar sobre el paciente una olla de agua
serenada toda una noche, a la que se le han arrojado
varios limones cortados en cruz, luego se hierve con
ciertas yerbas fragantes y cuando el agua se entibia,
se da el baño, que resulta bastante agradable
y hasta deja oloroso por mucho rato. Estos baños
de suertes son lo máximo en materia de prevención
de cualquier brujería o daño.
En nuestras serranías los brujos dejan encendida
una vela en el interior de una cazuela de barro para
anunciarse por las noches. Las curaciones son a base
de huevos crudos que frotan por el cuerpo del paciente
para quitarles el mal de ojo cuando han sido ojeados.
Parece que este remedio causa mejoría en cierta
clase de fiebres y se han dado casos de infantes de
no más de 2 años de edad a los que se
les cortó el vómito y la diarrea con
pasadas de huevo, que de crudo se cocina y luego hay
que romper en un tiesto para examinar los residuos
y ver hasta donde había avanzado el maleficio.
Los más renombrados brujos que aún quedan
en el Ecuador están en Urcuquí en Imbabura,
en Mira en el Carchi, en Santo Domingo en Pichincha
y en los Yumbos en Napo — Pastaza.
Los Brujos cuando son finos, es decir, cuando tienen
poderes hinópticos o facultades parasicológicas,
son muy buscados por gentes incautas que nunca deja
de haber y se han dado casos de personas que viajan
cientos de kilómetros para consultarlos.
En las marchas procesionales, como los pases del niño
que se realizan entre el 24 de diciembre y el miércoles
de Ceniza, el brujo o hechicero se representa con
el diablo, por ser su principal ayudante y preside
el cortejo, saltando y danzando a la antigua usanza
y esgrimiendo su largo rabo que utiliza como látigo
para dirigir a los restantes disfrazados, que marchan
al compás de una banda del pueblo. Hacer el
papel de diablo rojo no es mal visto, pero jamás
ingresan a la iglesia cuando ocurre la misa y ceremonia
de bendición del niño Dios, quedándose
en espera de la salida y entonces el disfrazado de
diablo vuelve a cobrar importancia como director del
cortejo y guía del conjunto.
En el Oriente los brujos o hechiceros aún mantienen
sus creencias y poderes y hasta utilizan brebajes
alucinantes y fuman yerbas oníricas. La ayahuasca
es un potente narcótico que crea visiones horrorosas
que los indios toman como contacto con el más
allá y tal es el espanto que experimentan,
que muchos, al despertar, quedan tan aterrorizados
como para no volver a tentar la ayahuasca por el resto
de sus vidas. Otros en cambio, como el célebre
geógrafo ecuatoriano Manuel Villavicencio,
han descrito sus experimentos con lujo de detalles.
En la costa, el mal más expandido es el de
ojo, que en los niños se evita con una cinta
roja atada a la mano para que el ojeador se distraiga
y no lo mire fijamente que es como se pasa la enfermedad.
Otro mal generalizado es el de espanto, que puede
ser mortal si ataca a los recién nacidos y
se presenta con algún susto o impresión
y hace que la víctima se seque o chupe a ojos
vista. Contra el espanto solo cabe un pase de huevo
crudo por el cuerpo, con salivazos y todo lo demás,
según me han contado. En Duran existen algunos
brujos que curan de esta forma a los espantados y
a los ojeados solamente por cien sucres, que no es
caro, dada la devaluación que ha experimentado
nuestra moneda en los últimos tiempos.
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