TOMO I
 
 
 TOMO II
TOMO III
TOMO IV
     


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ACHICHARRADOS POR LA INQUISICION
Juanita la Mondonguera y Chica Calabazas fueron un buen par de grandísimas brujas del Guayaquil del siglo XVIII. Sus delitos, viéndolos bien, fueron de aquellos que la ley hoy reprime con penas menores; pero a tanto llegó sus famas, que no solo venían gentes de los pueblos cercanos a "consultarlas" sino también de la Punta (Santa Elena) y hasta de Ojiba (Naranjal).

Juanita se especializaba en cocinar ricos mondongos de día y por las noches leía manos, cartas y adivinaba el porvenir, cobrando por anticipado. Tenia su covacha en la tercera calle de la ría, en esos tiempos el arrabal, mas allá de donde ahora es la calle General Córdova. Vale recordar que esos terrenos eran fangales intransitables hasta que en 1947 los hizo rellenar el doctor Rafael Mendoza Aviles durante su gestión como Alcalde de Guayaquil.

Juanita era de mediana edad, algo regordeta y dizque viuda, aunque nunca mostró la correspondiente partida de matrimonio. Tenía una hija llamada Agustina, moza libre y soltera, pero madre de dos pequeños mulatos que andaban trajinando por esas calles de Dios sin oficio ni beneficio, viviendo de las "consultas" de la abuelita. A todos ellos echo mano la inquisición limeña en 1776 y deportó a Daule, donde siguieron viendo cartas, manos y porvenir hasta que volvieron al puerto en 1779 y allí les perdemos el rastro.

La pena aplicada fue de confinamiento; pero creo que a Juanita, en el largo interrogatorio que se le hizo en la cárcel, le aplicaron el tormento como método para conocer sus tratos con los espíritus. Lo de "mondonguera" le vino de apodo a la pobre porque era experta cocinera y los días sábados, dedicados a la Virgen y a las hayacas, preparaba una gran paila de mondongo, salchichas y tripaje, con gran ilusión de los golosos que no sabían que apreciar más, si las morcillas de Juanita o a la autora del delicioso caldo negro y con sangre.


CHICA CALABAZAS
De Chica Calabazas decían que era hija de un Teniente de Corregidor que hubo en el siglo XVII en el puerto y aunque su fecha de nacimiento no aparece en el expediente mixtureado que se le siguió en 1704, por otras fuentes conocemos que Guayaquil meció su cuna hacia 1.670 aproximadamente.

Era baja y rolliza, algo coloradona y muy traviesa en el juego del amor; el apodo le caía al pelo debido a las muchas calabazas que dio en vida. Su especialidad era invocar a los espíritus y tuvo fama de ser gran médium. La parte graciosa en esta bruja antigua de nuestra ciudad es que se especializaba en llamar a los exreyes de España con los que tenia grandes conversaciones.

Las autoridades la respetaban mucho porque ¿Quién podía asegurar que esas ánimas benditas no influyeran en sus descendientes los Reyes para que cancelaran a aquel que interfiriera en la vida de "Chica Calabazas"?

Pero como todo tiene su fin, la médium fue tomada prisionera, atormentada y confinada a la Isla Puna, donde tuvo que hacer penitencia por algunos meses rezando dos rosarios todos los días, oyendo misa dos o tres veces y en fin, convirtiéndose en católica y nada de espíritus.


EL BRUJO CANGUIL
Canguil era un negro alto y fornido, nieto de esclavos venidos a Panamá y traídos de casualidad a Guayaquil. Por estas circunstancias recordaba las costumbres y el idioma de sus mayores, que eran del centro de África, de la región ribereña.

Canguil era algo poeta: de noche gustaba mirar la luna y soñar con otras regiones y mejores días. Por las mañanas iba al mercado a comprar y conversaba con las placeras de muchos tópicos interesantes. Su amo se llamaba Bernabé Gómez Cornejo y López de la Flor, allá por 1815, época en que Canguil se hizo famoso debido a que en un corralón de la actual calle Colón, conocida entonces como "Del Fango”, montó una destartalada tienda donde atendía la venta de alcohol a los marinos; por las noches echaba cartas, leía el pensamiento y decían palabras que no podían ser entendidas por ningún cristiano; pero esto no lo hacia de continuo sino cuando había bebido su buen litro de anís. Entonces cambiaba por completo y era otro. ¡Había que verlo!.

Las autoridades lo apresaron por faltar el respeto a un rondín que hacia la vigilancia en 1816 después de la invasión "pirática" del Comodoro William Brown. Canguil paso al tormento y confesó no se cuantas majaderías, porque lo interrogaron borracho. Dijo cosas comprometedoras para algunos vecinos, ligándolos con ciertos brotes anárquicos que había al sur y norte del país.

Por todo esto su pena fue la del confinamiento a Portoviejo, donde se enroló en una milicia que vino a Guayaquil en 1821 con motivo de la campaña de Sucre contra la sierra. Nada más se sabe de él.

Y así, a grandes rasgos, hemos visto pasar a dos brujas cocineras y a un negro soñador; tipos guayaquileños de otros días, seres del pasado oscuro y colonial de nuestra ciudad, rescatados del olvido.